miércoles, 13 de noviembre de 2013

Audición, abril 1886, Londres.



    Hay una reunión sin precedentes de ilusionistas en el lobby del teatro. Una manada de trajes prístinos y pañuelos estratégicamente ubicados, algunos traen baúles y capas, otros jaulas de aves o bastones con bases plateadas, no se hablan entre si mientras esperan a ser llamados, uno a la vez, llamados no por sus nombres ( de nacimiento o artísticos) sino por un número, escrito en un pequeño pedazo de papel que les fue dado al llegar, en vez de platicar, chismorrear o compartir trucos de intercambio, se mueven en sus asientos y ven de manera sospechosa  a la joven.

       Algunos la confunden con una asistente al llegar, pero se sienta esperando con su propio papel con el numero 23.

       No trae baúl ni capa, ni jaulas ni bastón. Lleva un vestido color verde oscuro con una chaqueta de   mangas negras muy esponjadas y de botones, una pila de rizos castaños  prendidos cuidadosamente en su cabeza bajo un diminuto  pero de otra forma común, sombrero de plumas , su cara mantiene un semblante aniñado, por lo largo de sus pestañas y el ligero mohín de sus labios a pesar del hecho de que es muy mayor para ser propiamente llamada niña, pero es difícil adivinar su edad y nadie se atreve a preguntar. Los de mas piensan en ella como la niña, y se refieren a ella así cuando discuten el asunto  después del hecho. Ella no reconoce a ninguno  a pesar de las a penas escondidas miradas y la mirada directa ocasional.


        Uno a uno, cada numero de cada ilusionista es llamado por un hombre con una lista y un cuaderno que los acompaña por una puerta dorada a un lado del lobby y , uno a uno, regresan al lobby y abandonan el teatro. Algunos duran minutos, otros permanecen en el teatro  por algún tiempo, aquellos con números mas altos se mueven en sus asientos impacientes mientras esperan a que el hombre de la libreta reaparesca y amablemente llame al numero de sus respectivos pedazos de papel.


          El ultimo ilusionista en entrar por la puerta dorada ( un tipo grueso con sombrero de copa y una capa brillante) regresa al lobby  mas que rápido y visiblemente agitado, moviéndose indignado por la puerta  de salida y hacia la calle dejando que las puertas del teatro se azoten tras el. El sonido todavía resuena por el lobby cuando el hombre del cuaderno reaparece, asiente de manera distraída  y se aclara la garganta.

         - Numero veintitrés,- dice Marco revisando el numero en su lista.

          Todos los ojos en  la habitación se voltean a la niña que se levanta de su asiento y da un paso a delante.
           Marco la mira aproximarse, confundido al principio pero luego su confusión es remplazada por algo totalmente diferente. Desde el otro lado de la habitación puede decir que es adorable, pero cuando esta lo suficientemente cerca para mirarlo a los ojos, lo adorable, la forma de su cara, el contraste de su cabello contra su piel, evoca algo mas. Ella esta radiante, por un momento, mientras se miran el uno al otro, el no recuerda que es lo que se supone debería estar haciendo o por que le esta entregando un pedazo de papel con el numero veintitrés escrito con su propia letra.


         - Por aquí por favor, - logra decir mientras toma su número y mantiene la puerta abierta  para ella, ella mueve la cabeza ligeramente como agradecimiento  y el lobby zumba de susurros  antes de que la puerta se termine de cerrar tras ellos.


                                                    *

           El teatro es enorme y decorado, con hilera tras hilera de butacas de terciopelo rojo, orquesta, mezzanine y balcón extendiéndose a partir de un escenario  desnudo  en una cascada roja. Esta vacio  excepto por dos personas sentadas aproximadamente a diez hileras del escenario. Chandresh Christophe Lefêvre  se sienta con los pies descansando en la butaca del frente, Mme. Ana Padva se sienta a su derecha sacando un reloj de su bolso  mientras tata de contener un bostezo.

             Marco aparece por un lado del escenario con la joven de vestido verde siguiéndolo de cerca, el señala  para que se ubique en el centro del escenario, incapaz  de quitarle los ojos de encima al anunciarla al teatro casi vacío.


           -Numero veintitrés- dice  antes de descender las pequeñas escaleras de proscenio  y acomodarse en la primera fila con la pluma puesta en su libreta abierta. Mme. Padva  la mira y sonríe regresando su reloj  a su bolso.

           -¿Que es esto?- pregunta Chandresh, sin dirigirse a nadie en particular, la joven no responde.

          - Ella es el numero veintitrés, - Marco respite, revisando sus notas para asegurarse de que sean certeras.

          - Esta audición es para ilusionistas , mi querida niña,- Chandresh dice, muy fuerte,  su voz haciendo eco  en el cavernoso espacio.- Magos, hechiceros, etcétera, no necesitamos de lindas asistentes esta vez.

          - Soy una ilusionista, señor, - dice la joven con voz baja y calma.- Estoy aquí para sus audiciones.

         -Ya veo. - Dice Chandresh con el seño fruncido al mirar a la joven muy despacio de la cabeza a los pies, ella se mantiene inmóvil en el centro del escenario  pacientemente, como si estuviera esperando esa reacción.

       - ¿Hay algún problema con eso? - Pregunta Mme. Padva.

       -No estoy completament seguro de que sea apropiado.- Dice Chandresh mirando a la joven pensativo.


       -¿Después de tanto alabar a la contorsionista?


         Chandresh hace una pausa sin dejar de mirar a la joven en el escenario ,  aunque en comparación es elegante, no pareciera tener nada particularmente inusual.

      - Esto es diferente.- Es lo único que puede decir como respuesta.

     -¿De verdad Chandresh? deberíamos por lo menos dejarla mostrarnos sus habilidades antes de discutir si es apropiado tener una ilusionista.

       -Pero sus mangas son demasiado grandes para esconde cosas.

        En respuesta, la joven desabotona su chaqueta de mangas abultadas y la tira sin ceremonia en el escenario a sus pies, su vestido no tiene mangas ni tirantes, dejando sus hombros y brazos  completamente desnudos excepto por una larga cadena de plata que parece ser un guardapelo , entonces se quita los guantes y los tira a un lado de su chaqueta, Mme. Padva le da a Chandres una mirada mordaz  con un suspiro.

     - Muy bien, adelante. - Chandresh dice haciendo un vago ademán a Marco.

    -Si señor, - dice Marco volviéndose para dirigirse a la joven.- Tenemos  algunas preguntas preliminares antes de la demostración practica, ¿su nombre, señorita?

      -Celia Bowen.

     Marco anota la respuesta en su libreta.

    -¿Su nombre artístico?

   - No tengo nombre artístico, - dice Celia y Marco anota también eso.

   - ¿Ha actuado profesionalmente?

   - Nunca antes había  actuado profesionalmente. - Al decir  esto Chandres se mueve para decir algo pero Mme. Padva lo detiene.

   -¿ Entonces con quien estudio?- Dice Marco.

    - Con mi padre, Héctor Bowen.- Responde Celia, luego de un momento añade.- Aunque quizá es mas conocido como Prospero el hechicero.

     Marco tira su pluma.

    -¿Prospero el hechicero?- Chandresh quita sus pies de la butaca del frente y se inclina  a delante  mirando a Celia como si viera a una persona completamente diferente.

     - ¿Tu padre es Prospero el hechicero?

     - Fue,- corrige- el... falleció el año pasado.

     - Lamento escuchar eso . querida, - dice Mme. Padva, pero, ¿Quien, te suplico me digas, es Prospero el hechicero?

    - Nada mas el mejor ilusionista en generaciones,- dice Chandresh,- solía agendarlo cada vez que podía poner mis manos en el, hace años. Absolutamente brillante, asombraba completamente  a cada audiencia, nunca he visto a nadie que se le compare, nunca.

    -El estaría encantado de escuchar eso, señor. - Celia dice, sus ojos miran brevemente a la ensombrecida  cortina al lado del escenario.

     - Así se lo dije, aunque no lo he visto por años, nos pusimos muy borrachos en un bar hace algunos años y el empezó con algo de empujar los limites de lo que el teatro puede ser, inventar algo mas extraordinario, probablemente el hubiera amado esta empresa,  es una maldita pena.- suspira y sacude la cabeza.- Bueno, empiece entonces.- Dice recargándose otra vez en su asiento  y mirando a Celia con mucho interés.

      Con la pluma en mano Marco regresa a su lista de preguntas.

      -¿E... es capas de presentarse sin estar en un escenario?

      - Si.

      - ¿Sus ilusiones pueden ser vistas desde todos los ángulos?

     Celia sonríe.- Están buscando a alguien que pueda actuar en medio de una multitud?- Le pregunta a Chandresh,  el asiente. - Ya veo.- Dice Celia , entonces tan súbitamente, que parece que no se mueve, toma su chaqueta del suelo y la lanza a los asientos donde, en lugar de caer, se eleva y se dobla a si misma, en un parpadeo los pliegues de seda se convierten en brillantes plumas negras, largas alas se baten y es imposible decir en que momento es completamente un cuervo y no mas ropa,  el cuervo vuela sobre los asientos de terciopelo rojo hacia los balcones donde da curiosos círculos.

     - Impresionante.- Dice Mme. Padva.

     - A menos que lo tuviera oculto en esas gigantescas mangas.- Murmura Chandresh, en el escenario  Celia se acerca a Marco.

        -¿Me prestaría eso por un momento?- Le pide señalando su libreta. El duda antes de dárselo.

       -Gracias,- dice y regresa al centro del escenario.

