miércoles, 25 de diciembre de 2013

Colaboraciones. Septiembre - Diciembre 1893.


      Marco llega a la oficina en Londres del señor Barris  algunos minutos antes de su cita programada, sorprendido de encontrar  el espacio normalmente ordenado en casi un alboroto, lleno de cajones a medio llenar y montones de cajas, el escritorio no es visible, enterrado bajo el caos.

          - ¿Ya es tan tarde? - Pregunta el señor Barris cuando marco toca a la puerta abierta, un capas de entrar por no haber espacio en el suelo. - Debí dejar el reloj afuera, esta en alguno de esos cajones. - señala una línea de cajones de madera en el muro, aunque si en alguno de ellos suena un reloj es imposible decirlo - Pretendo  hacer un sendero también.- añade, haciendo cajas a un lado  y tomando pilas de planos enrollados.

             - Lamento interrumpir.- Dice Marco.- Quería hablar  con usted antes de que deje la ciudad. Pude haber esperado a que se asentara otra vez, pero pensé que era mejor discutir el asunto en persona.

             - Por supuesto, quería darte las copias de respaldo que tengo del circo. Están por aquí en algún lugar.- revisa una pila de planos , revisando etiquetas y fechas.

             La puerta de la oficina se cierra cayada y sin ser tocada.

             - ¿Le puedo preguntar algo señor Barris?

            - Claro, - dice el señor Barris, revisando rollos de papel.

            - ¿Qué tanto sabe?

             El señor Barris baja los rollos que sostiene y voltea, subiendo sus lentes por el puente de su nariz para ver mejor la expresión de Marco.

            - ¿Qué tanto se de que?- pregunta después de que la pausa se prolongue demasiado.

            -¿Que tanto le ha dicho la señorita Bowen? - Marco  pregunta en respuesta.


             El señor Barris lo mira con curiosidad un momento antes de hablar.

            - Tu eres su oponente, - dice , una sonrisa se extiende en su cara cuando Marco asiente.- Nunca lo hubiera adivinado.

            - Le dijo acerca de la competencia.

            - Solo en términos básicos. Ella vino a mi hace varios años y pregunto qué diríra si ella fuera a decirme que  todo lo que hace es real. Le dije que tendría que creerle o suponerla una mentirosa, y  nunca soñaría  que tan adorable dama fuera una mentirosa. Y entonces ella pregunto que podría diseñar si no tuviera constantes como la gravedad  de las que preocuparme, ese fue el inicio del carrusel, pero imagino que ya lo sabia usted.

             - Algo así asumía, aunque no estaba seguro de hasta que punto estaría usted envuelto.

             - Estoy en posición de ser bastante útil, como yo lo veo. Creo que los magos usan ingenieros para hacer que sus trucos parezcan algo que no son. En este caso , proveo un servicio opuesto, ayudando a que la magia real  parezca ser una ingeniosa construcción, la señorita Bowen lo llama aterrizarlo , haciendo lo increíble creíble .


              -¿ Ella tuvo algo que ver con el observatorio  estelar?
  
              - No, el observatorio estelar es puramente mecánico, te puedo mostrar los planos estructurales si puedo encontrarlos en este desorden, fue inspirado en un viaje a la exposición de Columbia en Chicago a inicios de año, la señorita Bowen insistió en que no había forma de mejorarlo, aunque sospecho que podría tener algo que ver en que siga funcionando correctamente.


               - Es un mago  en su propio modo , señor.


                - Quizá simplemente hacemos cosas similares en diferentes formas, he pensando , conociendo a la señorita Bowen y a su oponente escondido entre las sombras en algún lugar, que quien quiera que fuere, no estaba en necesidad de mi asistencia, los animales de papel son sorprendentes, por ejemplo.

             - Gracias, he improvisado  bastante tratando de inventar  carpas que no necesiten planos.

            - ¿Por eso estas aquí?- Pregunta el señor Barris.- ¿Por algo que requiere de la variedad con planos?

             - Principalmente, quería estar seguro de que supiera del juego, - dice Marco,- podría hacer que olvide toda esta conversación, sabe.

             - Oh, no hay necesidad de tal precaución, - dice el señor Barris con un vehemente movimiento de cabeza. - Le aseguro que soy capaz de permanecer neutral. No me gusta tomar partidos,  les ayudaré  a usted o a la señorita Bowen tanto o tan poco  como cada uno prefiera y no revelaré nada al otro que me digan que deba permanecer confidencial. No diré una sola palabra a nadie del asunto. Puede confiar en mi.

          Marco endereza una tambaleante pila de cajas considerando el asunto.

          - Muy bien, - dice. - Aunque debo admitir, señor Barris, que estoy sorprendido de la aceptación  que tiene de todo esto.

            El señor Barris ríe en respuesta.

           - Admito que ustedes, por lo menos son parecidos, el mundo es un lugar mas interesante de lo que pude haber imaginado cuando fui a esa primera cena de media noche. Eso es porque la señorita Bowen puede animar una creatura de madera en un carrusel o porque usted puede manipular mi memoria o porque el circo mismo puede forzar los limites de lo que soñé posible, ¿Aun antes de que pensara el verdadero significado lo que es en realidad la magia? No podría decirlo. Pero no lo cambiaria por nada.

           -¿ Y guardará mi identidad de la señorita Bowen?

          - No le diré, tiene mi palabra.

          - En ese caso, - dice Marco,-  agradecería su ayuda con algo.


                                       *

            Cuando la carta llega,  el señor Barris teme por un momento que la señorita Bowen este molesta por el giro de los eventos, o pregunte quién es su oponente,  ella podría haberlo adivinado fácilmente,  ya que el mismo ahora lo sabe.

             Pero cuando abre el sobre, la nota que contiene solo dice:

           ¿Puedo añadirle algo?

          Le escribe  respondiendo para informarle que ha sido diseñado específicamente para ser manipulado por cualquiera, así que ella  puede añadir lo que desee.

                                                                *

             Celia camina por un corredor lleno de nieve, brillantes copos que se quedan en su cabello y cuelgan de la orilla de su vestido, extiende su mano, sonriendo mientras los cristales se disuelven en su piel.

            En el corredor hay una línea de puertas, y ella elige una justo al final, dejando tras ella un aliento de nieve derretida al  entrar en una habitación  donde se debe agachar para evitar chocar con la cascada de libros suspendidos del techo, paginas abriéndose de golpe en congeladas olas.


          Estira una mano para pasarla por el papel, la habitación entera se mese  gentilmente con el movimiento de cada pagina. Le toma un rato encontrar otra puerta, escondida en un rincón oscuro, y ríe cuando sus botas se hunden en la suave arena que llenan la siguiente habitación.


          Celia se encuentra en un brillante y blanco desierto con un centelleante cielo negro  alargándose en todas direcciones, la sensación de espacio es tan vasta que debe poner su mano al frente para para encontrar el muro  escondido en las estrellas y sigue siendo  una sorpresa cuando sus dedos chocan con la solida superficie.  Encuentra su camino tocando las paredes salpicadas de estrellas, buscando en el perímetro otra salida.

          - Esto es aborrecible, - la voz de su padre dice, aunque ella no puede verlo en la poca luz, - se supone que deben trabar por separado, no es esta ... esta perversa yuxtaposición . Te he advertido sobre las colaboraciones, no es la forma correcta de exhibir  tus habilidades.

          Celia suspira.

        - Me parece que es muy astuto. ¿Qué mejor manera de competir que dentro de la misma carpa? Y no puedes llamarla en justicia colaboración. ¿Cómo puedo  colaborar con alguien cuya identidad ni siquiera conozco?

          Solo alcanza a ver un poco su cara mirándola cuando se da la vuelta, regresando su atención al muro.

         - ¿Cuál es superior entonces? ¿Una habitación llena de libros o una de arena? ¿ Si quiera sabes cual es mía? Esto se esta haciendo cansado papá. Mi oponente claramente posee habilidades comparables, ¿Cómo vas a determinar un ganador?


          - Eso no es de tu incumbencia.- La voz de su padre sisea, mas cerca de ella de lo que le gustaría. - Eres una decepción, esperaba algo mejor de ti, necesitas hacer más.

          - Es agotador hacer más.- Celia protesta.- A penas puedo controlar esto.

         - No es suficiente.

         - ¿Cuándo será suficiente?- Celia pregunta pero no hay respuesta y se queda sola entre las estrellas.

