miércoles, 20 de noviembre de 2013
Cosas ocultas. Octubre 1902, Concord Massachusetts.
Las discusiones sobre el futuro de Bailey empiezan temprano y ocurren frecuentemente, aunque en este punto frecuentemente se desarrollan con frases repetitivas y silencios tensos.
El culpa a Caroline por empezarlo, aunque el asunto empezó por culpa de su abuela materna. Bailey es mucho mas apegado a su abuela que su hermana, así que le deja la culpa por completo a Caroline, si ella se hubiera rendido el no hubiera tenido que luchar tanto.
Fue una de las exigencias disfrazadas de sugerencias de la abuela, una que parecía lo suficientemente inofensiva, que Caroline fuera a Radcliffe College.
Caroline parecía intrigada por la idea durante el té en el mullido, de tapizado floreado y tranquilo salón en Cambridge de la abuela. Pero cualquier asunto que tuviera tenido desapareció tan pronto estuvieron de regreso en Concord y su padre diera su opinión.
-Absolutamente no.
Caroline acepto esto con a penas un puchero ligero porque probablemente seria mucho trabajo y a ella no le gustaba particularmente la ciudad de todos modos. A de mas Millie estaba comprometida y había una boda que planear, asunto que Caroline encontraba mucho mas interesante que su propia educación. Y eso fue todo.
Entonces llego la respuesta de Cambrige, el decreto de la abuela sobre eso era aceptable, pero Bailey iría a Hardvard, por supuesto. Esta no era una orden disfrazada de nada, esta era una orden pura. Las protestas financieras fueron aplastadas antes de que pudieran ser levantadas por la clara declaración de que su colegiatura seria pagada. Las discusiones empezaron antes de que Bailey pudiera dar su opinión.
- Me gustaría ir.- Dijo cuando hubo una pausa lo suficientemente larga para poder introducir sus palabras.
-Te vas a hacer cargo de la granja. - Fue la respuesta de su padre.
Lo mas sencillo era dejar que el tema cambiara y retomarlo después, especialmente considerando que Bailey aun no tiene diez y seis y hay un periodo de tiempo considerable para que cualquiera de las dos opciones sucediera.
En su lugar, y no esta completamente seguro del por que, mantiene el tema vivo sacándolo a relucir cada vez que le es posible, señalando que siempre podría ir y regresar a la granja ya que de hecho, cuatro años no es un periodo demasiado largo de tiempo.
Estas declaraciones son acompañadas por regaños al principio, pero pronto se convierten en sentencias a gritos y puertas azotadas. Su madre dice tanto de las peleas como puede, pero cuando la presionan concuerda con su esposo, aunque al mismo tiempo cree que debería ser la decisión de Bailey.
Bailey no esta seguro de querer ir a Harvard, le gusta mas la ciudad que a Caroline y le parece la opción que tiene mas misterio y posibilidades. Mientras que la granja solo tiene ovejas, manzanas y es predecible. Ya puede visualizar como va a ser, cada día, cada estación, cuando caerán las manzanas y cuando las ovejas necesitaran ser rasuradas y cuando llegara la nieve. Siempre igual, año tras año.
Menciona algo sobre la interminable repetición a su madre esperando que eso haga una conversación mas mesurada acerca si podrá o no irse, pero ella solo dice que encuentra reconfortante el ciclo natural de la granja, y pregunta si ya ha terminado todos sus deberes.
La invitación al te en Cambridge llega dirigida , ahora, solo a Bailey, dejando a su hermana fuera por completo. Caroline murmura algo sobre no tener tiempo para esas cosas de todos modos y Bailey va solo, agradecido de poder disfrutar el viaje solo sin el constante parloteo de Caroline.
- En realidad no me importa si vas o no a Harvard. - Dice su abuela una tarde, aunque Bailey no lo menciona, generalmente trata de evitar el tema, pensando que sabe perfectamente donde esta. Añade otra cucharada de azúcar a su té y espera a que ella abunde en el tema. -Creo que te da mas oportunidades y es algo que me gustaría que tuvieras, aun si a tus padres no les entusiasma la idea. ¿Sabes por que le permití a mi hija casarse con tu padre?
-No.- Dice Bailey, no es un tema del que se hablara en su presencia, aunque Carlonie le dijo una vez en secreto que escucho que era algo escandaloso. Aun veinte años después, su padre no pone un pie en casa de su abuela, ni ella va nunca a Concord.
-Porque ella iba a huir con èl de todos modos, eso es lo que ella deseaba, no era lo que yo hubiera elegido para ella pero un niño no debería tener sus decisiones dictadas por ellos, te he escuchado leer libros en voz alta a mis gatos, cuando tenias cinco años convertiste una tina de lavado en un barco pirata y lanzaste un ataque contra las hortensias de mi jardín, no trates de convencerme de que elegirías la granja.
- Tengo una responsabilidad. -Dice Bailey repitiendo la palabra que ha empezado a odiar. Su abuela hace un ruido que podría ser una risa o una tos o la combinación de ambas.
- Sigue tus sueños, Bailey, sean Hardvard o algo completamente diferente, no importa lo que ese padre tuyo diga o lo que el podría decir, el olvida que alguna vez el mismo fue el sueño de alguien mas.
Bailey asiente y su abuela se recarga en la silla y se queja de sus vecinos por un rato si mencionar los sueños de su padre otra vez, aunque antes de que Bailey se valla añade:
- No olvides lo que te dije.
-No lo hare. - Le asegura.