      A penas mira la lista de preguntas escritas en precisa manuscrita antes de lanzar la libreta en el aire donde se convierte de orilla a orilla en un borrón de  papel volante transformándose en  una paloma blanca moviendo sus alas  y tomando vuelo  en un giro al rededor del teatro. El cuervo grazna  en su lugar desde el balcón.

      -¡HA!- Exclama Chandresh a la expresión de Marco y a la paloma.

       La paloma vuela de regreso a Celia posándose suavemente  en su mano estirada, le acaricia las alas y la vuelve a soltar al aire, se levanta solo unos metros del suelo  sobre sus cabezas  y las alas  son papel otra vez y cae rápidamente , Celia lo atrapa rápidamente con una mano y lo regresa a Marco, cuya complexión es un par de tonos mas pálida.

        -Gracias.- Dice Celia  con una sonrisa, Marco asiente con la cabeza distraídamente  sin verla a los ojos y regresando rápidamente a su rincón.

       -Maravilloso, simplemente maravilloso, - dice Chandresh- esto podría funcionar,  esto definitivamente podría funcionar.- Se levanta de su asiento y  se mueve por el pasillo deteniéndose pensativo en el pozo de la orquesta al pie de las luces del piso.

       - Ahora es el asunto de su vestuario.- Dice Mme. Padva le dice desde su lugar. - Solo había considerado vestidos formales, pero un vestido similar al que trae podría funcionar, supongo.

        - ¿Qué clase de vestuario necesita?- pregunta Celia.

        - Tenemos un esquema de colores  para trabar, querida, o ausencia de el , mas bien, nada mas que blanco y negro, pero en ti un vestido completamente negro parecería un poco funerario.

        - Ya veo.- Dice Celia.

       Mme. Padva se mueve al pasillo donde Chandresh camina, le susurra algo al oído  y el vuelve a consultar con ella quitando los ojos de Celia por un momento, nadie esta mirando a excepción de Marco mientras permanece inmóvil en el escenario esperando pacientemente, muy despacio su vestido empieza a cambiar. 

      Empezando por el cuello y escurriéndose como tinta la seda verde se transforma a algo turbio, luego a negro media noche. Marco jadea , Chandresh y Mme. Padva voltean justo a tiempo para atestiguar como el negro se convierte en blanco como la nieve brillante  en lo bajo de su falda hasta que toda evidencia de que el vestido fuera verde se pierde.

        -Bueno, eso hace mi trabajo mucho mas fácil.- Dice  Mme. Padva aunque no puede ocultar el encanto en sus ojos.- Aunque me parece que quizá el color de tu pelo es demasiado claro. Celia sacude la cabeza y sus rizos se tornan mas oscuros hasta ser tan negros como las alas del cuervo.

        -Maravilloso.- Dice Chandresh casi para si mismo.

       Celia sonríe solamente. Chandresh salta al escenario  subiendo de dos en dos los escalones, e inspecciona  a Celia de todos los ángulos.

        - ¿Puedo? - pregunta antes de  tomar cuidadosamente la tela  de su falda, Celia mueve la cabeza aprobándolo, la seda es innegablemente  blanca y negra, la transición entre ambos de sutiles tonos grises, fibras distintas  en la oleada.

        - ¿Qué le pasó a su padre si no le importa que le pregunte?- pregunta Chandres sin desviar su atención de la tela.

        - No me molesta, uno de sus trucos no salió como lo planeaba.

        -Es una maldita pena,- dice retirándose.- Señorita Bowen, estaría interesada en una, de alguna manera única, oportunidad de trabajo?

         Truena los dedos y Marco  se aproxima con su libreta deteniéndose a unos pasos de Celia, su mirada va de su cabello al vestido y de regreso, deteniéndose considerablemente  en medio. Antes de que pueda responder un graznido  resuena por el teatro y viene del cuervo que sigue posado en el balcón  mirando curioso la escena frente a el.

        - Un momento. - Dice Celia, levanta la mano  en un delicado gesto al cuervo, en respuesta grazna otra vez y extiende sus largas alas tomando vuelo aproximándose al escenario , ganando velocidad al acercarse, desciende rápidamente en picada dirigiéndose directamente a Celia sin titubear o detenerse alcanza el escenario  aproximándose a toda velocidad, Chandres se aleja de un  salto asustado, casi cae sobre Marco cuando el cuervo se estrella  en un remolino de plumas contra Celia.

        Entonces desaparece. Ni una sola pluma queda  y  otra vez Celia esta usando su chaqueta de abultadas mangas bien abotonada sobre su vestido blanco y negro.  En el frente de la orquesta Mme. Padva aplaude, Celia hace una reverencia aprovechando para tomar sus guantes del piso.

       -Es perfecta, - dice Chandresh sacando un cigarro de su bolsillo,- absolutamente perfecta.

       - Si, señor.- dice marco tras él, la libreta en su mano tiembla ligeramente.

                                   *

  Los ilusionistas en el lobby protestan  cuando se les agradece su tiempo y amablemente se les despide.





 

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