jueves, 31 de octubre de 2013
Verdad o reto, Septiembre 1897. Concord, Massachusetts.
Los cinco se sientan en el roble al sol vespertino. Caroline, su hermana, esta en la rama mas alta, porque siempre escala mas alto. Su mejor amigo, Milton, esta abajo, los hermanos Mackenzie, lanzan bellotas a las ardillas un poco mas abajo que ellos; pero no tan abajo como para que no sea considerado muy alto; él siempre esta en las ramas bajas, no por miedo a las alturas sino por el lugar que ocupa en el grupo, cuando le es permitido ser parte de el. Ser el hermano menor de Caroline es al mismo tiempo una bendición y una maldición, Bailey es invitado a veces a unírseles, pero siempre en el mismo lugar.
-¿Verdad o reto? - Grita Caroline desde las ramas altas, no recibe una respuesta así que lanza una bellota directo a la cabeza de su hermano.- ¿Verdad o reto , Bailey? - repite.
Bailey frota su cabeza con su sombrero, quizá la bellota lo hace escoger lo que escoge. - Verdad - es la resignada respuesta , una rendición a la abusiva versión del juego de lanzar bellotas, "reto" es ligeramente mas desafiante, aún si esta bromeando con ella, por lo menos no es un cobarde.
Le parece que es lo correcto de decir, y se siente muy orgulloso de si mismo cuando a Caroline le toma un momento responder. Ella se sienta a algo mas de un metro arriba de el balanceando las piernas y mirando al campo donde formula el reto. Los hermanos Mackenzie siguen atormentando ardillas, entonces Caroline sonríe y aclara la garganta para hacer su proclamación.
- Reto, Bailey.- Empieza haciéndolo suyo y de nadie más, atándolo a ello. El se empieza a sentir inquieto aún antes de saber de lo que se trata el reto, ella hace una pausa dramática antes de declarar: - El reto de Bailey es entrar en El Circo Nocturno.
Millie contiene el aliento, los hermanos Mackenzie dejan de lanzar bellotas y la miran olvidando abruptamente a las ardillas; una enorme sonrisa cruza la cara de Caroline mientras mira abajo a Bailey. - Y trae algo como prueba.- añade sin poder contener ese tinte de triunfo en su voz. Es un reto imposible y todos ellos lo saben.
Bailey mira a través del campo donde las carpas del circo parecen montañas a la mitad del valle, esta tan quieto en el día, si luz , sin música, sin multitud de gente. Solo un montón de carpas a rayas que parecen mas amarillas y gises al sol de la tarde, es un poco raro , quizá hasta un tanto misterioso, pero no extraordinario. No a la mitad del día y no tan aterrador, eso piensa Bailey.
-Lo haré.- dice saltando de su rama baja y empieza a caminar por el campo sin esperar a escuchar su respuesta, sin querer que Caroline se retracte de su reto, esta seguro de que ella creía que diría que no, una bellota pasa por su oreja pero nada mas.
Y por razones que Bailey no puede poner en palabras, esta caminando con dirección al circo con una cantidad considerable de determinación. Se ve como la primera vez que lo vio, cuando aun no tenia seis años . Se materializo en el mismo lugar y ahora parece como si nunca se hubiera ido, como si solo hubiera sido invisible por un periodo de seis años en el que el campo estuvo vacío .
A la edad de no seis todavía, no le era permitido visitar el circo, sus padres lo calificaron como muy joven, así que solo pudo ver desde lejos, encantado, las tiendas y las luces. Había esperado que se quedara lo suficiente para que pudiera tener la edad apropiada, pero se desvaneció tan rápido sin aviso después de dos semanas, dejando al muy joven Bailey con el corazón roto.
Pero ahora ha regresado.
Ha llegado hace algunos días y sigue siendo una novedad, se ha quedado por mas tiempo, Caroline pudo haber escogido otro tipo de reto, pero el circo es de lo que todo el pueblo habla y a Caroline le gusta mantener sus retos en voge.
La noche antes de que Bailey sea propiamente introducido al circo. Era algo como nada que hubiera visto antes, las luces, los disfraces, todo era tan diferente; como si hubiera escapado de su vida diaria y vagara por otro mundo. Había esperado que fuera un espectáculo, algo para sentarse y ver.
Rápidamente se dio cuenta de lo equivocado que estaba.
Era algo para ser explorado.
Investigo tanto como pudo, pero se sentía terriblemente desprevenido. No sabía que tiendas elegir de docenas de opciones, cada una con seductores letreros dando pistas de sus contenidos y a cada vuelta los retorcidos caminos a rayas lo llevan a mas y mas carpas, mas letreros mas misterios.
Encontró una carpa llena de acróbatas y se quedo entre ellos mientras daban piruetas y giraban hasta que su cuello dolía de mirar arriba. Vagó por una carpa llena de espejos y vio a cientos, miles de Baileys mirándolo con ojos bien abiertos, cada uno con idénticos gorros grises.
Hasta la comida era increíble. Manzanas cubiertas de caramelo tan oscuro que casi parecían negras pero permanecían crujientes y dulces, murciélagos de chocolate con alas imposiblemente delicadas, la cidra mas deliciosa que Bailey hubiera probado. Todo era mágico y parecía continuar por siempre, ninguno de los caminos tenia final, se curvaban en otros círculos de regreso al patio.
Después no pudo describirlo apropiadamente, solo podía mover la cabeza cuando su madre le preguntaba si lo había disfrutado. No se quedaron tanto como le hubiera gustado, Bailey se hubiera quedado toda la noche si sus padres se lo hubieran permitido , aún había tantas carpas por explorar, pero fue llevado a casa a dormir después de solo un par de horas, consolado con la promesa de que podría regresar el fin de semana siguiente, aunque recuerda con ansiedad que tan rápido desapareció la vez anterior, le dolía tener que irse desde el momento en que empezó a caminar.
Se pregunta si aceptar el reto es en parte para regresar al circo mas rápido.
A Bailey le toma casi diez minutos la caminata por el campo , y mientras mas se acerca, mas grandes e intimidantes se ven las carpas y su convicción se pierde. Cuando llega a las rejas, ya esta tratando de encontrar algo que le sirva de prueba sin tener que entrar.
Las rejas miden fácilmente tres veces su altura, las letras en la cima que dicen "Le Cirque des Rêves" , son casi ilegibles en la luz del día, cada una del tamaño de una calabaza bastante grande. los rizos de hierro al rededor de las letras le recuerdan las guías de las calabazas, hay un complicado cerrojo que mantiene las puertas cerradas y un pequeño letrero que dice:
Las puertas abren al caer la noche y se cierran en el amanecer.
En letras arremolinadas, y bajo eso, en pequeñas letras simples.
Los intrusos serán desangrados.
Bailey no sabe que significa "desangrados", pero no le gusta mucho como suena. El circo se siente raro en el día, tan silencioso, no hay música, ni ruido, solo el llamado de las aves cercanas y el susurro de las hojas en los árboles. Parece que no hay nadie, como si todo el lugar estuviera desierto. Huele como olía en la noche, pero mas leve, a caramelo y palomitas y la fogata.
Bailey mira a través del campo, los otros están aun en el árbol, pero se miran pequeñitos desde tan lejos, indudablemente están mirando, así que decide caminar al rededor de la cerca, ya no esta completamente seguro de querer hacer esto, y si lo hace, no quiere ser visto. La mayor parte de la cerca pasa las puertas y orillas de las carpas, así que no hay muchos lugares por donde entrar, Bailey sigue caminando, luego de unos minutos no puede ver el árbol, encuentra una parte de la cerca que no esta pegada a una carpa pero que limita un pequeño pasillo, como un callejón , por el lado de una carpa y desapareciendo en una esquina, es tan buen lugar para intentar entrar como cualquier otro.
Se da cuenta de que en realidad, Bailey quiere ir adentro, no solo por el reto sino porque se siente curioso, terrible y desesperadamente curioso y mas allá de probarse a si mismo, a Caroline y a la pandilla, bajo la curiosidad esta la necesidad de regresar urgiéndolo. Las barras de hierro con gruesas y lisas y Bailey sabe sin intentar que no será capaz de escalarla, también esta el hecho de que no hay donde apoyar los pies después de los primeros centímetros, la cima de la cerca se curva en una especie de picos, no son muy intimidantes pero, definitivamente no son acogedores.
Pero parece que la cerca no esta construida con el expreso propósito de mantener a niños de casi diez años afuera, porque mientras las rejas son solidas, están separadas por casi treinta centímetros y Bailey siendo mas bien pequeño se puede apretar con bastante facilidad. Por un momento duda, pero sabe que se odiara a si mismo mas tarde si no lo intenta por lo menos, no importa que pase después.
Pensó que se sentiría diferente, como se sintió en la noche, pero cuando se desliza entre las rejas y esta en el pasillo entre las carpas, se siente exactamente como se había sentido afuera, sí la magia permanece ahí por el día, no la puede sentir, y parece completamente abandonado, no hay signos de trabajadores o actores. Es aun mas silencioso adentro, no puede escuchar a las aves, las hojas que crujían bajo sus pies afuera no lo siguieron dentro de la cerca, a pesar de que hay espacio suficiente para que pasen entre las barras.
Por dónde debería ir, Bailey se pregunta, y qué podría llevar como prueba de su reto, no parece haber nada que llevarse, solo piso desnudo y los lisos costados de las tiendas, las carpas parecen ser muy viejas y usadas en la luz y se pregunta cómo es que ha viajado el circo y a dónde ira cuando se valla. Cree que debe haber un tren del circo pero no hay ninguno en la estación cercana y hasta donde puede decir, nadie ha visto un tren parecido ir o venir.
Dobla a la derecha al final del pasillo y se encuentra a si mismo en una hilera de tiendas, cada una con una puerta y un letrero que anuncia sus contenidos. VUELOS DE FANTASIA, dice uno, ENIGMAS ETEREOS, otro. Bailey contiene el aliento cuando pasa por uno que dice BESTIAS TEMIBLES Y CREATURAS EXTRAÑAS, pero no escucha nada dentro; no encuentra nada para llevarse y no esta dispuesto a llevarse un letrero y lo único que queda son pedazos de papel y la ocasional palomita aplastada.
El sol vespertino produce largas sombras por las tiendas alargándose hasta el piso seco. El suelo ha sido pintado o empolvado de blanco en ciertas áreas y negro en otras, Bailey puede ver la tierra café donde ha sido pateada demasiadas veces de tantos pies caminando sobre ella. Se pregunta si volverán a pintar cada noche y da otra vuelta, y porque esta viendo al piso casi choca con una niña.
Ella esta a mitad del camino entre las carpas, solo estando ahí como si estuviera esperándolo, parece que es mas o menos de su misma edad y lleva algo que podría ser llamado disfraz, definitivamente no es ropa normal. Botas blancas con muchos botones, medias blancas y un vestido blanco hecho de pedazos de cualquier tela imaginable, trozos de raso ,seda y algodón, todos combinados en uno, una chaqueta corta militar y guantes blancos. cada centímetro del cuello hacia abajo cubierto en blanco, lo que hace a su cabello rojo excepcionalmente escandaloso.
- Tu no deberías estar aquí, - la niña de pelo rojo dice bajito, no suena enojada o siquiera sorprendida, Bailey parpadea un par de veces antes de conseguir responder.
-Yo... ah, lo se, - dice y le parece la cosa mas estúpida en el mundo que pudo haber dicho, pero la niña solo lo mira- ¿Lo siento?- añade y lo cual suena aún mas estúpido.
-Probablemente deberías irte antes de que alguien mas te vea, - dice la niña mirando sobre su hombro, pero Bailey no puede decir que es lo que esta mirando.- ¿Por donde entraste?
- Atrás, ah...- Bailey se da la vuelta pero no puede ver por que camino llego, el sendero regresa donde si mismo y no puede ver señales para saber por cual ha pasado. - No estoy seguro.
-Esta bien, ven conmigo.- La niña toma su mano sujetándola con sus manos enguantadas y llevándolo por uno de los pasajes, no dice nada mas mientras caminan entre las carpas, lo hace detenerse al llegar a una esquina y no se mueven por casi un minuto, cuando abre la boca para preguntar a que esperan, ella simplemente pone un dedo en sus labios para callarlo y continúan caminando un segundo después.
-¿Puedes pasar entre las rejas?- pregunta la niña y Bailey asiente con la cabeza, la niña da una curva cerrada tras una de las carpas y pasa por un camino por el que Bailey no había notado, y ahí esta la cerca y el campo afuera.
- Sal por aquí,- dice la niña- vas a estar bien.
Le ayuda a Bailey a deslizarse entre las barras, las cuales están un poco mas apretadas en este lado de la cerca, cuando esta del otro lado se gira para agradecerle.
-Gracias.- Le dice , no puede pensar en otra cosa que decir.
- No hay de que, pero deberías ser mas cuidadoso, no se supone que vengas durante el día, eso es ser un intruso.
- Lo se, lo lamento, ¿Qué es desangrar?
La niña sonríe.
-Significa que te sacan toda la sangre, pero no hacen eso de verdad, no creo.- se da la vuelta y se encamina de regreso.
-¡ Espera!- Bailey dice, aunque no sabe para que le pide que espere. La niña regresa a la cerca, no responde, solo espera a ver que le va a decir.- Yo... se supone que debo llevar algo de regreso.- Dice, y lo lamenta casi instantáneamente, la niña arruga las cejas y lo mira entre las barras.
- ¿Algo de regreso?- Ella repite.
- Si.-Bailey le dice mirando sus raspadas botas color café y sus botas blancas del otro lado de la cerca. - Era un reto.- Añade esperando que ella lo entienda.
La niña sonríe, se muerde el labio por un segundo y parece pensativa, entonces se quita uno de sus guantes blancos y se lo da entre las rejas, Bailey duda.
-Esta bien,- ella dice- tengo una caja entera de esos. - Bailey lo toma y lo guarda en su bolsillo.
- Gracias.- Dice otra vez.
- De nada, Bailey. - Dice la niña y esta vez cuando se da la vuelta no dice nada y desaparece a la vuelta de una carpa.
Bailey se queda ahí por un largo rato antes de caminar de regreso a través del campo, ya no hay nadie en el roble cuando llega, solo un montón de bellotas en el piso y el sol empieza a ponerse.
Ya esta a medio camino para llegar a casa cuando se da cuenta de que nunca le dijo su nombre a la niña.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario