jueves, 28 de noviembre de 2013
Oniromancia, Octubre , 1902, Concord, Massachusetts.
Bailey pasa el día entero queriendo que el sol se ponga, pero lo desafía y sigue su paso normal por el cielo, un paso en el que Bailey jamás había pensado antes, pero hoy lo encuentra dolorosamente lento, casi desea que hoy fuera día de escuela, así tendría algo que le ayudara a pasar las horas, se pregunta si debería tomar una siesta, pero esta demasiado emocionado por la sorpresiva aparición del circo como para que pudiera dormir.
La cena pasa de la misma manera que ha sido por meses, se alarga el silencio y se rompe por su madre que intenta una conversación educada y los ocasionales suspiros de Caroline. Su madre menciona el circo, o mas específicamente, el flujo de gente que traerá. Bailey espera a que caiga el silencio otra vez, pero entonces Caroline voltea hacia el.
-¿ No te reté a que entraras a escondidas al circo la ultima vez que estuvo aquí, Bailey?- Su tono es curioso y ligero, como si de verdad no recordara si eso pasó.
-¿Como, durante el día?- Su madre pregunta, Caroline asiente con la cabeza vagamente.
- Si.- Dice Bailey por lo bajo, queriendo que el silencio regrese.
- Bailey- Dice su madre, arreglándoselas para convertir el tono en uno de reproche- decepción. Bailey no esta seguro cómo es que es su culpa, empezar con el retado y no el retador, pero Caroline responde antes de que el pueda responder.
- ¡Oh, no lo hizo!- dice, como si ahora recordara el incidente claramente.
Bailey solo se encoge de hombros.
- Bueno, desearía que no.- Dice su madre.
El silencio se reinicia y Bailey mira a la ventana preguntándose que constituye exactamente el atardecer. Piensa que quizá seria mejor llegar a las puertas tan pronto como pueda, aunque a penas pueda considerarse remotamente que esta por ponerse el sol y esperar si es necesario. Sus pies están inquietos bajo la mesa, y se pregunta que tan pronto le será posible escaparse.
Toma horas limpiar la mesa, una eternidad ayudar a su madre con los platos, Caroline desaparece en su cuarto y su padre saca el periódico.
- ¿A donde vas?- Pregunta su madre cuando lo ve ponerse la bufanda.
- Voy al circo. - Bailey dice.
- No llegues muy tarde, tienes trabajo que hacer.
- No lo haré. - Dice Bailey, aliviado de que no diga una hora en especifico, dejando el "muy tarde" a interpretación.
- Lleva a tu hermana.
Solo porque no hay forma de dejar la casa sin que su madre vea si va o no al cuarto de Caroline, Bailey toca en la puerta entreabierta.
- ¡Vete!- dice su hermana
-Voy al circo, si quieres podrías acompañarme,- su voz aburrida, pues ya sabe cual será la respuesta.
- No.- Dice ella, tan predecible como el silencio en la cena. - que infantil, - añade con una mirada desdeñosa.
Bailey se va sin decir una palabra mas, dejando que el viento azote la puerta del frente tras el. El sol a penas esta empezando a ponerse, y hay mas gente afuera de lo normal a esta hora del día, todos caminando con a misma dirección. Mientras camina su emoción empieza a menguar, quizá es infantil, quizá no sea lo mismo .
Cuando llega al campo ya hay una multitud reunida, y esta aliviado de ver que hay muchos jóvenes de su misma edad o mucho mas viejos, y solo unos cuantos niños con ellos. Un par de chicas al rededor de su edad ríen cuando pasa por donde ellas tratando de llamar su atención, no sabe si eso deba halagarlo o no.
Bailey encuentra un lugar entre la gente. Espera mirando las puertas de metal cerradas, preguntándose si el circo será diferente a como lo recuerda. Y se pregunta, en un rincón de su mente, si la chica de pelo rojo esta en algún lugar adentro.
Los anaranjados rayos del sol hacen que todo , incluyendo el circo , se vean como si se incendiaran antes de que la luz desaparesca completamente, es mas rápido de lo que Bailey esperaba, el momento que cambia de encendido al anochecer y entonces el circo empieza a parpadear por sobre las carpas, la gente hace "ohh" y "ahh" apropiadamente, pero algunos contienen el aire en sorpresa cuando el enorme letrero sobre las puertas empieza a chisporrotear y chispear, Bailey no puede evitar sonreír cuando esta completamente encendido, brillando como un faro: Le Cirque des Revés.
Mientras la espera del día fue tediosamente lenta, la fila para entrar al circo se mueve particularmente rápido y pronto Bailey esta frente a la taquilla comprando un solo boleto. El sinuoso camino salpicado de estrellas parece no acabar al caminar por sus oscuras vueltas, anciosamente anticipando la brillantez al final.
Lo primero que piensa cuando llega a la parte iluminada del patio es que huele igual, a humo y caramelo y algo mas que no puede identificar. No esta seguro de por donde empezar, hay tantas carpas, tantas opciones, piensa que quizá debería caminar por ahí un rato antes de decidir a que carpas entrar.
También piensa, que simplemente vagando por el circo podría aumentar la posibilidad de toparse con la chica del pelo rojo. Aunque se niega a admitir a si mismo que la esta buscando, es tonto buscar por una chica que solo vio una vez bajo extremadamente extrañas circunstancias hace muchos años. No hay razón para creer que ella lo va a recordarlo siquiera , o reconocerlo, y no esta muy seguro de que el la fuera a reconocer tampoco, siendo el caso.
Decide caminar en el circo, por el patio, la hoguera y al otro lado, entonces intentar regresar. Es tan buen plan como cualquiera, y puede no haber tanta gente en el lado mas alejado.
Pero primero, piensa, debería ir por un vaso de cidra especiada. No le toma mucho tiempo encontrar al vendedor correcto en el patio , paga por su vaso , la humeante cocción contenida en remolinos marmoleados blancos y negros, por un momento, antes de tomar el primer sorbo, se pregunta si sabrá tan bien como lo recuerda, muchas veces ha recordado el sabor en su cabeza, y a pesar de la riqueza de manzanas en el área, ninguna cidra con o sin especias ha tenido tan buen sabor. Duda antes de tomar el mas pequeño sorbo, sabe aun mejor de lo que recuerda.
Escoge un camino a seguir, entre las entradas de las carpas del rededor, hay un pequeño grupo reunido al rededor de una plataforma, una mujer esta en lo alto de la plataforma y se tuerce y dobla de tal manera que parece a la vez horrible y elegante, Bailey se detiene a unirse a los espectadores, aunque es casi doloroso de ver.
La contorsionista toma un pequeño aro plateado del suelo, blandiéndolo con unos simples pero impresionantes movimientos, lo pasa a un hombre en el frente de la gente para asegurar que es solido, cuando se lo regresa, pasa su cuerpo entero por el, extendiendo sus miembros en fluidos, casi dancísticos movimientos. Luego de hacer a un lado el aro, pone una caja pequeña en el centro de la plataforma. La caja parece no ser de mas de un pie de alto o ancho, aunque en realidad es un poco mas grande que eso. Mientras que el acto de una mujer adulta ( si bien mas pequeña del promedio), condensándose en si misma en tan confinado espacio podría ser impresionante, lo es aun mas en este caso ya que la caja esta hecha de cristal, completamente transparente.
Los bordes son de metal, oxidado de tal manera que los hacen lucir negros, pero por los lados y la tapa son de cristal transparente, así que es visible todo el tiempo , como se dobla y tuerce en si misma en el pequeño espacio. Lo hace lentamente, haciendo cada minuto, cada movimiento parte del show, hasta que su cuerpo y cabeza permanecen dentro su mano esta fuera , pegada en la parte de arriba. La vista desde la perspectiva de Bailey parece imposible, un poquito de pierna aquí, una curva del hombro allá, un pedazo del otro brazo bajo el pie.
Solo un a mano queda, saluda animadamente antes de cerrar la caja, el pestillo se cierra automáticamente con la contorsionista claramente dentro. Entonces la caja de cristal con la mujer atrapada adentro lentamente se llena de humo, arremolinándose en las pequeñas grietas y espacios no ocupados por extremidades o el torso, pasa entre los dedos para llegar al cristal.
súbitamente con un tronido la caja se rompe, los paneles de cristal caen a los lados y cae la tapa, rizos de humo se elevan en el aire nocturno, la caja, o mas bien , la pequeña pila de cristal sobre la plataforma que alguna vez fue una caja esta vacía , la contorsionista no esta.
La gene espera por varios minutos pero nada pasa, los últimos jirones de humo se disipan y la multitud se empieza a dispersar. Bailey toma un vistazo mas de cerca al pasar por la plataforma, preguntándose si de algún modo la contorsionista se encuentra dentro de la plataforma, pero es de madera solida y abierta por la parte de abajo, se ha desvanecido por completo a pesar de la evidencia de que no hay lugar al que ella pudiera ir.
Bailey continua por el sinuoso camino , termina su cidra y encuentra un bote para tirar su vaso, tan pronto como deposita el vaso en el ensombrecido bote parece desvanecerse. Sigue caminando leyendo letreros, tratando de decidir a que carpa entrar, algunas son grandes y decoradas con flores y largas descripciones de lo que contienen. Pero el que llama su atención es pequeño, como lo es la carpa del que cuelga, redondeadas letras blancas en un fondo negro.
Hechos de ilustre ilusión.
La entrada esta abierta y una línea de espectadores se alinea en la carpa de la ilusionista, Bailey se les une.
Adentro esta iluminado por una línea de apliques de hierro a lo lago de un muro redondo y contiene nada mas que un anillo de simples sillas de madera, hay aproximadamente veinte, arregladas en dos hileras de modo que la vista desde cada silla es similar , Bailey elige una silla en la hilera interior al otro lado de la entrada. El resto de las sillas se llenan rápidamente, a excepción de dos , una a su izquierda y otra al otro lado del circulo. Bailey nota dos cosas al mismo tiempo.
Primero que ya no puede ver donde estaba la entrada, el espacio donde la audiencia había entrado ahora parece ser un muro solido, perfectamente mezclado con el resto de la carpa. Segundo, ahora hay una mujer de pelo oscuro y abrigo negro sentada a su izquierda, esta seguro de que no estaba ahí antes de que desapareciera la puerta.
Entonces su atención se remueve de estos dos eventos cuando la silla al otro lado de la tienda arde en llamas. El pánico es instantáneo, aquellos ocupando los asientos mas cerca a la silla en llamas abandonan sus asientos y se apresuran a la puerta, solo para encontrar que ya no hay puerta que puedan encontrar, solo muros solidos. Las llamas crecen estables y altas, permaneciendo cerca de la silla, lamiendo al rededor de la madera, aunque no parece estar ardiendo. Bailey mira otra vez a la mujer a su izquierda y esta le guiñe el ojo antes de levantarse y caminar al centro del circulo. Entre el pánico, ella tranquilamente se desabotona su abrigo y se lo quita arrojándolo con un delicado gesto a la silla ardiente.
Lo que había sido un pesado abrigo de lana se convierte en un una larga pieza de seda negra ondeante como agua sobre la silla, las flamas se desaparecen, solo algunas volutas de humo quedan, junto con el agudo olor a madera quemada que lentamente cambia al reconfortante olor de una chimenea, teñido con algo como canela o clavo.
La mujer que esta en medio del circulo de sillas jala la seda negra con gesto ceremonioso revelando una silla intacta en la que se encuentran ahora varias palomas. Otro gesto y la seda negra se dobla y curvea en si misma convirtiéndose en un sombrero de copa, la mujer lo pone en su cabeza, terminando un conjunto que parece un vestido de fiesta sacado del cielo nocturno, seda negra con puntos de brillantes cristales blancos, saluda a su audiencia con una reverencia. La ilusionista ha hecho su entrada.
Poca gente, incluido Bailey, logran aplaudir, mientras que aquellos que abandonaron sus asientos regresan a ellos, luciendo perturbados y curiosos al mismo tiempo.
L a actuación es continua, las presentaciones que Bailey tiene dificultad para pensar que sean trucos se funden uno en otro, las palomas desaparecen frecuentemente, solo para reaparecer en sombreros o debajo de las sillas, también esta un negro cuervo, mucho mas grandes para ser astutamente escondido, es solo hasta que la actuación lleva ya un tiempo, que Bailey lentamente se da cuenta de que por la forma en que están las sillas , la forma y lo pequeño del espacio, no hay espacio para espejos ni trucos de luz. Todo es inmediato y palpable. Ella incluso transforma el reloj de un miembro de la audiencia de metal en arena y al revés , en un punto , las sillas se elevan una distancia del suelo, el movimiento es seguro y estable, los dedos de los pies de Bailey a penas alcanzan el piso y se aferra a los costados de la silla nervioso.
Al final del acto la ilusionista hace una reverencia con un brinquito y una vuelta, saludando al circulo completo mientras la audiencia aplaude, cuando completa la rotación , ya no esta ahí, solo unas pocas chispas temblorosas permanecen, ecos del cristal en su vestido.
La puerta reaparece en el lado de la carpa y la pequeña audiencia sale. Bailey se queda atrás , mirando a su espalda dejando el lugar donde la ilusionista ha estado. Afuera , aunque no estaba ahí antes, esta otra plataforma, muy parecida a la de la contorsionista, pero la figura en esta plataforma no se mueve, Bailey casi cree que es una estatua, lleva un vestido blanco, rematada en piel del mismo color, que cae por la plataforma hasta el suelo. Su piel y su cabello, aun las pestañas con de gélido blanco.
Pero se mueve, muy, muy, muy despacio. Tan despacio que Bailey no pude detectar movimientos exactos, solo pequeños cambios, suaves copos de nieve iridicente flotan hasta el suelo, caen de ella como hojas de un árbol.
Bailey camina al rededor, mirándola desde cada ángulo, sus ojos lo siguen, aunque las pestañas cubiertas de nieve no parpadean. Hay una pequeña placa en la plataforma, parcialmente oculta por la caída del vestido. Se lee IN MEMORIAM, pero no especifica para quien es.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
martes, 26 de noviembre de 2013
------- El hombre colgado -------
En esta carpa, suspendidos arriba de ti , hay personas, acróbatas, artistas del trapecio, voladores. Iluminados por una docena de lámparas brillantes y redondas colgando del techo de la carpa, como planetas o estrellas.
No hay redes.
Ves la presentación desde este precario y ventajoso lugar, directamente abajo de los artistas sin nada que se interponga. Hay mujeres en trajes emplumados que giran a diferentes alturas, suspendidas de listones que pueden manipular, marionetas que controlan sus propias cuerdas.
Sillas comunes con patas y respaldos son usadas como trapecios. Esfera redondas que parecen jaulas de pájaros suben y bajan mientras uno de los voladores se mueve dentro y fuera de las esferas, permaneciendo en lo alto o colgando de las barras al fondo.
En el centro de la carpa hay un hombre con un traje de gala suspendido de una pierna que esta atada con una cinta plateada, con las manos agarradas a la espalda. Empieza a moverse muy lentamente, sus brazos se estiran desde sus costados, primero uno, luego el otro hasta que cuelgan bajo su cabeza, ahora gira , rápido, mas rápido, hasta que es solo un borrón colgado de una cinta. Se detiene y súbitamente cae.
La audiencia bajo el se hace a un lado despejando un pedazo de suelo.
No puedes soportar verlo, no puedes apartar la vista.
Entonces se detiene a la altura de la vista de la multitud, suspendido por la cuerda plateada que ahora parece infinitamente largar, su sombrero de copa no se ha movido de su cabeza, sus brazos relajados a los costados. Cuando la multitud recobra la compostura levanta una enguantada mano y se quita el sombrero. Doblándose de la cintura, hace una dramática e invertida reverencia.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
Noche del estreno III: Humo y esejos. Octubre 13 y 14 , 1886. Londres.
Chandresh Christophe Lefêvre , no entra a una sola carpa en la noche del estreno, en su lugar, vaga por los caminos y salas y camina en círculos al rededor del patio remolcando a Marco, quien toma notas donde Chandresh encuentra algo para comentar.
Chadresh mira la multitud, discierne como decide entrar a que carpas, identifica un letrero al que se deben hacer ajustes o elevarlo para que sea mas fácil leerlo, puertas que no son suficientemente visibles y otras que son muy llamativas, llamando demasiado o demasiado poco la atención de la gente. Pero esos son pequeños detalles en realidad, aceite extra para un inaudible mecanismo, no podría ser mejor, la gente esta encantada, la línea para los boletos serpentea al rededor de la cerca, el circo entero brilla de excitación.
Unos minutos antes de la media noche, Chandresh se ubica en la orilla del patio para el encendido de la hoguera, elige un lugar donde puede vera a ambos, la hoguera y una buena porción de la gente.
-Todo esta listo para el encendido, ¿Cierto? - Pregunta, nadie responde.
Voltea a su izquierda y a su derecha encontrando solo gente dando vueltas a su paso.
-¿Marco?- dice, pero no esta por ningún lado. Una de las hermanas Burguess lo encuentra y se le acerca, navegando cuidadosamente entre el patio lleno de gente.
- Hola Chandresh.- dice al alcanzarlo.- ¿Pasa algo malo?
- Parece que he perdido a Marco, que raro, pero no hay nada de que preocuparse Lanie, querida.
- Tara. - le corrige.
-Es confuso, deberían estar siempre juntas para evitar estas equivocaciones.
- En serio, Chandresh, ni siquiera somos gemelas.
- ¿Quién de ustedes es la mayor, entonces?
- Ese es un secreto, - dice Tara sonriendo, - ¿Ya puedo declarar la velada un éxito?
- Hasta ahora es satisfactoria, pero la noche es relativamente joven, querida, ¿Cómo esta la señora Murray?
- Esta bien, me parece, aunque hace ya una hora que no he escuchado ninguna noticia, esto hará un cumpleaños memorable para los gemelos, me parece.
- Podrían ser útiles si son tan indistinguibles como tu y tu hermana, podríamos ponerlos en trajes iguales.
-Podrías esperar a que puedan caminar, al menos, - ríe Tara.
Al rededor del caldero que contendrá la hoguera, doce arqueros toman su posición, Tara y Chandresh detienen su conversación para observar, Tara mira a los arqueros mientras que Chandresh mira a la gente cuando su atención se mueve al espectáculo, se convierte de multitud a audiencia como coreografiados junto con los arqueros, todo procede exactamente como se tenia planeado.
Los arqueros dejan sus flechas volar una a una, mandando alas llamas por una conflagración de arcoíris, el circo entero es empapado en color mientras el reloj suena, doce fuertes campanadas resonando por el circo. En la doceava campanada el fuego resplandece blanco y caliente. Todo en el patio tiembla por un momento, bufandas se agitan aunque no sopla el viento, la tela de las carpas se mueve .
La audiencia estalla en aplausos, Tara también aplaude, junto a ella Chandresh se tambalea, tirando su puro al suelo.
- ¿Estas bien ,Chandresh?, - pregunta Tara.
- Me siento mareado. dice , Tara toma a Chandresh del brazo para estabilizarlo, jalándolo mas cerca de la carpa mas cercana, fuera del camino de la multitud que ha empezado a moverse otra vez separándose en todas direcciones.
- ¿Sentiste eso?,-le pregunta, sus piernas tiemblan y Tara lucha por sostenerlo mientras son empujados por la gente que pasa.
- ¿Sentir , que?- pregunta, Chandresh no responde, aun claramente inestable
- ¿Por que no pensé en poner bancas en el patio?- murmura Tara para si misma.
- ¿Hay algún problema, señorita Burgess? - Pregunta una voz tras de ella, se voltea y encuentra a Marco rondando tras ella, con su libreta en mano y mirada bastante preocupada.
-¡Oh Marco, estas ahí! Algo esta mal con Chandresh.
Empiezan a atraer la atención de la gente. Marco toma a Chandresh del brazo y lo lleva a un rincón mas tranquilo, dando la espalda al patio le da una módica privacidad.
- ¿Ha estado así por mucho tiempo? - le pregunta a Tara mientras trata de estabilizar a Chandresh.
- No , fue muy repentino, me preocupa que pueda desmayarse.
- Estoy seguro de que no es nada, el calor, quizá, puedo manejar esto señorita Burgess, no es nada que deba preocuparle. - Tara frunce el cejo dudando en irse.- No es nada. - Marco repite haciendo énfasis. Chandresh mira al suelo como buscando algo perdido sin notar la conversación.
- Si usted insiste.
-Esta en buenas manos, señorita Burgess.- Dice Marco y se voltea antes de que pueda decir otra palabra, y el y Chandresh se alejan entre la multitud.
- Aquí estas,- dice Lanie, apareciendo al lado de su hermana,- te he buscado por todos lados, ¿Viste el encendido? ¿No fue espectacular?
- Asi es.- Dice Tara examinando a la multitud.
-¿Que pasa contigo, sucedió algo?- Lanie pregunta.
- ¿Qué tanto sabes del asistente de Chandresh?
- ¿Marco?, no mucho. Ha trabajado para Chandresh por algunos años, se especializa en contabilidad, antes de eso estuvo en alguna escuela, creo, no estoy segura de que estudió , o donde, para el caso, no es particularmente parlanchín, ¿Por que preguntas?¿Buscas otra oscura y atractiva conquista?- Tara se ríe a pesar de su distracción.
- No, nada de eso, simple curiosidad.- Toma a su hermana del brazo. - Vamos a buscar otros misterios para explorar por el momento.
Brazo a brazo navegan por la muchedumbre, dando vueltas al rededor de la brillante hoguera a la que muchos asistentes aun miran, asombrados por el danzar de las flamas.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
Noche del estreno II: Chispas. Octubre 13 y 14, 1886, Londres.
Marco pasa muchas de las primeras horas del estreno tomando subrepticias miradas a su reloj, esperando impaciente a que las manecillas alcancen la media noche. La inesperada y temprana llegada de los gemelos Murray ha complicado ya su agenda, pero si el encendido de la hoguera procede como se tiene planeado , eso deberá ser suficiente. Es la mejor solución a la que puede llegar , sabiendo que en algunas semanas del circo estará a cientos de millas de distancia dejándolo solo en Londres. Y mientras Isobel podría ser útil, necesita un lazo mas fuerte.
Desde que descubrió donde seria el reto, ha estado tomando lentamente mas responsabilidad por el circo. Haciendo todo lo que Chadresh le pide y mas, hasta el punto en que le ha sido dada rienda suelta en todo , desde aprobar el diseño de las puertas a ordenar los lienzos para las carpas.
Le preocupa el alance del lazo, nunca ha intentado nada de tal escala, pero no parece haber una buena razón para no iniciar el juego tan fuerte como le sea posible.
La hoguera le provee de una conexión con el circo, aún cuando no sabe completamente que tan bien va a funcionar, y con tanta gente envuelta, le parece adecuado añadir un elemento de seguridad al lugar. Ha tomado meses de preparación.
Chandresh estuvo mas que feliz de dejarle la organización del encendido, habiéndolo considerado ya invaluable para la planeación del circo con solo un poco de coerción, un gesto con la mano y los detalles eran atendidos por el.
Y lo más importante, Chandresh accedió a que fuera un secreto. El encendido en si mismo tomo el aire de las cenas de media noche, no se permitían preguntas, como con los ingredientes del menú. No hubo respuestas sobre de que estaban cubiertas las puntas de las flechas para crear tan sobresaliente efecto, cómo fue que hicieron para que las flamas cambiaran de una vibrante tonalidad a otra. A aquellos que preguntan durante las preparaciones y ensayos se les dice que revelar los métodos arruinaría el efecto. Aunque por supuesto Marco no ha podido ensayar la parte mas importante.
Le es fácil escapar de Chandresh entre la multitud del patio justo antes de la media noche. Se dirige hacia el hierro torcido, moviéndose tan cerca del caldero como le es posible, toma un enorme cuaderno atado con cuero de su abrigo, una copia perfecta de otro que ha sido guardado en un lugar seguro en su oficina, nadie en la arremolinada multitud nota que lo arroja al fondo del caldero, aterriza con un golpe que es silenciado por el ruido ambiental. La cubierta se abre exponiendo el elaborado árbol de tinta al cielo estrellado de la noche. Permanece cerca de la orilla del metal torcido mientras los arqueros toman su lugar. Su atención esta concentrada en las llamas a pesar de la presión de los visitantes al rededor de el mientras el fuego es amplificado a través de un arcoíris de tonalidades.
Cuando la ultima flecha aterriza, cierra los ojos. Las llamas blancas arden rojas tras sus parpados.
*
Celia esperaba sentirse como una pobre imitación de su padre durante sus primeras actuaciones, pero para su tranquilidad, la experiencia es totalmente diferente de aquella que vio tantas veces en teatro tras teatro.
El lugar es pequeño e intimo, las audiencias son lo suficientemente modestas como para que permanezcan como individuos mas que mezclarse anónimamente en una multitud. Se da cuenta de que es capaz de hacer cada actuación única, dejando que la respuesta de su audiencia le informe que va a decidir hacer después. Mientras ella disfruta mas de lo que pensó que lo haría, se siente agradecida de tener periodos de tiempo para ella entre actos, acercándose la media noche decidever si puede encontrar un lugar para mirar discretamente el encendido de la hoguera.
Pero mientras se abre camino al área que ya es referida como tras bambalinas, a pesar de la falta de un escenario propiamente, ella es rápidamente atrapada en el, de algún modo, caos ordenado que rodea el imperioso nacimiento de los gemelos Murray. Varios de los artistas y personal se han reunido esperando ansiosos, el doctor , quien ha sido traído encuentra la situación entera muy extraña, la contorsionista va y viene, Aidan Murray se pasea como uno de sus felinos.
Celia procura ser tan útil como le es posible, lo que consiste principalmente en llevar tazas de té y encontrar nuevas y creativas formas de asegurar a la gente que todo estará bien. Esto le recuerda mucho a como consolaba a sus antiguos clientes cuando era espiritualista, tanto que le toma por sorpresa cuando le agradecen diciendo su nombre. Un suave llanto suena minutos después de la media noche como un alivio, seguido de suspiros y aplausos, entonces otra cosa le sucede, Celia lo siente antes de escuchar el aplauso resonando por el patio, el cambio se expande súbitamente por el circo como una ola.
Pasa por su cuerpo mandando un estremecimiento involuntario por su espalda, casi le hace perder el equilibrio.
-¿Estas bien?- le pregunta una voz a sus espaldas, se voltea y encuentra a Tsukiko extendiendo su mano cálida para sostenerla. El brillo en los sonrientes ojos de la contorsionista, que parece decir "se demasiado" , empieza a ser familiar para Celia.
- Estoy bien, gracias.- dice Celia luchando para recuperar el aliento.
- Eres una persona sensible,-dice Tsukiko,- no es inusual para la gente sensible ser afectada por estos eventos.- Otro llanto resuena en la cámara adyacente , uniéndose al anterior en un gentil coro.
- Tienen una sincronía sorprendente, - dice tsukiko, volviendo su atención a los gemelos recién nacidos. Celia solo puede asentir.- Es una pena que te perdieras el encendido, también fue sobresaliente.
Mientras el llanto de los gemelos aminora, Celia trata de sacudirse los remanentes del cosquilleo en su piel, aun no esta segura de quien es su oponente, pero a pesar de todo su movimiento esta hecho, y la ha sacudido. Siente que la totalidad del circo vibra a su alrededor , como si una malla hubiera sido arrejada sobre de ella, atrapando todo dentro de la valla de acero, flotando como una mariposa. Se pregunta como se supone que responda.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Noche del estreno I: Inicio. Octubre 13 y 14, 1886 , Londres.
El día del estreno, o mejor dicho, noche, es espectacular. Hasta el ultimo detalle ha sido planeado y una gran multitud se reúne en las puertas mucho antes de que caiga el sol, cuando por fin se les permite entrar lo hacen con ojos muy abiertos y al moverse de carpa en carpa, se abren mucho mas.
Cada elemento del circo se mezcla en una hermosa fusión , actos que han sido preparados en países separados, en diferentes continentes ahora se presentan en carpas adyacentes, cada parte mezclándose de manera perfecta en un todo, cada disfraz, cada gesto, cada letrero de cada carpa es mas perfecto que el anterior.
El aire mismo es ideal, claro y fresco, permeado con aromas y sonidos que tientan y encantan a uno o a otro visitante.
A la media noche la hoguera se enciende ceremoniosamente, habiendo pasado la primera parte de la velada vacío , pareciendo una simple escultura de hierro torcido, doce de los artistas del fuego entran silenciosos en el patio con pequeñas plataformas que han sido puestas en el perímetro como números en un reloj. Precisamente un minuto antes de la hora, cada uno asciende a su respectiva plataforma y sacan de sus espaldas brillantes arcos y flechas. Treinta segundos antes de la media noche encienden las puntas de las flechas con pequeñas y bailarinas flamas amarillas. Aquellos entre la multitud que no los habían notado antes ahora los miran maravillados, a los diez segundos antes de la hora, levantan los arcos y apuntan al expectante pozo de hierro rizado, cuando el reloj empieza a dar las campanadas cerca de las puertas, el primer arquero deja volar su flecha, flotando sobre la multitud y dando a su blanco en una lluvia de chispas.
La hoguera se enciende en una erupción de llamas amarillas, la segunda campanada le sigue y el segundo arquero lanza su flecha a las llamas amarillas y se tornan de un azul cielo claro. A la tercera campanada con la tercera flecha el fuego se pinta de un brillante color rosado. Flamas del color de una calabaza madura siguen a la cuarta flecha, a la quinta las flamas son rojo escarlata, en la sexta las flamas son de un rojo mas oscuro, siete y el fuego es empapado con un color como un vino incandecente. Ocho y las flamas son ahora de un tembloroso violeta, nueve y las flamas se tornan en índigo, diez campanadas, la decima flecha y la hoguera se tiñe de un rico azul media noche, en la penúltima campanada las bailarinas flamas cambian de azul a negro y por ese momento es difícil discernir el fuego del caldero. Y en la ultima campanada, las oscuras flamas son remplazadas con un blanco cegador, una lluvia de chispas caen como copos de nieve al rededor. Enormes rizos de denso humo se elevan en espiral hacia el nocturno cielo.
La reacción de la multitud es atronadora. Espectadores que habían considerado irse deciden quedarse un poco mas y comentan entusiasmados el encendido de la hoguera, aquellos que no lo presenciaron por si mismos a penas pueden creer las historias contadas minutos u horas después.
Gente deambula de carpa en carpa, vagando por senderos que giran uno sobre el otro, mientras que otros son mas selectivos, escogen las carpas después de considerar cuidadosamente cada letrero, algunos encuentras una carpa tan fascinante que son incapaces de salir y optan por permanecer ahí todo el tiempo de su estancia. Visitantes recomiendan a otros que pasan por la gran sala, señalando carpas extraordinarias que han visitado ya, su recomendación es tomada siempre con agrado aunque frecuentemente se distraen de las recomendaciones por otras antes de llegar a las sugeridas.
Es difícil guiar a los visitantes restantes a fuera mientras el sol empieza a salir y solo pueden ser consolados al asegurárseles de que pueden regresar cuando el sol se ponga otra vez.
Dicho todo, la noche de estreno es un éxito innegable
Solo hay un pequeño percance dentro de todo, una ocurrencia inesperada, pasa inadvertida por cualquiera de los visitantes y muchos de los artistas no se enteran de ella hasta después del hecho.
Justo antes del atardecer, mientras las preparaciones de ultimo minuto están siendo hechas, (ajustes de vestuarios , derretir caramelo), la esposa del domador de felinos salvajes inesperadamente entra en labor, ella es, cuando no se encuentra en estado delicado, su asistente. Su acto ha sido ligeramente modificado debido a su ausencia, pero los felinos mismos parecen estar agitados.
Ella espera gemelos, aunque no se supone que lleguen por algunas semanas mas. La gente bromea después que quizá no querían perderse la noche del estreno. Un doctor es traído al circo antes de abrir al publico y llevado discretamente tras bambalinas para el parto ( una hazaña mas fácil de lograr que llevarla a ella al hospital.) Seis minutos antes de la media noche, Winston Aidan Murray ha nacido. Siete minutos después de la media noche, su hermana, Penélope Aislin Murray, le sigue.
Cuando las noticias llegan a Chandresh Christophe Lefêvre, esta medianamente desilusionado de que los gemelos no sean idénticos, había pensado varios papeles en el circo para gemelos idénticos para presentar una vez los niños fueran lo suficientemente grandes , gemelos fraternos, por otro lado, no tienen la cantidad de teatralidad que esperaba. pero hace que Marco arregle la entrega de dos enormes ramos de rosas rojas de todos modos.
Son unas cositas pequeñitas, cada uno con una sorprendente cantidad de brillante pelo rojo, a penas lloran, están despiertos y alerta, con idénticos ojos azules bien abiertos, están envueltos en trozos sobrantes de seda y satín , blanco para ella y negro para el.
Un flujo constante de actores del circo van a verlos entre actos, toando turnos para cargarlos e inevitablemente señalar su exquisita coordinación, todo mundo dice que van a encajar bien, salvo por su pelo, alguien sugiere sombreros hasta que sean lo suficientemente mayores para teñirse el pelo, alguien mas señala que seria difícil teñir un color así, un escandaloso rojo mucho mas brillante que el castaño de su madre.
- Es un color prometedor.- Comenta Tsukiko, pero se rehúsa a abundar en su significado, besa a cada gemelo en la frente y hace tiras de papel doblado en forma de gruyas para colgar sobre la cuna.
Cerca del amanecer, cuando el circo se va vaciando, son llevados a un paseo al rededor de las tiendas hasta el patio, el propósito es ostensiblemente, arrullarlos para que se duerman, pero permanecen despiertos viendo las luces y los disfraces y las rayas en las tiendas al rededor de ellos, extrañamente alertas para tener solo unas cuantas horas de vida.
No hasta que el sol se ha levantado por fin cierran los ojos, lado a lado en la cuna de negro hierro con mantas a rayas que los espera, a pesar de su temprano arribo. Fue enviada como regalo hace algunas semanas, aunque no llevaba una tarjeta o nota, los Murray asumen que es un regalo de Chandresh, aunque le agradecen por ella el asegura no tener idea de qué están hablando.
A los gemelos les encanta, sin importar sus dudosos orígenes, nadie recuerda después exactamente quien fue el que los apodó Poppet y Widget, como con la cuna nadie toma crédito por ello.
Pero el apodo se pega, como suelen hacerlo los apodos.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
----- Iluminacion, parte II ------
Hay tanto que brilla en el circo, de las llamas en las linternas a las estrellas. He escuchado la expresión " truco de luz" aplicado a lugares en Le Cirque des Revés , tan frecuentemente que algunas veces sospecho que el total del circo es una compleja ilusión de la iluminación.
-Friederich Thiessen, 1884.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
Cosas ocultas. Octubre 1902, Concord Massachusetts.
Las discusiones sobre el futuro de Bailey empiezan temprano y ocurren frecuentemente, aunque en este punto frecuentemente se desarrollan con frases repetitivas y silencios tensos.
El culpa a Caroline por empezarlo, aunque el asunto empezó por culpa de su abuela materna. Bailey es mucho mas apegado a su abuela que su hermana, así que le deja la culpa por completo a Caroline, si ella se hubiera rendido el no hubiera tenido que luchar tanto.
Fue una de las exigencias disfrazadas de sugerencias de la abuela, una que parecía lo suficientemente inofensiva, que Caroline fuera a Radcliffe College.
Caroline parecía intrigada por la idea durante el té en el mullido, de tapizado floreado y tranquilo salón en Cambridge de la abuela. Pero cualquier asunto que tuviera tenido desapareció tan pronto estuvieron de regreso en Concord y su padre diera su opinión.
-Absolutamente no.
Caroline acepto esto con a penas un puchero ligero porque probablemente seria mucho trabajo y a ella no le gustaba particularmente la ciudad de todos modos. A de mas Millie estaba comprometida y había una boda que planear, asunto que Caroline encontraba mucho mas interesante que su propia educación. Y eso fue todo.
Entonces llego la respuesta de Cambrige, el decreto de la abuela sobre eso era aceptable, pero Bailey iría a Hardvard, por supuesto. Esta no era una orden disfrazada de nada, esta era una orden pura. Las protestas financieras fueron aplastadas antes de que pudieran ser levantadas por la clara declaración de que su colegiatura seria pagada. Las discusiones empezaron antes de que Bailey pudiera dar su opinión.
- Me gustaría ir.- Dijo cuando hubo una pausa lo suficientemente larga para poder introducir sus palabras.
-Te vas a hacer cargo de la granja. - Fue la respuesta de su padre.
Lo mas sencillo era dejar que el tema cambiara y retomarlo después, especialmente considerando que Bailey aun no tiene diez y seis y hay un periodo de tiempo considerable para que cualquiera de las dos opciones sucediera.
En su lugar, y no esta completamente seguro del por que, mantiene el tema vivo sacándolo a relucir cada vez que le es posible, señalando que siempre podría ir y regresar a la granja ya que de hecho, cuatro años no es un periodo demasiado largo de tiempo.
Estas declaraciones son acompañadas por regaños al principio, pero pronto se convierten en sentencias a gritos y puertas azotadas. Su madre dice tanto de las peleas como puede, pero cuando la presionan concuerda con su esposo, aunque al mismo tiempo cree que debería ser la decisión de Bailey.
Bailey no esta seguro de querer ir a Harvard, le gusta mas la ciudad que a Caroline y le parece la opción que tiene mas misterio y posibilidades. Mientras que la granja solo tiene ovejas, manzanas y es predecible. Ya puede visualizar como va a ser, cada día, cada estación, cuando caerán las manzanas y cuando las ovejas necesitaran ser rasuradas y cuando llegara la nieve. Siempre igual, año tras año.
Menciona algo sobre la interminable repetición a su madre esperando que eso haga una conversación mas mesurada acerca si podrá o no irse, pero ella solo dice que encuentra reconfortante el ciclo natural de la granja, y pregunta si ya ha terminado todos sus deberes.
La invitación al te en Cambridge llega dirigida , ahora, solo a Bailey, dejando a su hermana fuera por completo. Caroline murmura algo sobre no tener tiempo para esas cosas de todos modos y Bailey va solo, agradecido de poder disfrutar el viaje solo sin el constante parloteo de Caroline.
- En realidad no me importa si vas o no a Harvard. - Dice su abuela una tarde, aunque Bailey no lo menciona, generalmente trata de evitar el tema, pensando que sabe perfectamente donde esta. Añade otra cucharada de azúcar a su té y espera a que ella abunde en el tema. -Creo que te da mas oportunidades y es algo que me gustaría que tuvieras, aun si a tus padres no les entusiasma la idea. ¿Sabes por que le permití a mi hija casarse con tu padre?
-No.- Dice Bailey, no es un tema del que se hablara en su presencia, aunque Carlonie le dijo una vez en secreto que escucho que era algo escandaloso. Aun veinte años después, su padre no pone un pie en casa de su abuela, ni ella va nunca a Concord.
-Porque ella iba a huir con èl de todos modos, eso es lo que ella deseaba, no era lo que yo hubiera elegido para ella pero un niño no debería tener sus decisiones dictadas por ellos, te he escuchado leer libros en voz alta a mis gatos, cuando tenias cinco años convertiste una tina de lavado en un barco pirata y lanzaste un ataque contra las hortensias de mi jardín, no trates de convencerme de que elegirías la granja.
- Tengo una responsabilidad. -Dice Bailey repitiendo la palabra que ha empezado a odiar. Su abuela hace un ruido que podría ser una risa o una tos o la combinación de ambas.
- Sigue tus sueños, Bailey, sean Hardvard o algo completamente diferente, no importa lo que ese padre tuyo diga o lo que el podría decir, el olvida que alguna vez el mismo fue el sueño de alguien mas.
Bailey asiente y su abuela se recarga en la silla y se queja de sus vecinos por un rato si mencionar los sueños de su padre otra vez, aunque antes de que Bailey se valla añade:
- No olvides lo que te dije.
-No lo hare. - Le asegura.
El no le dice que solo tiene un sueño y que es tan improbable como una carrera en piratería en el jardín. Pero valientemente continua el debate con su padre de forma regular.
-¿Que no cuenta mi opinión? - pregunta una tarde antes de que la pelea llegue a las puertas azotadas.
- No , no importa.- es la respuesta de su padre.
- Quiza deberías dejar en paz esto , Bailey.- Le dice quedo su madre antes de que su padre abandone la habitación.
Bailey empieza a pasar mucho tiempo fuera de la casa.
La escuela no le ocupan por tanto tiempo como a el le gustaría, al principio trabaja mas, en las partes mas lejanas de los huertos, escogiendo los puntos mas lejanos a donde su padre este. Entonces empieza a tomar largas caminatas por campos, bosques y cementerios. Vaga entre tumbas que pertenecen a filósofos y poetas, autores cuyos libros conoce por la biblioteca de su abuela y hay incontables lapidas marcadas con nombres que no reconoce y muchas mas han sido tan gastadas por el tiempo y el viento que ya son ilegibles, sus dueños olvidados.
Camina sin ningún destino en particular en mente, pero sus caminatas terminan frecuentemente en el mismo roble donde tantas veces se sentó con Caroline y sus amigos. Es mas fácil ahora que es grande y trepa por las ramas mas altas con tranquilidad, tiene suficiente sombra para sentirse solitario pero suficiente luz para leer cuando trae libros, lo cual pronto se convierte en parte de su rutina.
El lee historias y mitología y cuentos de hadas, preguntándose por què parece que solo las mujeres son alejadas de sus mundanas vidas en granjas por caballeros o príncipes o lobos. Le parece muy injusto no tener la misma imaginativa oportunidad el mismo, y no esta en posición de hacer un rescate por si mismo.
Durante las horas que pasa vigilando las ovejas, mientras vagan sin sentido por los campos, desea que alguien venga y se lo lleve, pero los deseos pedidos a las ovejas parecen no funcionar mejor a los que se piden a las estrellas. El mismo se dice que no es tan mala vida, que no hay nada de malo con ser un granjero. Pero el descontento permanece, aun el suelo bajo sus botas se siente insatisfactorio. Así que continua con sus escapadas al árbol.
Para adueñarse de ese árbol, llega a mover aquella vieja caja de madera en la que guarda sus mas preciosas pertenencias de su acostumbrado escondite bajo una tabla floja en el piso bajo su cama a un hueco en el árbol, un hueco sustancioso que no es un hueco propiamente pero que sirve lo suficiente para su propósito. La caja es bastante chica, con deslustradas bisagras y broches. Esta envuelto en un trozo de costal que cuida bastante bien sus contenidos de los elementos y es lo suficientemente seguro para no ser desalojado por las ardillas, aun las mas hábiles.
Sus contenidos incluyen una cabeza de flecha desportillado encontrado en un campo cuando tenia cinco, una piedra con un hoyo justo en el centro que supuestamente es de suerte, una pluma negra, una piedra brillante que su madre dijo que era una especie de cuarzo, una moneda que es su primer dinero para gastar , que nunca gasto, un collar de cuero café que perteneció al perro de la familia que murió cuando Bailey tenia nueve, un solitario guante blanco que se ha puesto gris por estar guardado con rocas por tanto tiempo y muchas hojas dobladas y amarillentas llenas con textos escritos a mano.
Después de que el Circo se fuera, escribió cada detalle que podía recordar sobre el para que no desapareciera de su memoria, las palomitas cubiertas de chocolate, la carpa llena de gente en elevadas plataformas circulares haciendo trucos con brillante fuego blanco, el mágico reloj que se transformaba a un lado de la taquilla, haciendo mucho mas que decir la hora.
Aunque catalogó cada elemento del circo en temblorosos escritos, nunca pudo escribir su encuentro con la niña de pelo rojo, nunca le dijo a nadie sobre ella, el la busco en el circo en sus siguientes visitas a apropiadas horas de la noche pero no fue capaz de encontrarla. El circo se fue, desvaneciéndose tan súbitamente como llego como un efímero sueño. Y no ha regresado. La única prueba que tiene ahora de que esa niña existió y que no era parte de su imaginación, es ese guante.
Pero ya no abre la caja, se queda firmemente cerrada en el árbol. Piensa que quizá debería tirarla, pero no puede forzarse a hacerlo. Quizá la deje en el árbol y permita que la corteza crezca al rededor de ella sellándola en su interior.
*
Es una mañana gris de sábado y Bailey esta levantado antes que el resto de la familia, lo que no es inusual. Hace sus labores tan rápido como le es posible, guarda una manzana en su bolso junto con su libro y se dirige a su árbol. A medio camino piensa que quizá debió llevar una bufanda, pero el día debería ponerse mas caluroso al avanzar. Concentrándose en ese hecho reconfortante, sube a las ramas bajas donde era relejado años atrás , luego a las ramas reservadas para Caroline y sus amigos. Esta es la rama de Milie piensa cuando su pie la toca, una sensación de satisfacción le llega cuando sube mas arriba de la rama de Caroline, aun después de tanto tiempo. Rodeado de hojas que susurran con la briza, Bailey se acomoda en su lugar favorito, sus botas descansan en su casi olvidada caja de tesoros.
Cuando por fin levanta la vista del libro, Bailey esta tan sorprendido por ver las carpas a rayas blancas y negras en el campo que cae del árbol.
-
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
lunes, 18 de noviembre de 2013
-----Fuego y Luz-------
Caminas por un iluminado y abierto patio rodeado por carpas a rayas.
Caminos serpenteantes en el perímetro llevan lejos del patio , convirtiéndose en misterios no vistos con puntos de luces brillantes. Hay buhoneros atravesando la multitud al rededor de ti, venden refrigerios y curiosidades, creaciones con sabor a vainilla y miel, chocolate y canela.
Una contorsionista en un brillante traje negro se tuerze en una plataforma cercana, dobla su cuerpo en formas imposibles.
Un malabarista lanza globos blancos, negros y plateados muy alto en el aire donde parecen flotar antes de caer en sus manos, los atentos espectadores aplauden.
Todo bañado por una brillante luz.
La luz emana de una enorme fogata en el centro del patio.
Mientras caminas acercándote, puedes ver que esta en un amplio caldero de hierro negro, se sostiene en numerosos pies como garras, donde la orilla del caldero debería estar, se rompe en largas cintas de hierro rizado, como si hubiera sido derretido y jalado en trozos como tafee, el rizado hierro se alarga hasta que se enreda en si mismo tejiéndose dentro y fuera entre los otros rizos dando un efecto como de jaula, las flamas son visibles entre los huecos y elevándose un poco por encima, están oscuras en el fondo, así que es imposible decir que es lo que se esta quemando, si es madera o carbón o alguna otra cosa por completo.
Las flamas no son amarillas o naranjas, son blancas como la nieve mientras bailan.
Caminos serpenteantes en el perímetro llevan lejos del patio , convirtiéndose en misterios no vistos con puntos de luces brillantes. Hay buhoneros atravesando la multitud al rededor de ti, venden refrigerios y curiosidades, creaciones con sabor a vainilla y miel, chocolate y canela.
Una contorsionista en un brillante traje negro se tuerze en una plataforma cercana, dobla su cuerpo en formas imposibles.
Un malabarista lanza globos blancos, negros y plateados muy alto en el aire donde parecen flotar antes de caer en sus manos, los atentos espectadores aplauden.
Todo bañado por una brillante luz.
La luz emana de una enorme fogata en el centro del patio.
Mientras caminas acercándote, puedes ver que esta en un amplio caldero de hierro negro, se sostiene en numerosos pies como garras, donde la orilla del caldero debería estar, se rompe en largas cintas de hierro rizado, como si hubiera sido derretido y jalado en trozos como tafee, el rizado hierro se alarga hasta que se enreda en si mismo tejiéndose dentro y fuera entre los otros rizos dando un efecto como de jaula, las flamas son visibles entre los huecos y elevándose un poco por encima, están oscuras en el fondo, así que es imposible decir que es lo que se esta quemando, si es madera o carbón o alguna otra cosa por completo.
Las flamas no son amarillas o naranjas, son blancas como la nieve mientras bailan.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Estratagema. Abril 1886, Londres.
- Ella es demasiado buena para tenerla fuera entre la multitud, - dice Chandresh,- simplemente debe tener su propia carpa. Le pondremos sillas de forma circular o algo, mantendremos a la audiencia justo en medio de la acción.
-Si, señor. - Marco dice jugueteando con su libreta, pasando sus dedos sobre las paginas que han sido alas hace solo unos minutos.
-¿Que es lo que te pasa?- pregunta Chandresh.- Estas blanco como una hoja. - Su voz resuena en el teatro vacío mientras están solos en el escenario, Mme. Padva habiendo llevado rápidamente a fuera a Celia acribillandola con preguntas sobre vestidos y estilos de peinado.
- Estoy bien , señor.
- Te ves espantoso,- dice Chandresh exhalando una nube de humo de su puro, - ve a casa.
Marco lo mira sorprendido , - Señor, hay papeleo que necesita ser hecho.- protesta.
- Hazlo mañana, hay mucho tiempo para esas cosas, Tante Padva y yo llevaremos a la señorita Bowen a la casa para tomar el té y podremos resolver los particulares y el papeleo después, descansa o ve por un trago o lo que sea que prefieras. Chandresh sacude la mano distraídamente haciendo que el humo de su puro se mueva en oleadas.
- Si usted insiste, señor.
- ¡Insisto! Y deshazte de todos esos sujetos en el lobby, no hay necesidad de ver a ese montón de trajes y capas cuando ya encontramos algo mucho mas interesante y muy atractivo también, debería pensar, si las predilecciones de uno van en esa dirección.
- Ya lo creo, señor, - Dice marco y un rubor sube a su cara.- Hasta mañana entonces. - Mueve la cabeza en algo que es casi una reverencia antes de girar hábilmente en sus talones y dirigirse al lobby.
-Nunca te creí de los que se espantan fácilmente, Marco.- Dice Chandresh tras de el , pero Marco no regresa.
Marco despide educadamente a los ilusionistas en el lobby explicando que el lugar ha sido tomado y agradeciéndoles su tiempo. Ninguno nota que sus manos están temblando o que sujeta la pluma en su mano con tal fuerza que sus nudillos están blancos, y tampoco notan cuando se parte e dos en su puño escurriendo tinta negra por su muñeca.
Cuando los ilusionistas se han retirado Marco junta sus cosas limpiando su mano cubierta de tinta con su abrigo negro y se pone su bombín antes de dejar el teatro. A cada paso se le ve mas afligido, la gente se aparta de su camino en la calle llena de gente. Cuando llega a su piso , Marco suelta su bolsa en el piso recargándose en la puerta con un pesado suspiro.
-¿Que pasa?- Pregunta Isobel desde una silla cerca de la chimenea vacía , escondiendo el mechón de pelo que ha estado trenzando en su bolsillo, frunciendo el seño pues sabe que tendrá que rehacerlo por completo porque su concentración se ha perdido , es la parte que mas trabajo le cuesta, concentración y enfoque.
Por ahora lo abandona y mira a Marco cruzar la habitación para alcanzar los estantes de libros alineados en el muro.
- Se quien es mi oponente.- Dice Marco sacando de sus repisas cuantos libros le caben en los brazos y regándolos aleatoriamente en las mesas dejando varios montones desordenados en el piso en montones, aquellos que quedan en los estantes se colapsan y algunos caen pero Marco parece no notarlo.
-¿ Es esa mujer japonesa que te causaba tanta curiosidad?- Pregunta Isobel mirando como el sistema de orden de Marco se convierte en caos, el departamento siempre ha estado en perfecto orden y encuentra esta súbita sacudida inquietante.
-No,- dice marco dando vuelta a las paginas- es la hija de Prospero.
Isobel toma una violeta en tiesto que ha caído con los libros y la pone de nuevo en su repisa.
-¿ Prospero, el mago que una vez viste en Paris?
Marco asiente.
- No sabia que tuviera una hija.
- No estaba enterado del hecho tampoco- Marco dice descartando un libro y tomando otro.- Chandresh la acaba de contratar para ser la ilusionista del circo.
- ¿De verdad?- Marco no responde.-¿ Así que ella estará haciendo lo que dijiste que el hacia, magia de verdad disfrazada de trucos en el escenario, hizo eso en la audición?
- Si , si lo hizo.- Dice marco sin levantar la vista de sus libros.
- Debe ser muy buena.
- Es demasiado buena.- Marco jala otra repisa llena de libros sacándolos de su reposo y moviéndolos a la mesa, la violeta es una inocente victima otra vez.- Esto podría ser extremadamente problemático.- Dice casi para si mismo, una pila de libretas se resbala al piso en una ráfaga de hojas que se mueven y suenan como las alas de un ave. Isobel toma la violeta y la lleva del otro lado de la habitación.
-¿Sabe ella quien eres?
- No lo creo.
- ¿Significa esto que el circo es parte del reto?
Marco deja de buscar entre las paginas y la mira.
- Debe ser.- Dice y regresa su atención a al libro.- Probablemente por eso fui enviado a trabajar con Chandresh, para que ya estuviera involucrado, el circo es el escenario.
- ¿Eso es bueno?- Pregunta Isobel pero Marco no responde, otra vez esta perdido en el mar de papel y tinta. Con una mano frota la tela de otra manga, una mancha de tinta negra mancha el blanco puño.- Ella cambio la tela.- murmura a si mismo. - ¿Cómo cambio la tela?
Isobel mueve una pila de libros abandonados al escritorio donde sus cartas de Marsella descansan. Mira a Marco quien ahora esta profundamente absorto en un volumen en particular, ella silenciosamente extiende las cartas en una larga línea en el escritorio. Mantiene los ojos en Marco y toma solo una carta, la voltea en el escritorio y ve que tienen que decir sus cartas de este asunto. Un hombre esta entre dos mujeres, un querubín con arco y flecha vuela sobre sus cabezas, L'Amoureux. Los amantes.
-¿Es bonita?
Marco no responde, saca otra carta de la línea y la pone sobre la primero, La Maison Dieu. Con el seño fruncido mira la imagen de la torre que se desmorona y la figura que cae, regresa ambas cartas al montón, formando otra vez una sola pila.
- ¿Es mas fuerte que tu?
Otra vez no responde Marco por revisar las hojas de una libreta.
Por años se ha sentido razonablemente bien preparado, practicar con Isobel ha resultado ser provechoso permitiéndole mejorar aspectos de sus ilusiones al punto que con su familiaridad no puede discernir que es real. Pero enfrentado con su oponente, su parecer sobre el reto han cambiado súbitamente, remplazado por nervios y confusión, casi esperaba que llegado el momento , simplemente sabría que hacer. Y había mantenido la creencia de que el momento nunca llegaría, que la promesa de un juego era algo que motivaba sus estudios y nada mas.
- ¿Así que la competencia inicia cuando abra el circo, entonces?- Le pregunta Isobel, casi había olvidado que ella estaba en la habitación.
- Supongo que eso seria lógico, no entiendo cómo vamos a competir cuando el circo va a viajar y yo debo permanecer en Londres, tendré que hacer todo desde lejos.
- Yo podría ir.
- ¿Que?- pregunta Marco mirándola otra vez.
- Dijiste que el circo sigue necesitando una adivina. ¿o no?, podría leer mis cartas, no he leído para nadie mas que yo misma y me estoy volviendo mejor. Podria escribirte cartas cuando el circo este fuera, me daría un lugar al que ir , si se supone que no debes tenerme aquí mientras juegas tu juego.
-No estoy seguro de que eso sea una buena idea.- Dice Marco aunque no puede articular por que , nunca había considerado la posibilidad de incluir a Isobel en su vida fuera del departamento, la ha mantenido a parte de Chandresh y del circo, por tener algo para si mismo y porque le parece apropiado, especialmente por las vagas indicaciones de su maestro al respecto.
-Por favor, así podre ayudarte.
Marco duda mirando a sus libros, sus pensamientos preocupados con la imagen de la chica del teatro.
- Te ayudara a estar cerca del circo. y me dará algo que hacer durante tu reto, cuando termine puedo regresar a Londres.
- No estoy seguro siquiera de como va a ser el reto.
-¿Pero estas seguro de que no puedo estar aquí mientras dure?
Marco suspira, lo han discutido antes, no en gran detalle, pero lo suficiente para establecer que iniciado el juego , ella tendría que irse.
- Ya estoy muy ocupado trabajando con Chandresh y necesito concentrarme en la competición sin... distracciones. - Dice usando las palabras de su instructor, como una orden disfrazada de sugerencia. No esta seguro que opción le inquieta mas: involucrar a Isobel en el juego o renunciar a la única relación en su vida que no ha sido dictada por ello.
- De este modo no seré una distracción , te estare ayudando y si se supone que no tengas ayuda, bueno, solo estaré escribiendo cartas, ¿Qué hay de malo en eso? A mi me parece la perfecta solución.
-Podría arreglar una reunión con Chandresh.
- Tu podrias... convencerlo de contratarme, ¿verdad?¿ si necesita ser convencido?
Marco asiente, aun no esta completamente seguro de esta idea pero casi esta desesperado por una estrategia, una táctica para usar contra este recientemente encontrado oponente. Repite su nombre una y otra vez mentalmente.
-¿Como se llama la hija de Prospero?- Isobel pregunta como si pudiera decir en que esta pensando el.
- Bowen, su nombre es Celia Bowen.
- Es un nombre bonito, ¿le pasa algo malo a tu mano?
Marco mira sorprendido de estar sosteniendo su mano derecha con la izquierda, inconcientemente acariciando la marca donde alguna vez un anillo quemaba en su piel.
- No- dice tomando un libro para ocupar en algo sus manos- no es nada.
Isobel parece satisfecha con la respuesta, levantando una pila de libros el suelo y colocándolos en el escritorio. Marco esta aliviado de que ella no tenga la habilidad de tomar el recuerdo del anillo de su mente.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Audición, abril 1886, Londres.
Hay una reunión sin precedentes de ilusionistas en el lobby del teatro. Una manada de trajes prístinos y pañuelos estratégicamente ubicados, algunos traen baúles y capas, otros jaulas de aves o bastones con bases plateadas, no se hablan entre si mientras esperan a ser llamados, uno a la vez, llamados no por sus nombres ( de nacimiento o artísticos) sino por un número, escrito en un pequeño pedazo de papel que les fue dado al llegar, en vez de platicar, chismorrear o compartir trucos de intercambio, se mueven en sus asientos y ven de manera sospechosa a la joven.
Algunos la confunden con una asistente al llegar, pero se sienta esperando con su propio papel con el numero 23.
No trae baúl ni capa, ni jaulas ni bastón. Lleva un vestido color verde oscuro con una chaqueta de mangas negras muy esponjadas y de botones, una pila de rizos castaños prendidos cuidadosamente en su cabeza bajo un diminuto pero de otra forma común, sombrero de plumas , su cara mantiene un semblante aniñado, por lo largo de sus pestañas y el ligero mohín de sus labios a pesar del hecho de que es muy mayor para ser propiamente llamada niña, pero es difícil adivinar su edad y nadie se atreve a preguntar. Los de mas piensan en ella como la niña, y se refieren a ella así cuando discuten el asunto después del hecho. Ella no reconoce a ninguno a pesar de las a penas escondidas miradas y la mirada directa ocasional.
Uno a uno, cada numero de cada ilusionista es llamado por un hombre con una lista y un cuaderno que los acompaña por una puerta dorada a un lado del lobby y , uno a uno, regresan al lobby y abandonan el teatro. Algunos duran minutos, otros permanecen en el teatro por algún tiempo, aquellos con números mas altos se mueven en sus asientos impacientes mientras esperan a que el hombre de la libreta reaparesca y amablemente llame al numero de sus respectivos pedazos de papel.
El ultimo ilusionista en entrar por la puerta dorada ( un tipo grueso con sombrero de copa y una capa brillante) regresa al lobby mas que rápido y visiblemente agitado, moviéndose indignado por la puerta de salida y hacia la calle dejando que las puertas del teatro se azoten tras el. El sonido todavía resuena por el lobby cuando el hombre del cuaderno reaparece, asiente de manera distraída y se aclara la garganta.
- Numero veintitrés,- dice Marco revisando el numero en su lista.
Todos los ojos en la habitación se voltean a la niña que se levanta de su asiento y da un paso a delante.
Marco la mira aproximarse, confundido al principio pero luego su confusión es remplazada por algo totalmente diferente. Desde el otro lado de la habitación puede decir que es adorable, pero cuando esta lo suficientemente cerca para mirarlo a los ojos, lo adorable, la forma de su cara, el contraste de su cabello contra su piel, evoca algo mas. Ella esta radiante, por un momento, mientras se miran el uno al otro, el no recuerda que es lo que se supone debería estar haciendo o por que le esta entregando un pedazo de papel con el numero veintitrés escrito con su propia letra.
- Por aquí por favor, - logra decir mientras toma su número y mantiene la puerta abierta para ella, ella mueve la cabeza ligeramente como agradecimiento y el lobby zumba de susurros antes de que la puerta se termine de cerrar tras ellos.
*
El teatro es enorme y decorado, con hilera tras hilera de butacas de terciopelo rojo, orquesta, mezzanine y balcón extendiéndose a partir de un escenario desnudo en una cascada roja. Esta vacio excepto por dos personas sentadas aproximadamente a diez hileras del escenario. Chandresh Christophe Lefêvre se sienta con los pies descansando en la butaca del frente, Mme. Ana Padva se sienta a su derecha sacando un reloj de su bolso mientras tata de contener un bostezo.
Marco aparece por un lado del escenario con la joven de vestido verde siguiéndolo de cerca, el señala para que se ubique en el centro del escenario, incapaz de quitarle los ojos de encima al anunciarla al teatro casi vacío.
-Numero veintitrés- dice antes de descender las pequeñas escaleras de proscenio y acomodarse en la primera fila con la pluma puesta en su libreta abierta. Mme. Padva la mira y sonríe regresando su reloj a su bolso.
-¿Que es esto?- pregunta Chandresh, sin dirigirse a nadie en particular, la joven no responde.
- Ella es el numero veintitrés, - Marco respite, revisando sus notas para asegurarse de que sean certeras.
- Esta audición es para ilusionistas , mi querida niña,- Chandresh dice, muy fuerte, su voz haciendo eco en el cavernoso espacio.- Magos, hechiceros, etcétera, no necesitamos de lindas asistentes esta vez.
- Soy una ilusionista, señor, - dice la joven con voz baja y calma.- Estoy aquí para sus audiciones.
-Ya veo. - Dice Chandresh con el seño fruncido al mirar a la joven muy despacio de la cabeza a los pies, ella se mantiene inmóvil en el centro del escenario pacientemente, como si estuviera esperando esa reacción.
- ¿Hay algún problema con eso? - Pregunta Mme. Padva.
-No estoy completament seguro de que sea apropiado.- Dice Chandresh mirando a la joven pensativo.
-¿Después de tanto alabar a la contorsionista?
Chandresh hace una pausa sin dejar de mirar a la joven en el escenario , aunque en comparación es elegante, no pareciera tener nada particularmente inusual.
- Esto es diferente.- Es lo único que puede decir como respuesta.
-¿De verdad Chandresh? deberíamos por lo menos dejarla mostrarnos sus habilidades antes de discutir si es apropiado tener una ilusionista.
-Pero sus mangas son demasiado grandes para esconde cosas.
En respuesta, la joven desabotona su chaqueta de mangas abultadas y la tira sin ceremonia en el escenario a sus pies, su vestido no tiene mangas ni tirantes, dejando sus hombros y brazos completamente desnudos excepto por una larga cadena de plata que parece ser un guardapelo , entonces se quita los guantes y los tira a un lado de su chaqueta, Mme. Padva le da a Chandres una mirada mordaz con un suspiro.
- Muy bien, adelante. - Chandresh dice haciendo un vago ademán a Marco.
-Si señor, - dice Marco volviéndose para dirigirse a la joven.- Tenemos algunas preguntas preliminares antes de la demostración practica, ¿su nombre, señorita?
-Celia Bowen.
Marco anota la respuesta en su libreta.
-¿Su nombre artístico?
- No tengo nombre artístico, - dice Celia y Marco anota también eso.
- ¿Ha actuado profesionalmente?
- Nunca antes había actuado profesionalmente. - Al decir esto Chandres se mueve para decir algo pero Mme. Padva lo detiene.
-¿ Entonces con quien estudio?- Dice Marco.
- Con mi padre, Héctor Bowen.- Responde Celia, luego de un momento añade.- Aunque quizá es mas conocido como Prospero el hechicero.
Marco tira su pluma.
-¿Prospero el hechicero?- Chandresh quita sus pies de la butaca del frente y se inclina a delante mirando a Celia como si viera a una persona completamente diferente.
- ¿Tu padre es Prospero el hechicero?
- Fue,- corrige- el... falleció el año pasado.
- Lamento escuchar eso . querida, - dice Mme. Padva, pero, ¿Quien, te suplico me digas, es Prospero el hechicero?
- Nada mas el mejor ilusionista en generaciones,- dice Chandresh,- solía agendarlo cada vez que podía poner mis manos en el, hace años. Absolutamente brillante, asombraba completamente a cada audiencia, nunca he visto a nadie que se le compare, nunca.
-El estaría encantado de escuchar eso, señor. - Celia dice, sus ojos miran brevemente a la ensombrecida cortina al lado del escenario.
- Así se lo dije, aunque no lo he visto por años, nos pusimos muy borrachos en un bar hace algunos años y el empezó con algo de empujar los limites de lo que el teatro puede ser, inventar algo mas extraordinario, probablemente el hubiera amado esta empresa, es una maldita pena.- suspira y sacude la cabeza.- Bueno, empiece entonces.- Dice recargándose otra vez en su asiento y mirando a Celia con mucho interés.
Con la pluma en mano Marco regresa a su lista de preguntas.
-¿E... es capas de presentarse sin estar en un escenario?
- Si.
- ¿Sus ilusiones pueden ser vistas desde todos los ángulos?
Celia sonríe.- Están buscando a alguien que pueda actuar en medio de una multitud?- Le pregunta a Chandresh, el asiente. - Ya veo.- Dice Celia , entonces tan súbitamente, que parece que no se mueve, toma su chaqueta del suelo y la lanza a los asientos donde, en lugar de caer, se eleva y se dobla a si misma, en un parpadeo los pliegues de seda se convierten en brillantes plumas negras, largas alas se baten y es imposible decir en que momento es completamente un cuervo y no mas ropa, el cuervo vuela sobre los asientos de terciopelo rojo hacia los balcones donde da curiosos círculos.
- Impresionante.- Dice Mme. Padva.
- A menos que lo tuviera oculto en esas gigantescas mangas.- Murmura Chandresh, en el escenario Celia se acerca a Marco.
-¿Me prestaría eso por un momento?- Le pide señalando su libreta. El duda antes de dárselo.
-Gracias,- dice y regresa al centro del escenario.
A penas mira la lista de preguntas escritas en precisa manuscrita antes de lanzar la libreta en el aire donde se convierte de orilla a orilla en un borrón de papel volante transformándose en una paloma blanca moviendo sus alas y tomando vuelo en un giro al rededor del teatro. El cuervo grazna en su lugar desde el balcón.
-¡HA!- Exclama Chandresh a la expresión de Marco y a la paloma.
La paloma vuela de regreso a Celia posándose suavemente en su mano estirada, le acaricia las alas y la vuelve a soltar al aire, se levanta solo unos metros del suelo sobre sus cabezas y las alas son papel otra vez y cae rápidamente , Celia lo atrapa rápidamente con una mano y lo regresa a Marco, cuya complexión es un par de tonos mas pálida.
-Gracias.- Dice Celia con una sonrisa, Marco asiente con la cabeza distraídamente sin verla a los ojos y regresando rápidamente a su rincón.
-Maravilloso, simplemente maravilloso, - dice Chandresh- esto podría funcionar, esto definitivamente podría funcionar.- Se levanta de su asiento y se mueve por el pasillo deteniéndose pensativo en el pozo de la orquesta al pie de las luces del piso.
- Ahora es el asunto de su vestuario.- Dice Mme. Padva le dice desde su lugar. - Solo había considerado vestidos formales, pero un vestido similar al que trae podría funcionar, supongo.
- ¿Qué clase de vestuario necesita?- pregunta Celia.
- Tenemos un esquema de colores para trabar, querida, o ausencia de el , mas bien, nada mas que blanco y negro, pero en ti un vestido completamente negro parecería un poco funerario.
- Ya veo.- Dice Celia.
Mme. Padva se mueve al pasillo donde Chandresh camina, le susurra algo al oído y el vuelve a consultar con ella quitando los ojos de Celia por un momento, nadie esta mirando a excepción de Marco mientras permanece inmóvil en el escenario esperando pacientemente, muy despacio su vestido empieza a cambiar.
Empezando por el cuello y escurriéndose como tinta la seda verde se transforma a algo turbio, luego a negro media noche. Marco jadea , Chandresh y Mme. Padva voltean justo a tiempo para atestiguar como el negro se convierte en blanco como la nieve brillante en lo bajo de su falda hasta que toda evidencia de que el vestido fuera verde se pierde.
-Bueno, eso hace mi trabajo mucho mas fácil.- Dice Mme. Padva aunque no puede ocultar el encanto en sus ojos.- Aunque me parece que quizá el color de tu pelo es demasiado claro. Celia sacude la cabeza y sus rizos se tornan mas oscuros hasta ser tan negros como las alas del cuervo.
-Maravilloso.- Dice Chandresh casi para si mismo.
Celia sonríe solamente. Chandresh salta al escenario subiendo de dos en dos los escalones, e inspecciona a Celia de todos los ángulos.
- ¿Puedo? - pregunta antes de tomar cuidadosamente la tela de su falda, Celia mueve la cabeza aprobándolo, la seda es innegablemente blanca y negra, la transición entre ambos de sutiles tonos grises, fibras distintas en la oleada.
- ¿Qué le pasó a su padre si no le importa que le pregunte?- pregunta Chandres sin desviar su atención de la tela.
- No me molesta, uno de sus trucos no salió como lo planeaba.
-Es una maldita pena,- dice retirándose.- Señorita Bowen, estaría interesada en una, de alguna manera única, oportunidad de trabajo?
Truena los dedos y Marco se aproxima con su libreta deteniéndose a unos pasos de Celia, su mirada va de su cabello al vestido y de regreso, deteniéndose considerablemente en medio. Antes de que pueda responder un graznido resuena por el teatro y viene del cuervo que sigue posado en el balcón mirando curioso la escena frente a el.
- Un momento. - Dice Celia, levanta la mano en un delicado gesto al cuervo, en respuesta grazna otra vez y extiende sus largas alas tomando vuelo aproximándose al escenario , ganando velocidad al acercarse, desciende rápidamente en picada dirigiéndose directamente a Celia sin titubear o detenerse alcanza el escenario aproximándose a toda velocidad, Chandres se aleja de un salto asustado, casi cae sobre Marco cuando el cuervo se estrella en un remolino de plumas contra Celia.
Entonces desaparece. Ni una sola pluma queda y otra vez Celia esta usando su chaqueta de abultadas mangas bien abotonada sobre su vestido blanco y negro. En el frente de la orquesta Mme. Padva aplaude, Celia hace una reverencia aprovechando para tomar sus guantes del piso.
-Es perfecta, - dice Chandresh sacando un cigarro de su bolsillo,- absolutamente perfecta.
- Si, señor.- dice marco tras él, la libreta en su mano tiembla ligeramente.
*
Los ilusionistas en el lobby protestan cuando se les agradece su tiempo y amablemente se les despide.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Horología. Munich 1885
Herr Friederick Thiessen recibe una visita inesperada en su taller de Múnich, un ingles de nombre Ethan Barris, el señor Barris admite que ha tratado de rastrearlo por algún tiempo después de admirar varios relojes cucú hechos por Thiessen, y fue orientado en la dirección correcta por un comerciante local.
El señor Barris pregunta si Herr Thiessen estaría interesado en hacer un reloj especial por comisión, herr Thiessen tiene un flujo constante de trabajo y le dice al señor Barris de esto , señalando una repisa llena de variantes del tradicional reloj cucú que van de lo simple a lo ornamentado.
-No estoy seguro de que entienda , Herr Thiessen, esta será una pieza de un espectáculo, una curiosidad, sus relojes son impresionantes, pero lo que le estoy pidiendo podría ser algo verdaderamente sobresaliente, das Maisterwerk. Y el dinero no es en absoluto un problema.
Ahora intrigado, Herr Thiessen pregunta las especificaciones y detalles, le dan muy pocas, algunas limitando el tamaño, aunque es bastante grande, y que debe ser pintado solamente en blanco, negro y tonos grises, mas allá de eso , la construcción y los afeites quedarán en sus manos, licencia artística, dice el señor Barris, de "ensueño" es la única palabra que usa para describirlo específicamente.
Herr Thiessen acepta y ambos se dan la mano, el señor Barris dice que estarán en contacto y algunos días después es enviado un sobre con una excesiva cantidad de dinero, una fecha para que el reloj sea terminado, que esta a unos meses de distancia y una dirección en Londres a donde deberá ser enviado. Le toma casi el total de esos meses a Herr Thiesen acabar el reloj, casi no trabaja en nada mas, aunque la suma de dinero envuelta en el trato hace eso mas manejable. Pasa semanas en el diseño y lo mecánico, contrata un asistente para terminar algo de la carpintería básica pero se hace cargo personalmente de los detalles; Herr Thiessen ama los detalles y ama un reto. Balancea todo el diseño en una palabra en especifico que uso el señor Barris, de ensueño.
Terminado el reloj es resplandeciente, a primera vista es un simple reloj, un reloj negro muy grande con carátula blanca y péndulo plateado, bien hecho, obviamente, con intrincadas terminaciones en madera labrada y una carátula perfectamente pintada, pero solo un reloj. Pero eso es solo antes de ser encendido, antes de que empiece a hacer tic- tac y su péndulo se meza estable y balanceado. Entonces, entonces se convierte en otra cosa.
Los cambios son lentos, primero el color de la caratula cambia de blanco a gris y entonces hay nubes que flotan a cruzándolo hasta llegar al otro lado, mientras tanto, piezas del cuerpo del reloj se expanden y contraen, como piezas de un rompecabezas, como si el reloj se desmoronara despacio y grácilmente. Todo esto toma horas.
La caratula del reloj se tiñe de un gris mas oscuro y luego negra, con titilantes estrellas donde los números estaban previamente, el cuerpo del reloj que ha estado metódicamente saliendo de si mismo y expandiéndose ahora son sutiles tonos grises y blancos, y no son solo piezas, son figuras y objetos, flores y planetas perfectamente tallados y pequeños libros con hojas que se mueven, hay un dragón plateado que se acurruca al rededor del ahora visible mecanismo del reloj, una diminuta princesa en una torre tallada quien camina angustiada esperando a su ausente príncipe, teteras que se vierte en tasitas y minúsculos rizos de vapor se elevan de ellas cuando se marcan los segundos, regalos envueltos que se abren, pequeños gatos persiguen pequeños perros , un juego de ajedrez entero es jugado.
En el centro, donde en un reloj mas tradicional se encontraría un ave cucú , hay un malabarista, vestido como un arlequín con una mascara gris, hace malabares con brillantes pelotas plateadas y cada una corresponde a cada hora. mientras el reloj suena una bola se une a las otras hasta que a media noche el malabarista tiene doce pelotas en un patrón complejo.
Después de la media noche el reloj se vuelve a plegar en si mismo, la caratula se aclara y las nubes regresan y el numero de pelotas del malabarista disminuye hasta que el malabarista mismo desaparece, al medio día es un reloj otra vez, no mas un sueño.
Algunas semanas después de que es enviado recibe una carta del señor Barris, ofreciendo su sincero agradecimiento y sorprendiéndose de su ingenuidad. " Es perfecto", escribe, la carta es acompañada de otra exorbitante cantidad de dinero, suficiente para que Herr Thiessen se retirara confortablente si así lo deseara, pero no es así y continua haciendo sus relojes en su taller en Munich. Ya no piensa mas en ello, solo un pensamiento pasajero de como estará funcionando el reloj y donde podría estar, ( aunque asume, erróneamente, que permanece en Londres), particularmente cuando esta trabajando en un reloj que le recuerda al reloj wunschtraum , como se refiere al reloj durante las partes mas problemáticas de su construcción, sin saber si podrá o no realizar ese sueño. No sabe del señor Barris más allá de esa carta.
Etiquetas:
Erin Morgestern. Traduccion Haide Ruiz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