         Se hunde en el suelo, tomando un puño de blanca arena aperlada y dejándola caer lentamente entre sus dedos.


                                                     *


           A solas en su departamento Marco construye pequeñas habitaciones de recortes de papel. Corredores y puertas hechas de páginas de libros y pedazos de planos, piezas de tapiz y fragmentos de cartas.

          Compone cámaras que llevan a otras que Celia ha creado. Escaleras que suben por sus muros.


          Dejando espacios abiertos para que ella responda.



     
           

martes, 17 de diciembre de 2013

Rêveurs, 1891 - 1892



              Herr Friederick Thiessen recibe la tarjeta en el correo, un simple sobre entre sus propagandas y correspondencia de negcocios, el sobre no contiene ni  cartas ni notas, una simple tarjeta negra de un lado y blanca del otro. "Le Cirque des Reves" esta impreso en tinta plateada. En el reverso escrito a mano con tinta negra sobre blanco , se lee:

                                             Septiembre veintinueve,
                                   justo fuera de Dresden,  Sajonia.

              Herr Thiessen a penas puede contener su alegría, hace arreglos con sus clientes, termina sus relojes en proceso  en tiempo record, asegura la renta a corto plazo de un piso en Dresden. Llega a Dresden el 28 de septiembre, y pasa  el día vagando por  las afueras de la cuidad, preguntándose donde se pondrá el circo, no hay indicación de su próximo arribo, solo una ligera electricidad en el aire, aunque Herr Thiessen no sabe si alguien, a excepción de si mismo, puede sentirlo, se siente honrado de haber sido notificado.


            En septiembre 29, duerme, anticipando la noche de desvelo que le espera, cuando deja su piso temprano en la tarde busca algo para comer, las calles ya están zumbando con las nuevas, un extraño circo apareció por la noche, justo al oeste de la ciudad. Es algo colosal, con carpas a rayas, dicen cuando llega a un bar, Nunca se había visto algo así, Herr Thiessen permanece silencioso sobre el asunto, disfrutando la emoción y curiosidad a su alrededor.

           Poco antes de que se ponga el sol, Herr Thiessen se dirige al oeste, encontrando el circo fácilmente pues hay una multitud reuniéndose afuera, mientras espera  con la multitud, se pregunta como hace el circo para instalarse tan rápidamente. Esta seguro  de que el terreno en el que ahora esta, como si siempre hubiera estado ahí, ha estado vacío el día anterior cuando camino al rededor de la cuidad. El circo simplemente se ha materializado, como magia , escucha a alguien decir, y Herr Thiessen tiene que coincidir.


          Cuando por fin se abren las puertas, Herr Friederick Thiessen siente como si regresara a casa después de una prolongada ausencia. Pasa cada noche ahí , y durante el día se sienta en su piso rentado o en un bar con un vaso de vino y su diario y escribe sobre el circo. Paginas y paginas de observaciones, relatando sus experiencias, principalmente para no olvidarlas, pero también para capturar algo del circo en papel, algo a lo que pueda aferrarse.

         Ocasionalmente conversa sobre el circo con sus compañeros comensales en el bar, uno de ellos es un hombre que edita el periódico de la ciudad, y después de varios vasos de vino y algo de persuasión consigue que  Friederick le muestre su diario, después de uno o dos bourbon, convence a Friederick de permitirle publicarlo en el periódico.


            El circo deja Dresden a finales de octubre, pero el editor del periódico cumple su palabra. El articulo es bien recibido, y seguido de otro y luego de otro.


           Herr Thiessen continua escribiendo, y en los meses siguientes algunos de los artículos son reimpresos en otros periódicos alemanes y eventualmente son traducidos e impresos en Suiza, Dinamarca y Francia. Un articulo llega a Londres, impreso bajo el titulo "Noches en el circo".


            Son estos artículos los que hacen a Herr Friederick Thiessen el líder no oficial, el testaferro, de aquellos mas ardientes seguidores del circo.


          Algunos son presentados a Le Cirque des Rêves  a través de sus escritos, mientras otros sienten una conexión instantánea con el al leer sus palabras, una afinidad por este hombre que experimenta el circo como ellos lo hacen, como algo maravilloso e inimitable. Algunos lo buscan, y las reuniones y cenas que le siguen anuncian la formación  de una suerte de asociación , una sociedad de amates del circo. El titulo de   rêveurs empieza como una broma, pero se queda, asegurada por su propiedad.


         Herr Thiessen disfruta esto inmensamente, empieza rodeado de  espíritus similares por toda Europa, y ocasionalmente aun de mas lejos, quienes discuten del circo eternamente. Transcribe las historias de otros rêveurs  para incluirlos en sus escritos. Construye unos pequeños relojes de recuerdo para ellos capturando sus actos o presentaciones favoritos. (Uno de esos es una maravilla de pequeños acróbatas voladores en listones, hecho para una joven mujer que pasa muchas de sus horas en el circo en esa enorme carpa, mirando arriba.) 


        Incluso, de algún mondo sin querer, empieza una tendencia en moda entre los rêveurs . Inicia en una cena en Múnich - Donde muchas de las cenas son ofrecidas cerca de su casa, aunque  también se ofrecen en Londres y Paris e incontables lugares también - a las que cuando asiste el circo prefiere vestir un abrigo negro, para fundirse mejor con sus alrededores  y sentirse parte del circo. Pero con esto, también usa una bufanda de un rojo brillante, para distinguirse de el también, como recordatorio  de que en su corazón es un espectador, un observador.

            Rápidamente corren las noticias en tan selectos círculos, y así inicia  la tradición de los rêveurs   de asistir a Le Cirque des Rêves  vestidos de negro, blanco o gris con un solo detalle en rojo: una bufanda o un sombrero, si el clima es cálido ,  una rosa roja en el ojal  o de tras de la oreja, también es muy útil para localizar otros rêveurs , como una simple señal para aquellos que saben.

          Hay algunos que tienen los medios,  y aún algunos  que no  pero creativamente se las ingenian para seguir al circo de lugar en lugar, no hay  un itinerario fijo que sea de dominio público, el circo se mueve de cuidad en ciudad después de algunas semanas, con el ocasional descanso extendido, y nade sabe con certeza  donde podrían aparecer  hasta que las carpas son erigidas en un terreno en la cuidad o pueblo o algún lugar en medio.

         Pero hay pocas personas, selectos rêveurs  que están familiarizados con el circo y sus métodos, que han hecho amable conocimiento  con los individuos adecuados y son notificados de las siguientes ubicaciones, y en su turno comunican  a otros, en otros países o ciudades.


          El método mas común es sutil y funciona en persona y por correo. Mandan cartas, pequeñas, rectangulares, muy parecidas a las postales, eso puede variar pero siempre son negras de un lado y blancas del otro, algunas son verdaderas postales, otros eligen hacerlas por si mismos, las tarjetas simplemente dicen:


                               Viene el circo...

 y enlista las ciudades. Algunas veces hay una fecha, pero no siempre. El circo funciona mas en aproximación que en detalles exactos. Pero la notificación de la ciudad es frecuentemente suficiente. La mayoría de los rêveurs  tienen una base y prefieren no viajar demasiado lejos, rêveurs  que  llaman a Canadá hogar, podrían no poder viajar a Rusia, pero fácilmente pueden hacer largas visitas a Boston o Chicago, mientras que aquellos en Marruecos, pueden viajar a varios destinos en Europa pero quizá no llegar a China o Japón.



              Algunos, también, siguen al circo a donde quiera que valla, por dinero o suerte o múltiples favores de otros rêveurs . Pero todos son rêveurs , cada uno en su propia forma, aún aquellos que solo pueden ver el circo cuando va a ellos, y no al revés , sonríen cuando se encuentran, se reúnen en bares locales para tomar y charlar mientras esperan impacientemente a que se ponga el sol.


          Son estos aficionados, estos rêveurs , que ven los detalles en el gran cuadro del circo, ven el matiz de los disfraces , lo intrincado de los letreros. Compran flores de azúcar y no las comen, las envuelven en papel y cuidadosamente las llevan a casa, son entusiastas, devotos, adictos, algo en el circo remueve sus almas, y lo añoran cuando esta ausente.

          Se buscan unos a otros, esta gente de tan especifico gusto. Se cuentan como encontraron el circo, como esos primeros pasos fueron como magia. Como entrar en un cuento de hadas bajo una cortina de estrellas. Pontifican lo esponjoso de las palomitas de maíz, la dulzura del chocolate, pasan horas discutiendo  la calidad de la luz, el calor de la hoguera, se sientan con sus tragos sonriendo como niños y gustan  de estar rodeados de almas gemelas, así sea solo por una tarde, cuando parten, se dan la mano y se abrazan  como viejos amigos, aun si a penas se conocieron, y cuando se van por caminos separados siempre se sienten menos solos de lo que se sentían antes.


         El circo sabe de ellos y los aprecia. Frecuentemente  alguien  se aproxima a la taquilla con abrigo negro  y bufanda roja será admitido sin pagar la entrada, o recibirá una bolsa de palomitas de maíz o un tarro de cidra gratis. Artistas que los ven entre la audiencia harán sus mejores trucos. Algunos de los rêveurs vagan continuamente en el circo, metódicamente  visitando cada carpa, viendo cada actuación, otros tienen sus puntos favoritos  y rara vez los dejan, escogiendo pasar la noche entera en el Menagerie o en la casa de los espejos, son los que se quedan por mas tiempo, en las pocas horas cuando la mayoría de los visitantes han ido a buscar sus camas. Frecuentemente antes del amanecer, no es posible ver color en Le Cirque des Rèves a excepción de los pequeños manchones rojos.


                                                              *


               Herr Thiessen recibe docenas de cartas de otros rêveurs , y responde a todas. Mientras algunas permanecen como las únicas, satisfechos con una sola respuesta, otras evolucionan en intercambios mas largos, colecciones de conversaciones vivas.


              Hoy responde una carta que encuentra particularmente intrigante. El autor escribe  sobre el circo de manera particularmente especifica . Y la carta es mas personal que la mayoría, enviando sus pensamientos en su escritura, observaciones  sobre su reloj   Wunschtraum  con gran nivel de detalle que requerirían horas de observación. Lee la carta tres veces antes de sentarse en su escritorio a escribir su respuesta.

             El sello postal es de Nueva York, pero no reconoce la firma como de ningún rèveur  que haya conocido en esa o ninguna otra ciudad.


               Querida señorita Bowen,  empieza.

              Espera recibir otra carta como respuesta.

            

          














domingo, 15 de diciembre de 2013

Atmosfera, Septiembre 1891, Londres.



          El circo ha llegado a Londres, el tren arriba  justo al anochecer sin llamar la atención. Los carros del tren se colapsan, puestas y vestíbulos se deslizan  silenciosamente formando  cadenas de  cuartos sin habitaciones. Lonas a rayas se desenrollan al rededor, cuerdas se desenredan y se tensan y plataformas se ensamblan solas entre cortinas  cuidadosamente dobladas.

            (La compañía asume que hay un equipo que hace todo eso mientras descargan sus baúles, aunque algunos aspectos de la transición  son claramente automáticos. Esto fue una vez así, pero ahora no hay equipo, no hay tramoyistas moviendo pedazos de escenario a sus lugares, ya no son necesarios.)

            Las tiendas están en silencio y oscuras, pues el circo no estará abierto sino hasta la siguiente tarde. Mientras la mayoría de los actores pasan la noche en la ciudad visitando a viejos amigos  y sus bares favoritos, Celia Bowen se sienta sola en su habitación tras bambalinas. Su habitación es modesta en comparación  a otras escondidas tras las carpas del circo, pero esta llena de libros y muebles muy usados, dispares velas consumiéndose alegres en cada superficie disponible, iluminando a las durmientes palomas en sus jaulas colgadas entre cortinas ricas en color de tapicería, un santuario acogedor, cómodo y tranquilo.

           Alguien toca a la puerta y es una sorpresa.

           - ¿Así es como pretendes pasar tu noche entera?- Tsukiko pregunta, mirando el libro que Celia tiene en las manos.

           - ¿Entiendo que me vas a proponer una alternativa?- Pregunta Celia. La contorsionista no la visita frecuentemente con el único propósito de visitarla.

          - Tengo un compromiso social, y pensé que podrías acompañarme, pasas demasiado tiempo sola.

           Celia intenta protestar, pero Tsukiko es insistente, tomando uno de los mejores vestidos de Celia, uno de los pocos con algo de color, uno de terciopelo de un azul profundo adornado con dorado pálido.

           -¿A donde vamos?- Pregunta Celia pero Tsukiko se niega a contestar, es muy tarde en la noche para que su destino sea el teatro ballet.

            Celia ríe cuando llegan a la mansión Lefêvre.

           -Pudiste haberme dicho. - Le dice a Tsukiko.

           - Entonces no hubiera sido una sorpresa.

           Celia solo ha ido a un solo evento a la mansión Lefévre , y fue mas bien una recepción antes del estreno del circo que una cena de media noche propiamente, pero a pesar de visitar la casa un puñado de veces entre la audición y la apertura del circo, se da cuenta de que ya conoce a cada uno de los invitados.

             Su llegada con Tsukiko es una sorpresa para el resto de ellos, pero es saludada cálidamente por Chandresh y llevada al recibidor con una copa de champagne en la mano antes de poder disculparse por su inesperada presencia.

            -Ve que sea puesto un lugar adicional para la cena.- Chandresh le dice a Marco, antes de llevarla a dar una vuelta por el cuarto para asegurarse de que todos la conozcan , Celia encuentra extraño que al parecer el no recuerda.

            Mme. Padva como siempre graciosa,  en su vestido  de un cálido color cobre como las hojas de otoño brillando a la luz de las velas, las hermanas Burgess y el señor Barris  al parecer ya han apuntado al hecho de que los tres  llevan tonos azules, un detalle no planeado, y  el vestido de Celia es citado simplemente como prueba de que debe estar de moda.

             Se menciona que hay otro  invitado que podría o no asistir, pero Celia no escucha su nombre.

            Se siente ligeramente fuera de lugar en esta reunión de gente que se conoce desde hace mucho,  pero Tsukiko la incluye en la conversación, y el señor Barris presta tal atención cada vez que ella habla que Lainie empieza a molestarlo por eso. Aunque Celia conoce bien  al señor Barris, encontrándose con el en numerosas ocasiones e intercambiando docenas de cartas, el hace un trabajo impresionante fingiendo ser solo conocidos.

          - Debiste ser actor.- Le susurra  cuando esta segura de que nadie puede oírla.

         - Lo se, - contesta sonando verdaderamente triste,- es una lastima que no atendiera a mi verdadera vocación.


          Celia nunca ha hablado con ninguna de las hermanas Burgess por mucho tiempo, Lainie es mas parlanchina que Tara,y hoy ella se entera en gran detalle los toques que ellas han dado al circo. Mientras que los disfraces de Mme. Padva y los aspectos de ingeniería son obvios, la marca de las Burgess es mas sutil, aunque permea casi en todos los aspectos del circo.

           Los aromas, la música, la calidad de la luz, hasta el peso de las cortinas de terciopelo en la entrada. Ellas han arreglado cada elemento para que parezca casual.

          - Nos gusta llegar a todos los sentidos.- Dice Lainie.

         - Algunos mas que otros.- Tara añade.

         - Cierto, - su hermana concuerda,- los aromas son  frecuentemente subestimados, cuando pueden ser tan evocativos.

        - Son brillantes con la atmosfera, - Chandresh señala a Celia al unirse a la conversación, cambiando su copa de champagne bacía por otra recién servida,- ambas son absolutamente brillantes.

         - El truco es hacerlo parecer como si nada fuera a propósito,- susurra Lainie.- para hacer que lo artificial se sienta natural.

         - Atar todos los elementos juntos. - Tara termina.

        Celia cree que dan el mismo servicio dentro dela presente compañía, Celia duda que esta reuniones pudieran continuar por tanto  tiempo después de que el circo empezara sin la risa burbujeante e infecciosa de las hermanas Burgess . Hacen las preguntas perfectas para mantener viva la conversación, alejando al aburrimiento. El señor Barris provee un contraste ideal, serio y atento, manteniendo la dinámica del grupo en balance.

         Un movimiento en la sala llama la atención de Celia, y mientras nadie mas hubiera notado la cantidad de velas o espejos por el reflejo, ella sabe de inmediato la causa. Entra en la sala sin ser notada, deslizándose fuera de la vista a la biblioteca oscura pasando el aparador, esta iluminada solo  por un panel de vidrio manchado alargándose en un brillante atardecer a lo largo del muro, mandando su calidez  por closets, repisas  y dejando el resto de la habitación en sombras.

         -¿No puedo tener una tarde para disfrutar sola sin que tu me sigas?- Celia murmura a la oscuridad.

          -No creo que compromisos sociales de este tipo sirvan para aprovechar tu tiempo, - su padre contesta, la luz del atardecer iluminando parte de su cara y el frente de su camisa en una distorsionada columna roja.

        - Tu no vas a dictar como paso cada momento de mi tiempo papá.

       - Estas perdiendo concentración.

       - No puedo perder mi concentración, entre nuevas carpas y embellecimientos, controlo activamente una parte significativa del circo. El cual esta cerrado por el momento, por si no lo has notado. Y es mejor que conozca a esta gente  para que pueda manipular mejor lo que ya han hecho, ellos lo crearon después de todo.

       -Supongo que ese es un punto valido. - Dice Héctor, Celia sospecha que la regaña a pesar de admitirlo, aunque esta muy oscuro para estar segura, - Pero harías mejor en recordar que no tienes razón de confiar en nadie en esa habitación.

         -Déjame en paz papá,- dice Celia y suspira.

        -¿Señorita Bowen?- una voz tras de ella dice y se da la vuelta sorprendida de encontrar al asistente de Chandresh en el umbral de la puerta mirándola, - La cena esta por empezar, si fuera tan amable de acompañar al resto de los invitados en el comedor.

        -Mil disculpas, - dice Celia, sus ojos se apresuran a las sombras pero su padre ha desaparecido, - me distrajo el tamaño de la biblioteca, no creo que nadie notara que no estaba.

        - Estoy seguro de que lo notaron, aunque yo mismo me he visto distraído por la biblioteca muchas veces.

        La encantadora sonrisa que acompaña esta afirmación toma a Celia fuera de guardia,  cuando Celia rara vez ve algo que no sean varios grados de reservada atención o un ocasional nerviosismo contenido.

        - Gracias por venir por mi. - Dice ella, esperando que los invitados a la cena estén hablando entre ellos pues la supuesta búsqueda de libros sin la ayuda de una luz apropiada no es una ocurrencia inusual en la mansión Lefèvre.

        -Sospecharan de que desapareciste en el aire, - Marco responde al caminar por el pasillo, - pensé que quizá ese no era el caso.- Mantiene la puerta abierta   y la acompaña al comedor. Celia esta entre Chandresh y Tsukiko.


          Esto es preferible a pasar la noche sola, ¿O no?- Tsukiko pregunta, sonriendo cuando Celia admite que es verdad.
          

           Mientras los platos pasan, cuando no  esta distraída por la sobresaliente calidad de la comida, Celia hace un juego al desifrar las relaciones entre los invitados, lee la forma en que interactúan, intuye emociones ocultas en la conversación y risas, descubriendo miradas duraderas.

           Chandresh mira a su guapo asistente y es mas obvio con cada vaso de vino, y Celia sospecha que el señor Alisdair esta bastante enterado de eso, aunque Marco permanece como una presencia callada en el fondo del salón.

            Le toma tres platos determinar cual de las Burgess es la favorita del señor Barris, pero para el momento en que  en los artísticamente arreglados platos, que al parecer tienen pichones sazonados con canela, aparecen, esta segura, aunque no puede decir si Lainie misma lo sabe.

            Mme. Padva es llamada Tante por la compañía entera, aunque se siente mas como una matriarca que una tía. Cuando Celia la llama "Madame", todos voltean a verla sorprendidos.

            - Tan propia para ser una chica del circo". Mme, Padva didce con un brillo en los ojos, - deberemos aflojar los lazos de ese corset  si pretendemos mantenerte como compañía en estas intimas cenas.

             - Espero que el corset se desate después de la cena, -Celia dice tímidamente, levantando un coro de risas.

             - Debemos mantener a la señorita Bowen como intima compañía  a pesar del estado de su corset. - Dice Chandresh,-Anota eso. - Añade, sacudiendo una mano a Marco.

             - El corset de la señorita Bowen esta debidamente anotado, señor. - Marco responde, y la risa estalla en la mesa otra vez.


             Marco descubre la mirada de Celia con una pequeña sonrisa antes de que voltee, desvaneciéndose en el fondo  otra vez casi tan fácilmente como su padre se desaparece en las sombras.

           El siguiente plato llega y Celia vuelve a escuchar y observar, y entre eso  trata de descubrir la carne disfrazada de pasta tan ligera como una pluma y la delicada salsa de vino es en realidad cordero o  algo mas exótico.


           Hay algo en el comportamiento de Tara que Celia encuentra preocupante, algo casi atormentado en su expresión que viene y va,  un momento ella esta activamente conversando , su risa hace eco de la de su hermana y al siguiente parece distante,  mirando a las velas derritiéndose.

            Solo cuando su riza hace eco que suena casi como un lamento, por un momento Celia se da cuenta que Tara le cuerda a su madre.

            El postre detiene la conversación por completo, globos de azúcar finamente soplada reposan en cada plato y debe romperse para poder tener acceso a las nubes de crema dentro.


           Después de la cacofonía de azúcar quebrándose, no le toma mucho a los comensales darse cuenta de que, aunque los globos parecen idénticos, cada uno de ellos ha sido presentado con un sabor único.


             Muchos comparten cucharadas, y mientras algunas son fácilmente reconocidas como jengibre con durazno o  curry de coco, otros permanecen como deliciosos misterios. El de Celia es claramente de  miel, pero con una mezcla de especias a demás del dulce  que nadie es capaz de descubrir.

             Después  de la cena la conversación continua en el café y brandi en el salón, hasta que llega una hora  en la que la mayoría de los invitados señala como tarde pero Tsukiko señala que es comparativamente temprano para las chicas del circo.

             Cuando empiezan a despedirse, Celia es abrazada como a cualquier otro, y le hacen varias invitaciones para tomar el té mientras el circo permanezca  en Londres.


             -Gracias, - le dice a Tsukiko cuando se van,-  lo disfrute mas de lo que esperaba.

             -Los mejores placeres son siempre los  inesperados.

                                                                         *


             Marco mira por la ventana a los invitados que se van, alcanza una ultima mirada de Celia  antes de que desaparezca en la noche.

               Hace una ronda entre el salón y el comedor y luego abajo a las cocinas para asegurarse de que todo esta en orden, el resto de los empleados ya se han ido. Apaga la ultima vela antes de subir varios pisos para revisar a Chandresh.

            - Brillante cena la de esta noche, ¿No crees?-  pregunta Chandresh cuando Marco llega a la habitación que ocupa todo el quinto piso, cada espacio iluminado por multitud de linternas marroquís  que producen sombras fracturadas en los opulentos muebles.

            - En verdad, señor.

            - Nada en la agenda para mañana, me parece, o mas tarde hoy, sea cual sea la hora.

            - Hay una reunión en la tarde sobre la agenda de la siguiente temporada de ballet

           - Ah , lo había olvidado, ¿Podrías cancelar eso?

           - Por supuesto señor, -dice Marco, tomando la libreta de su bolsillo y remarcando la petición.


          - Ah, y ordena una docena de botellas del brandy que Ethan trajo,  es maravilloso ese.


             Marco asiente y lo añade a sus notas.

            - No te vas a ir, ¿O si?- pregunta Chandresh.

            - No señor, me parece que es demasiado tarde para ir a casa.

            - "Casa", - Repite Chandresh, como si la palabra sonara extranjera, - Esta es tu casa, tanto como ese absurdo departamento  que insistes en mantener, es mucho mas incluso.


            - Deberé recordar eso  señor.

            - La señorita Bowen es una mujer adorable, ¿No lo crees?- Chandres señala de repente , volteando para ver la reacción a su pregunta.

           Tomado por sorpresa, Marco solo consigue formar algo que el espera que parezca su imparcial  conconrdancia de siempre.

             - Debemos invitarla a cenar siempre que el circo este en la ciudad, así podríamos llegar a conocerla mejor.-Chandresh dice intencionalmente, enfatizando la afirmación con una sonrisa satisfecha.

           - Si señor, - Marco dice, luchando por mantener su  expresión impasible,- ¿Es eso todo por esta noche?

           Chandresh ríe mientras lo despide con un gesto de la mano.

           Antes de retirarse a su cuarto, la habitación tres veces del tamaño de su departamento, Marco regresa tranquilamente a la biblioteca. Se queda por algún tiempo  en el lugar donde encontró  a Celia horas antes, analizando las repisas tan familiares y el muro de cristal manchado. No puede adivinar que pudo estar haciendo. Y no  nota los ojos que lo miran en las sombras.
        

sábado, 7 de diciembre de 2013

Anhelos y deseos. Mayo 1891, Paris.



                 Cuando la cortina de cuentas se abre con un sonido como de lluvia, es Marco quien entra a la cámara de la adivina, e Isobel retira inmediatamente el velo de su cara, la negra  seda imposiblemente delgada flota tras su cabeza como neblina.

           -¿Que haces aquí?- ella pregunta.

           - ¿Por que no me dijiste de esto? - ignorando su pregunta, sostiene una libreta abierta, en la titilante luz Isobel puede distinguir un árbol negro, no es como los arboles  que están escritos en tantos de sus cuadernos, este esta cubierto por blancas velas que se derriten, al rededor del árbol principal hay dibujos detallados de ramas que se tuercen , capturando varios ángulos.

             - Ese es el árbol de los deseos - dice Isobel- es nuevo.

             - Ya se que es nuevo, ¿Por que no me dijiste sobre el?

            - No he tenido tiempo de escribirte, y ni siquiera estaba segura de si era algo  que tu mismo habías hecho, parecía algo que tu podrías hacer, es adorable, la forma en que se le añaden los deseos, encendiendo velas con las que ya están encendidas y añadiéndolas a las ramas, nuevos deseos encendidos por  viejos deseos.

             - Es de ella.- Marco dice simplemente, quitando la libreta.

             - ¿Cómo puedes estar seguro?- Pregunta Isobel.

            Marco se detiene mirando al dibujo, molesto de no poder capturar propiamente la belleza de la cosa rápidamente plasmada en dibujos.

             - Puedo sentirlo, es como saber que una tormenta se aproxima, el aire cambia al rededor de eso, tan pronto como caminé en la carpa lo pude sentir,  y es mas fuerte cerca del árbol, no estoy seguro que sea perceptible para alguien que no esta acostumbrado a tal sensación.

              - Crees que ella puede sentir lo que tu haces del mismo modo?

              Marco no había considerado esto antes, aunque parece que podría ser cierto, encuentra la idea extrañamente agradable.

             - No lo se.- Es todo lo que dice a Isobel.

               Isobel jala el velo que ha caído en su cara otra vez y lo pone atrás .

             - Bueno, ahora  ya sabes de el , y puedes hacer lo que quieras  de el.

             - No funciona de esa manera, no puedo usar nada que ella haga para mis propios propósitos, las partes necesitan permanecer separadas. Si estuviéramos jugando una partida de ajedrez,  yo no  podría simplemente tomar sus piezas del tablero, mi única opción es confiar en mis propias piezas cuando ella mueva las suyas.


              -Pero así no es posible un fin del juego, entonces, - Isobel dice.- ¿ Como puedes dar jaque mate a un circo? No tiene sentido.

             - No es como el ajedrez,- dice Marco luchando  por explicar algo que el mismo  ha empezado a entender a penas, aunque no puede articularlo adecuadamente. El mira la mesa donde algunas cartas permanecen con la cara arriba, una en particular llama su atención.

              - Es como esto, - dice señalando a la mujer con  la balanza y la espada, La justice, esta escrito bajo sus pies.- Es una serie de balanzas, un lado es mío y el otro suyo.

               Un juego de balanzas plateadas aparece en la mesa entre las cartas, balanceándose precariamente,  cada lado  lleno de diamantes que brillan a la luz de las velas.

                - ¿Así que el propósito es que la balanza se incline a tu favor? - Pregunta Isobel.

               Marco asiente, volteando las paginas del cuaderno, continua regresando  a la pagina con el árbol.

               - Pero  si ustedes dos siguen aumentando sus lados de la balanza,  incrementando el peso cada vez, - dice Isobel mirando el gentil movimiento de la balanza, - ¿No se romperá?

                 - No creo que sea una comparación muy exacta, - dice Marco y las balanzas se desvanecen.

                Isobel frunce el seño al espacio vacío .

               -¿Por cuanto tiempo va a continuar esto?

               - No tengo idea, ¿Quieres irte?- añade mirándola, inseguro de que respuesta quiere a su pregunta.

                - No- Dice Isobel.- Yo... Yo no quiero irme, me gusta aquí, de verdad, pero también me gustaría entender, quizá si entendiera mejor, podría ser de más ayuda.

                - Si me ayudas, quizá la única ventaja que tengo es que ella no sabe quien soy, solo tiene al circo para reaccionar y yo te tengo a ti para observarla.

                -Pero no he visto ninguna reacción, ella se lo guarda para si misma, ella lee mas que nadie que haya conocido, los gemelos Murray la adoran. No ha sido nada sino amable conmigo, nunca la he visto hacer una sola cosa fuera de lo ordinario fuera de sus presentaciones, dices que ella esta haciendo todos esos movimientos y yo no he visto nada. ¿Cómo sabes que el árbol es obra suya?

               - El señor Barris crea impresionantes maquinas, pero esto no es su obra, aunque ella embelleció el carrusel, estoy seguro de eso, dudo que incluso un ingeniero con el talento del señor Barris pueda hacer que el grifo de madera pintada  respire. Ese árbol tiene raíces en el suelo, es un árbol viviente aunque no tenga hojas.- Marco torna su atención  de nuevo al dibujo, marcando las líneas del árbol con sus dedos.

                - ¿Pediste un deseo?- Isabel pregunta bajito.

              Marco cierra la libreta sin contestar la pregunta.

              - ¿Sigue presentándose en los cuartos de hora?, -pregunta, sacando un reloj de su bolsillo.

             - Si, pero... ¿Vas a ir ahí a sentarte para ver su espectáculo? A penas hay lugar para veinte personas en su carpa, ella te notará ¿No creerá que es extraño que estés ahí?

              - No me va a reconocer siquiera. - Dice marco, el reloj se esfuma de su mano,- Si aparece una nueva carpa me gustaría que me informaras. - Se da vuelta y se va , moviéndose tan rápido que las flamas de las velas se estremecen con el movimiento del aire.

               - Te extraño.- Isobel dice cuando el se va, pero el sentimiento es aplastado por el sonido de la cortina cerrándose tras él. Ella coloca de nuevo la neblina de su velo sobre su cara.


                                                                    *

               Cuando el ultimo de sus consultantes ha salido en las primeras horas de la mañana, Isobel  toma su juego de cartas de  Marsella de su bolsillo. Ella lo lleva consigo siempre, aunque tiene un juego a parte para las lecturas del circo, una versión hecha según las necesidades en blanco, negro y tonos grises.

               Del juego de Marsella saca una sola carta. Sabe cual será antes de darle la vuelta. El ángel blasonado  en el frente es la confirmación de lo que ya sospecha.

              No lo regresa a la baraja.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Chaperona. Noviembre, 1890, Cairo.



                 Mientras a  los gemelos Murray les es mas o menos permitido correr al galope por los rincones ocultos de lo que frecuentemente es llamado tras bambalinas, una mansión de crecimiento desordenado que ocupa un espacio disperso en  rincones y pasajes que los ocupantes del circo ocupan para vivir sus vidas cuando no están presentándose, si ellos desean estar afuera y en el circo propiamente durante las horas de las actuaciones deben tener un chaperón. Ellos protestan por esta regla ruidosa y frecuentemente, pero su padre insiste en que esas reglas permanecerán vigentes hasta que tengan ocho años, por lo menos.

           Widget pregunta a menudo si los ocho años cuentan si los combinas en total, en cuyo caso ya cumplen con el requisito. Repetidamente se les recuerda que deben tener una suerte de estructura en sus costumbres nocturnas, siendo los únicos niños en tan poco convencional hogar.


              Por ahora tienen una rotación de chaperonas, y hoy la ilusionista están en deber como supervisora de gemelos. Ella no es asignada frecuentemente a  este rol, aunque los gemelos están bastante encariñados con ella. Pero esta noche tiene suficiente tiempo entre sus actos para acompañarlos por un rato.

           Ninguno de los asistentes reconoce a Celia, sin su sombrero y vestido blanco y negro, aun aquellos que han visto su acto mas temprano esa noche, si alguien que pasa la llega a notar es solo para preguntarse como es que los niños que la siguen tienen tal cabello rojo cuando el suyo es tan oscuro. Mas allá de eso parece ser solo una joven mujer de abrigo azul, vagando por el circo como cualquier otro visitante lo haría.

            Empiezan con el Jardín de Hielo,  aunque los gemelos se ponen impacientes con el paso tranquilo con el que Celia prefiere dar por los árboles congelados. Antes de que lleguen a la mitad del lugar  ya están suplicando ir mejor al carrusel.


             Pelean por ver quien va a montar el grifo pero Widget cede cuando Celia les cuenta la historia del zorro de nueve colas justo detrás de el, el cual súbitamente suena mucho mas atractivo. Tan pronto desembarcan, una segunda vuelta es pedida, para el subsecuente viaje a través de la espiral de túneles mecánicos terminan en una serpiente y un conejo sin quejarse.


            Después de las vueltas al carrusel, Widget quiere algo de comer, así que se adelantan al patio, cuando Celia le da una bolsa a rayas blancas y  negras de palomitas, insiste en que las quiere de caramelo y no las comerá simples. El vendedor cubriendo manzanas en palos en oscuro y pegajoso caramelo le obedece, esparciendo algo encima, muchos de los clientes al rededor piden lo mismo.


         Poppet asegura que no tiene hambre, parece distraída, así que mientras caminan por un pasaje mas tranquilo lejos del patio Celia le pregunta que es lo que la molesta.


           -No quiero que la buena dama muera.- Dice Poppet, jalando suavemente el vestido de Celia.

          Celia deja de caminar, con una mano detiene a Widget, quien no esta al tanto de ninguna otra cosa mas que sus palomitas, para que no siga delante de ella.

          -¿A que te refieres, querida?- Le pregunta a Poppet.

          - La van a poner en el suelo,- Poppet explica, - creo que eso es triste.

          -¿Que buena dama?- pregunta Celia.

         - No lo se, todos lucen igual.

         - Poppet, cariño,- dice Celia, apartando a los gemelos en una habitación y agachándose para hablar con ellos cara  a cara. - ¿Dónde esta esta dama en el suelo? ¿Me refiero a donde la viste?

         - En las estrellas, - Poppet dice, se alza en la punta de sus pies cuando las señala.

          Celia mira arriba al cielo lleno de estrellas, mirando la luna que desaparece tras una nube  antes de regresar su atención a Poppet.

         -¿Ves cosas en las estrellas frecuentemente?

          - Solo algunas veces,- dice Poppet,- Widge ve cosas en la gente.

         Celia voltea a ver a Widget, quien esta comiendo sus palomitas cubiertas de caramelo a puños.

         -¿Ves cosas en la gente?- Widget solo encoge los hombros.

        - Lugares en los que han estado, cosas que han hecho. - Dice el.

      Toma otro puño de palomitas pegajosas  y lo mete en su boca.

        - Interesante.- Dice Celia, los gemelos le han dicho cantidad de cosas raras antes, pero esto parece mas que fantasias infantiles. - ¿Puedes ver algo en mi?- Le pregunta a Widget.
   
          Widget mira de reojo mientras mastica sus palomitas.

         - Cuartos que huelen  a polvo y ropa vieja, una dama que llora todo el tiempo, el fantasma de un hombre con  camisa de encaje que te sigue y...- Widget se detiene abruptamente y frunce el seño.- Hiciste que se fuera ya no hay nada ahí, ¿Cómo hiciste eso?

            -Hay cosas que ustedes no deben ver.- Dice Celia.

           Widget empuja su labio  en un puchero impresionante, pero solo dura lo que le toma agarrar otro puño de palomitas a su boca. Celia mira de los gemelos a el patio , donde la luz de la hoguera brilla por las orillas de las tiendas, formando sombras danzantes de los visitantes en la tela a rayas.

               La hoguera nunca se apaga, las llamas nunca vacilan. Aun cuando  el circo se mueve  no se apaga, se transporta intacto de locación en locación, ardiendo durante todo el viaje en tren, estando seguro en su caldero.  Ha ardido de manera estable desde la ceremonia de encendido  en la noche del estreno. Y al mismo momento, Celia  esta segura, algo ha sido puesto en movimiento e impacta al circo entero y a todos una vez el fuego fue encendido. Incluyendo a los gemelos recién nacidos.

             Widget nace antes de la media noche, al final del viejo día. Poppet lo sigue  momentos después en un nuevo día que a penas empieza.


             - Poppet, - dice Celia, regresando su atención  a la pequeña quien ha estado jugando con el puño de su abrigo.- Si puedes ver cosas en las estrellas que crees que puedan ser importantes, quiero que cuentes de ellas, ¿me entiendes?

              Poppet asiente solemnemente, nubes de pelo rojo se mueven en olas,  se acerca para preguntar a Celia, sus ojos terriblemente serios.

               - ¿Puedo tener una manzana acaramelada?

               - Ya no tengo palomitas, - se queja Widget, enseñando la bolsa vacía.

             Celia toma la bolsa y la dobla siempre en cuadros mas pequeños mientras los gemelos miran, hasta que desaparece completamente. Cuando ellos aplauden, las manos de Widget ya no están cubiertas de caramelo, aunque no lo nota. Celia considera a los gemelos por un momento, mientras que Widget trata de descubrir a donde fue la bolsa de palomitas y  Poppet da pensativas miradas al cielo. No es una buena idea,  sabe que no es una buena idea pero será mejor mantenerlos cerca, para observarlos cuidadosamente por todas las circunstancias y sus aparentes talentos.

               -¿Les gustaria aprender  como hacer cosas como esta?- Celia les pregunta.

               Widget asiente de inmediato, con tal entuciasmo que su sombrero le cae a los ojos, Poppet duda  pero luego asiente tambien.

               - Cuando sean un poco mas grandes les dare clases, pero tendrà que ser nuestro secreto, ¿Pueden guardar un secreto?

                Los gemelos asienten al unisono, Widget tiene que acomodarse el sombrero otra vez. Siguen a Celia felices mientras lo lleva de nuevo al patio.

               




             

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Degustación, Septiembre, 1889, Lyon.


          Herr Friedrick Thiessen esta de vacaciones en Francia, el va de vacaciones frecuentemente a Francia en el otoño, pues es un gran amante del vino. Elige una región y vaga por el campo por una, quizá dos semanas, visitando viñedos y coleccionando botellas de cosechas agradables para ser enviadas a Múnich.

          Herr Thiessen es amigo de varios  viticultores  franceses  y ha hecho relojes para varios de ellos, visita a un viticultor  en particular en este viaje.  Con un vaso de  borgoña, el viticultor le sugiere a Friedrick podría disfrutar del circo que esta en el pueblo, instalado a unas millas de distancia. Un circo bastante inusual, solo abre por las noches.

           Pero es el reloj, el elaborado reloj blanco y negro situado justo dentro de las puertas, ese viticultor piensa que podría interesarle particularmente a Herr Thiessen.

          - Me recuerda a su trabajo.- El viticultor dice, señalando con su vaso de vino al reloj en el muro sobre la barra, en forma de un manojo como cascada de uvas que cae en una botella de vino que se llena mientras las manecillas en su etiqueta ( una replica exacta de la etiqueta del viñedo) va marcando los segundos.

              Herr Thiessen esta intrigado, después de una cena temprana se pone su sombrero y guantes y empieza a caminar en la dirección que su amigo el  viticultor le ha indicado, no es difícil localizar su destino, mucha gente del pueblo camina en la misma dirección, y una vez llegan fuera del pueblo hacia los campos, el circo no puede ser ignorado.

             Brilla, esa es la primera impresión de Herr Thiessen de LeCirque de Rêves, visto desde media milla de distancia y antes de que siquiera sepa su nombre. Camina adelante en esta fría tarde en la campiña francesa como una polilla hacia la flama.


            Hay una multitud considerable afuera cuando Herr Thiessen localiza su reloj instantáneamente, aun sin haber sido informado de donde se localizaría , surge  a través de la taquilla, justo dentro de las rejas de hierro. Esta a punto de dar las siete en punto, y retrocede para verlo, dejando que la línea para los boletos pase frente a el mientras el arlequín y el malabarista saca la séptima pelota de la nada, mientras el dragón  se mueve y el reloj da siete campanadas, a penas audibles sobre ruido del circo.


             Herr Thiessen esta complacido. El reloj parece estar en perfecto orden de funcionamiento y obviamente se le ha cuidado bien, a pesar de estar afuera a los elementos. Se pregunta si podría necesitar un barniz  mas fuerte, y desea haber sido informado de que seria usado en el exterior cuando lo estaba construyendo, aunque no parece ser el mejor lugar para que este. Mantiene sus ojos en el mientras espera en la fila, preguntándose  si deberá intentar contactar al señor Barris sobre el asunto, si aun esta en la dirección de Londres que mantiene archivada en Múnich.

            Cuando llega su turno  da la cantidad de francos que dice el cartel a la taquillera, una joven mujer en vestido negro y largos guantes blancos, viéndose mas preparada para una elegante velada en la opera que para una noche de  vender boletos en el circo. Cuando le da el boleto el le pregunta, primero en francés y luego en ingles cuando parece no entenderle, cuando le pregunta si hay alguien a quien pueda dirigirse sobre el reloj. Ella no responde pero sus ojos se iluminan cuando se identifica a si mismo como la persona responsable de su construcción. Ella le devuelve los francos junto con su boleto a pesar de sus protestas y después de buscar en una pequeña caja, saca una tarjeta de negocios la cual le extiende también.

            Herr Thiessen le agradece, sale de la fila  hacia un lado, inspeccionando la tarjeta.  Es de muy buena cualidad de papel grueso, de fondo negro grabado en relieve plateado.


                                                              Le Cirque des Rêves
 Chandresh Christophe Lefêvre, Propietor
 
 
 
            En el reverso hay una dirección en Londres. Herr Thiessen la pone en el bolsillo de su abrigo junto con su boleto y los francos que se ahorro, y toma sus primeros pasos dentro del circo. El comienza simplemente por vagar, casualmente investigando el extraño hogar de su reloj  Wunschtraum . Quizá por los meses que ha pasado absorto en el trabajo mismo, el circo le parece familiar, confortable. El escenario monocromático, los interminables círculos de los caminos como mecanismos de reloj, herr Thiessen esta maravillado de cuan bien encaja su reloj en el circo, y que tan bien el circo encaja con el reloj.
 
 
             Entra solo a una fracción de las carpas esa primera noche, deteniéndose a ver a los traga fuegos y danzantes con espadas, probando un  muy buen eiswein en una carpa marcada  BEBIDAS, SOLO VISITANTES ADULTOS. Cuando pregunta, el empelado del bar ( el único en el circo que contesta cuando se le habla, aunque lo mínimo) le informa que es un vino canadiense y le anoto la cosecha.

            Para cuando Herr Thiessen abandona el circo, motivado únicamente por el cansancio, esta completo y totalmente enamorado. Asiste dos veces mas antes de regresar a Múnich, pagando su entrada por completo ambas veces. Escribe una carta a M. Lefêvre al regresar, para agradecerle el haberle dado a su reloj tan maravilloso hogar y por la experiencia del circo mismo. Abunda sobre la maestria de el, y dice que se ha dado cuenta de que no hay patrón  o razón para su itinerario, pero expresa su esperanza de que llegue a Alemania.

          Algunas semanas después, recibe una carta de. asistente de  M. Lefêvre, diciendo que M. Lefêvre aprecia mucho los cumplidos de Herr Thiessen, especialmente viniendo de tan talentoso artista, la carta habla muy bien del reloj, y menciona que de haber algún problema con el, Herr Thiessen será contactado de inmediato.


           La carta no menciona nada de la ubicación actual del circo, ni nada de que valla a Alemania, lo que decepciona mucho a Herr Thiessen. Piensa en el circo frecuentemente, muchas veces mientras trabaja, y empieza a influenciar su trabajo. Muchos de los nuevos relojes que ha hecho son blanco y negro algunos a rayas, otros tantos con escenas del circo: pequeños acróbatas,  leopardos de nieve miniatura, una adivina que pone minúsculas cartas del tarot al dar la hora.  Aunque nunca hace justicia al circo  en sus relojes tributo. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Reglas del juego, 1887 - 1889



            Hay pocas cenas el circo ahora que el circo mismo esta hecho y marchando apropiadamente, ganando autosuficiencia, como Chandresh lo dijera en una cena no mucho después de la noche del estreno. Los conspiradores originales siguen reuniéndose para cenar ocasionalmente, particularmente cuando el circo esta presentándose en las cercanías, pero se han vuelto mas y mas  poco frecuentes.

           El señor A. H. no aparece a pesar de estar permanentemente invitado.

           Y como estas reuniones eran la única oportunidad de Marco para ver a su instructor, su continua ausencia lo frustra. Después de un año sin dar señal, sin una palabra o vistazo del sombrero gris, Marco decide llamarlo. No sabe cual es la residencia actual de su instructor, asume, correctamente, que es probable que sea un lugar temporal y que para cuando localice la correcta ubicación de su instructor ya se habrá mudado a otra nueva, igualmente temporal.

          En su lugar, Marco talla una serie de símbolos en la escarcha del cristal de la ventana en su departamento que da a la calle, usando las columnas del museo como guía, la mayoría de los símbolos son indistinguibles a menos que la luz les de en precisos ángulos, pero colectivamente están arreglados en forma de una gran  letra " A"


              Al siguiente día alguien toca a la puerta.

             Como siempre, el hombre en el traje negro se niega a entrar al departamento. Se queda en el vestíbulo y ve a Marco con una mirada  fría y gris.

            -¿Que es lo que quieres?

            -  Me gustaría saber  si lo estoy haciendo bien.- Dice Marco.
     
            Su instructor lo mira por un momento, su expresión es inescrutable como siempre.

            -Tu trabajo ha sido el suficiente.

            - ¿ Es así como va a proceder el reto? ¿ Cada uno manipulando el circo, por cuanto tiempo seguirá?

             - Se te ha dado un lugar para trabajar, tu presentas tus habilidades lo mejor que puedas y tu oponente hace lo mismo, no interfieren en el trabajo del otro, seguirá de esta manera hasta que haya un ganador, no es tan complejo.

             - No estoy seguro de entender las reglas.

            - No necesitas entender las reglas, necesitas seguirlas, como dije, tu trabajo ha sido suficiente.- Empieza a irse pero entonces duda.

            - No vuelvas a hacerlo.- Dice señalando sobre el hombro de Marco a la ventana cubierta de escarcha. Entonces da la vuelta y se aleja. Los símbolos en la ventana se derriten en gotas sin significado.

                                                                *


            Es medio día y el circo duerme tranquilo, pero Celia Bowen esta frente al carrusel viendo como  creaturas blancas, negras y plateadas pasan en fila, suspendidas en listones  coordinados, sin jinete.

            -No me gusta esta cosa, - dice una voz tras de si.

            Héctor Bowen  no es mas que una aparición en la tienda medio iluminada, su traje negro  se desvanece en las sombras. La luz cambiante toma y suelta la brillantez de su camisa, el gris de su pelo, iluminando la mirada reprobatoria en su cara mientras mira el carrusel sobre el hombro de su hija.

             -¿Por que no?- Responde Celia sin voltear.- Es tremendamente popular, y requirió mucho trabajo, eso debería contar en algo, papá.

           Su gesto burlón  es solo un eco de lo que alguna vez fue, y Celia esta aliviada de que no puede ver su sonrisa a la leve del sonido.

             -No serias tan imprudente si no estuviera...-  su voz se esfuma con el movimiento de una mano transparente cerca de su brazo.

              -No te enojes conmigo por eso, te lo hiciste  a ti mismo, no es mi culpa que no puedas deshacerlo, y  difícilmente estoy siendo imprudente.

             - ¿Qué tanto le dijiste a ese arquitecto tuyo?- Le pregunta su padre.

             - Le dije tanto como creí que era necesario que supiera.- Dice Celia mientras el pasa de ella, moviéndose para inspeccionar el carrusel.- Le gusta presionar los limites, y le ofrecí presionarlas aun mas, ¿Es el señor Barris mi oponente? Eso seria muy insincero  de su parte, construirme un carrusel para no levantar sospechas.

              - El no es tu oponente.- Dice Héctor con un gesto de desprecio, el encaje de su manga flotando como una polilla.- Aunque algo así, bien podría ser considerado como hacer trampa.

              -¿Como  es que utilizar un ingeniero  para ejecutar una idea  no funciona con el punto del reto, papá? Lo discutí con el,  me dio el diseño y la construcción, y yo... lo embellecí,¿ te gustaría montarlo? va un poco mas allá que solo dar vueltas y vueltas.

              - Obviamente, - dice Héctor mirando al oscurecido túnel  en el que la línea de creaturas desaparecen,- aun  no me gusta.

               Celia suspira, camina al borde del carrusel para acariciar la cabeza de un cuervo  engrandecido al pasar.

          - Y hay incontables elementos en este circo que son en colaboración, ¿Por que  no usar eso para mi ventaja? Tu sigues insistiendo en que debo  hacer mas que solo mis presentaciones, pero necesito  crear oportunidades para lograrlo. El señor Barris  ha sido de gran ayuda en  eso.


           - Trabajar con otros te puede hundir, esta gente no son tus amigos, no tienen consecuiencia, y uno de ellos es tu oponente, no lo olvides.

           - Tu sabes quien es , ¿ verdad?

          - Tengo mis sospechas.

          - Pero no me vas a decir cuales son .

         - La identidad de tu oponente no tiene importancia.

          - A mi me importa.

         Héctor frunce el ceño,  mirando como ella juega distraídamente con el anillo en su mano derecha.

         - No debería.

         -Pero mi  oponente sabe quien soy, ¿si?

         - En verdad, a menos que tu oponente sea profundamente estúpido, No es propio de Alexander, elegir a  un estudiante profundamente estúpido. Pero no importa, es mejor para ti  hacer tu propio trabajo sin influencia de tu oponente, y sin ninguna de estas "colaboraciones" como tu las llamas.

          Extiende un  brazo  al carrusel y los listones tiemblan, como si una suave briza  pasara por la carpa.

         - ¿Cómo es mejor? ¿Cómo  es algo mejor que cualquier otra cosa aquí? ¿ Como es una carpa comparable a otra? ¿Cómo puede ser  cualquier cosa juzgada?

         - Ese no debe preocuparte.

        -¿Como puedo ganar un juego  cuando te niegas a decirme las reglas?

        Las creaturas suspendidas giran sus cabezas en dirección al fantasma en su neblina, grifos y zorros y guivernos lo miran con negros ojos brillantes.


        - Acaba con eso, - Héctor reclama a su hija, las creaturas regresan  a ver al frente, pero uno de los lobos gruñe al regresar a su estado congelado, - No estas tomando esto con la seriedad que deberías.

          - Es un circo, es difícil tomárselo en serio.

        - El circo es solo un lugar.

        - Entonces no es un juego ni un reto, es una exhibición.

        - Es mas que eso.

        - ¿Como?- Pregunta Celia, pero su padre solo sacude la cabeza.

         - Te he dicho todas las reglas que necesitas saber, fuerzas los limites de tu habilidad usando este circo como lugar de exhibición, pruebas que eres mas fuerte, haces todo lo que puedas para brillar mas que tu oponente.

        -¿Y  cuando determinas cual de nosotros es mas brillante?

       - Yo no determino nada, deja hacer tantas preguntas, haz mas, y deja de colaborar.


          Antes de que pueda responder, se desvanece, dejándola sola en la centelleante luz del carrusel.



                                                              *

          Al inicio, las cartas que Marco recibe de Isobel llegan con frecuencia, pero conforme el circo viaja a ciudades lejanas y países, semanas y a veces meses se alargan sin palabras entre cada misiva. Cuando una carta nueva llega finalmente, ni si quiera se quita el abrigo antes de abrir el sobre. Se salta las paginas de apertura que están llenas con preguntas amables sobre sus días en Londres, señalando cuanto extraña la ciudad y lo extraña a el.


         Los acontecimientos en el circo son reportados obedientemente, pero con tal precisión practica, que no puede imaginarlo en el rico detalle que quisiera, pasa por alto  las cosas que considera mundanas, el viaje y el tren, aunque Marco esta seguro de que no pueden estar moviéndose solo por tren. La distancia del circo  se siente mas pronunciada a pesar del tenue contacto a través del papel y la tinta. Y ahí hay tan poco sobre ella, Isobel ni siquiera escribe su nombre en la paginas, se refiere a ella de pasada solo como la ilusionista, una precaución que el mismo sugiriera y que ahora lamentaba.


           El quiere saber todo de ella.

           Como pasa el tiempo cuando no esta en su acto.

          Como interactúa con su audiencia.

          Como toma su té.

         No puede llegar a preguntarle estas cosas a Isobel.
      
        Cuando le responde, le pide que escriba tan frecuentemente como le sea posible, hace énfasis en cuanto significan sus cartas para el. Toma las paginas escritas a mano por ella, descripciones de carpas a rayas y cielos llenos de estrellas y las dobla en forma de aves, dejándolas volar por el departamento vacío .



                                                                    *

             Es tan raro  que se tenga una nueva tienda que Celia considera  cancelar sus presentaciones por completo  para pasar la noche  investigándola. Pero decide esperar, ejecutando el numero estándar de presentaciones, terminando la ultima  a unas horas del amanecer, solo entonces navega su camino entre los caminos vacíos para encontrar la nueva adición al circo.


               El letrero proclama algo  llamado Jardín de Hielo, y Celia sonríe a la adenda  que esta abajo  que contiene  una disculpa por cualquier inconveniencia térmica. A pesar del nombre, no esta preparada por lo que le espera dentro de la carpa. Es exactamente lo que anuncia el letrero pero es mucho mas que eso.

                No hay rayas visibles en los muros, todo es brillante y blanco, no puede decir que tanto se alarga, el total de la carpa se ve oscurecido por sauces como cascadas y ramas torcidas. El aire mismo es mágico, fresco y dulce en sus pulmones al respirarlo, mandando un estremecimiento  desde sus pies que es causado mas por la anunciada baja temperatura.

              No hay visitantes en la carpa cuando la explora, dando vueltas sola  por los enrejados cubiertos por pálidas rosas y  una fuente tallada elaboradamente que burbujea suavemente. Y todo, a excepción  por los ocasionales  largos listones de seda que lo atraviesan, como guirnaldas, están hechos de hielo. Curiosa, Celia toma una peonia congelada de su rama, el tallo se rompe fácilmente. Pero las capas de pétalos se destrozan, cayendo de sus dedos al piso, desapareciendo en los tallos de pasto ébano  abajo. Cuando mira de nuevo a la rama, un retoño idéntico ha aparecido .


              Celia no puede imaginar que tanto poder  y habilidad debió tomar no solo construir una cosa así, sino mantenerlo también. Y desea saber como se le ocurrió a su oponente esa idea. Consiente de que cada arbusto, cada detalle desde las piedras que bordean los caminos como perlas, debieron ser planeados.

             Debió ser tan difícil manejar algo similar, se siente fatigada solo de pensarlo, Casi desea que su padre estuviera ahí, mientras empieza a entender por que siempre fue tan  categórico  sobre trabajar su fuerza y control. Aunque no esta segura por completo si desea agradecérselo .


            Y le gusta tener el espacio para ella, la quietud y la calma endulzada con el ligero perfume de las flores congeladas. Celia permanece en el jardín  de hielo mucho después de que el sol se eleva afuera y las puertas han cerrado por el día.


                                                                              *


                 El  circo llega cerca de Londres para la primera visita después de un tiempo, y la tarde anterior a que abra alguien toca a la puerta de Marco.  Abre la puerta solo parcialmente, manteniéndola así cuando descubre a Isobel en el pasillo.


            - Cambiaste las cerraduras.- Dice ella.

           - ¿Por que no me dijiste que venias?

          -  Creí que te gustaría una sorpresa.

         Marco se niega a dejarla entrar, pero la deja esperando en la sala solo un momento antes de regresar con el sombrero en mano. La tarde es fresca pero brillante   y la lleva a tomar el té.

         -¿Que es eso?- Pregunta Marco, mirando a las muñecas de Isobel mientras caminan.

        -Nada.- Dice ella, jalando el puño de su manga para obscurecer la vista del brazalete, una trenza cuidadosamente tejida de su cabello  entrelazada con los de el.


          El no pregunta mas. Aunque Isobel nunca se quita el brazalete, ya no lo tiene cuando regresa al circo esa tarde, desapareciendo  de su piel como si nunca hubiera estado ahí.