El no le dice que solo tiene un sueño y que es tan improbable como una carrera en piratería en el jardín. Pero valientemente continua el debate con su padre de forma regular.
-¿Que no cuenta mi opinión? - pregunta una tarde antes de que la pelea llegue a las puertas azotadas.
- No , no importa.- es la respuesta de su padre.
- Quiza deberías dejar en paz esto , Bailey.- Le dice quedo su madre antes de que su padre abandone la habitación.
Bailey empieza a pasar mucho tiempo fuera de la casa.
La escuela no le ocupan por tanto tiempo como a el le gustaría, al principio trabaja mas, en las partes mas lejanas de los huertos, escogiendo los puntos mas lejanos a donde su padre este. Entonces empieza a tomar largas caminatas por campos, bosques y cementerios. Vaga entre tumbas que pertenecen a filósofos y poetas, autores cuyos libros conoce por la biblioteca de su abuela y hay incontables lapidas marcadas con nombres que no reconoce y muchas mas han sido tan gastadas por el tiempo y el viento que ya son ilegibles, sus dueños olvidados.
Camina sin ningún destino en particular en mente, pero sus caminatas terminan frecuentemente en el mismo roble donde tantas veces se sentó con Caroline y sus amigos. Es mas fácil ahora que es grande y trepa por las ramas mas altas con tranquilidad, tiene suficiente sombra para sentirse solitario pero suficiente luz para leer cuando trae libros, lo cual pronto se convierte en parte de su rutina.
El lee historias y mitología y cuentos de hadas, preguntándose por què parece que solo las mujeres son alejadas de sus mundanas vidas en granjas por caballeros o príncipes o lobos. Le parece muy injusto no tener la misma imaginativa oportunidad el mismo, y no esta en posición de hacer un rescate por si mismo.
Durante las horas que pasa vigilando las ovejas, mientras vagan sin sentido por los campos, desea que alguien venga y se lo lleve, pero los deseos pedidos a las ovejas parecen no funcionar mejor a los que se piden a las estrellas. El mismo se dice que no es tan mala vida, que no hay nada de malo con ser un granjero. Pero el descontento permanece, aun el suelo bajo sus botas se siente insatisfactorio. Así que continua con sus escapadas al árbol.
Para adueñarse de ese árbol, llega a mover aquella vieja caja de madera en la que guarda sus mas preciosas pertenencias de su acostumbrado escondite bajo una tabla floja en el piso bajo su cama a un hueco en el árbol, un hueco sustancioso que no es un hueco propiamente pero que sirve lo suficiente para su propósito. La caja es bastante chica, con deslustradas bisagras y broches. Esta envuelto en un trozo de costal que cuida bastante bien sus contenidos de los elementos y es lo suficientemente seguro para no ser desalojado por las ardillas, aun las mas hábiles.
Sus contenidos incluyen una cabeza de flecha desportillado encontrado en un campo cuando tenia cinco, una piedra con un hoyo justo en el centro que supuestamente es de suerte, una pluma negra, una piedra brillante que su madre dijo que era una especie de cuarzo, una moneda que es su primer dinero para gastar , que nunca gasto, un collar de cuero café que perteneció al perro de la familia que murió cuando Bailey tenia nueve, un solitario guante blanco que se ha puesto gris por estar guardado con rocas por tanto tiempo y muchas hojas dobladas y amarillentas llenas con textos escritos a mano.
Después de que el Circo se fuera, escribió cada detalle que podía recordar sobre el para que no desapareciera de su memoria, las palomitas cubiertas de chocolate, la carpa llena de gente en elevadas plataformas circulares haciendo trucos con brillante fuego blanco, el mágico reloj que se transformaba a un lado de la taquilla, haciendo mucho mas que decir la hora.
Aunque catalogó cada elemento del circo en temblorosos escritos, nunca pudo escribir su encuentro con la niña de pelo rojo, nunca le dijo a nadie sobre ella, el la busco en el circo en sus siguientes visitas a apropiadas horas de la noche pero no fue capaz de encontrarla. El circo se fue, desvaneciéndose tan súbitamente como llego como un efímero sueño. Y no ha regresado. La única prueba que tiene ahora de que esa niña existió y que no era parte de su imaginación, es ese guante.
Pero ya no abre la caja, se queda firmemente cerrada en el árbol. Piensa que quizá debería tirarla, pero no puede forzarse a hacerlo. Quizá la deje en el árbol y permita que la corteza crezca al rededor de ella sellándola en su interior.
*
Es una mañana gris de sábado y Bailey esta levantado antes que el resto de la familia, lo que no es inusual. Hace sus labores tan rápido como le es posible, guarda una manzana en su bolso junto con su libro y se dirige a su árbol. A medio camino piensa que quizá debió llevar una bufanda, pero el día debería ponerse mas caluroso al avanzar. Concentrándose en ese hecho reconfortante, sube a las ramas bajas donde era relejado años atrás , luego a las ramas reservadas para Caroline y sus amigos. Esta es la rama de Milie piensa cuando su pie la toca, una sensación de satisfacción le llega cuando sube mas arriba de la rama de Caroline, aun después de tanto tiempo. Rodeado de hojas que susurran con la briza, Bailey se acomoda en su lugar favorito, sus botas descansan en su casi olvidada caja de tesoros.
Cuando por fin levanta la vista del libro, Bailey esta tan sorprendido por ver las carpas a rayas blancas y negras en el campo que cae del árbol.
-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario