miércoles, 23 de octubre de 2013
Lecciones de Mágia. 1875 - 1880
Celia crece en una serie de teatros. La mayoría de ellos en Nueva York, pero hay periodos en otras ciudades, Boston , Chicago, San Francisco, excursiones ocasionales a Milán, Paris o Londres. Juntos se mezclan en un borrón de deber, terciopelo y aserrín al punto de que a veces no recuerda en que país esta, no que eso importe.
Su padre la lleva a todos lados mientras es pequeña, presumiéndola como a un perro consentido en vestidos caros para que sus colegas y conocidos lo adulen en bares después de sus presentaciones. Cuando decide que ya es demasiado alta para ser un accesorio adorable, empieza a abandonarla en camerinos en cuartos de hotel. Cada noche se pregunta si el no regresara, quizá, pero siempre aparece a horas no apropiadas, algunas veces acariciando gentilmente su cabeza mientras finge dormir, otras ignorándola completamente.
Sus lecciones se vuelven menos formales, cuando antes la sentaba en marcadas, aunque irregulares horas, ahora la examina constantemente, incluso en publico. Incluso tareas tan simples como atarse las agujetas de las botas, están prohibidas si se hacen a mano. Ella mira a sus pies, invitando a sus agujetas a amarrarse en desordenados moños, frunciendo el seño cuando se hacen nudos. Su padre no esta muy dispuesto cuando le hace preguntas. Ella ha deducido que el hombre del traje gris a quien su padre llama Alexander, también tiene un estudiante y que habrá una clase de juego.
-¿Como el ajedrez? -Le pregunta una vez.
- No.- dice su padre.- No es como el ajedrez.
*
EL niño crece en una casa de campo en Londres. No ve a nadie, ni siquiera cuando sus comidas son llevadas a sus habitaciones, aparecen a la puerta en bandejas cubiertas y desaparecen de la misma manera. Una vez al mes, un hombre , que no habla, es traído para que le corte el cabello y una vez al año, el mismo hombre le toma las medidas para sus ropas nuevas. El niño pasa la mayor parte de su tiempo leyendo y escribiendo, por supuesto. Copia secciones de libros, escribe palabras y símbolos que no entiende al principio pero que vuelven íntimamente familiares bajo sus dedos manchados de tinta, formados una y otra vez en líneas cada vez mas firmes. Lee historias y mitologías y novelas. Lentamente aprende otros lenguajes aunque se le dificulta hablarlos.
Hay ocasionales excursiones a museos y bibliotecas, durante las horas de descanso, que son pocas si las hay, otras visitas. El niño adora estos viajes, por los contenidos de los edificios y por desviarse de su rutina. Pero son escasas y nunca le es permitido abandonar la casa sin compañía. El hombre del traje gris visita su habitación todos los días, frecuentemente acompañado de pilas de libros nuevos, pasando exactamente una hora dándole clases de cosas que el niño no sabe si algún día entenderá de verdad.
Solo una vez el niño pregunta si le será permitido hacer algo, la clase de cosas que el hombre de gris le muestra raramente durante esas estrictas horas de agendadas clases.
-Cuando estés listo.-Es la única respuesta que recibe. No ha estado listo por algún tiempo.
*
Las palomas que aparecen en el escenario y ocasionalmente entre la audiencia durante las actuaciones de Prospero son guardadas en jaulas muy elaboradas, enviadas con el resto del equipaje y provisiones. Una puerta azotada lanza un montón de baúles y cajas que chocan contra una jaula llena de palomas. Los baúles vuelven a sus lugares instantáneamente, pero Héctor toma la jaula para inspeccionar el daño. Mientras la mayoría de las palomas esta aturdida por el golpe una tiene claramente un ala rota. Héctor toma cuidadosamente al ave, los barrotes dañados se reparan cuando baja la jaula.
-¿Puedes curarla?- pregunta Celia. Su padre mira a la paloma herida y de regreso a su hija, esperando a que ella le haga mas preguntas.
-¿Puedo curarla?- ella pregunta después de un momento.
-Adelante, inténtalo. - Le dice su padre dándosela. Celia acaricia gentilmente a la trémula paloma mirando atentamente su ala rota. El ave hace un sonido doloroso y estrangulado muy diferente a su habitual susurro.
-No puedo hacerlo. - Dice Celia con los ojos llenos de lagrimas, ofreciendo la paloma a su padre. Héctor toma la paloma y rápidamente rompe su cuello ignorando el grito de protesta de su hija.
-Lo vivo tiene diferentes reglas, deberías practicar con algo más básico.- Toma la pequeña muñeca de Celia de una silla cercana y la tira al piso rompiendo la porcelana. Cuando Celia entrega al siguiente día la muñeca perfectamente reparada , él solo asiente con la cabeza en señal de aprobación y la despide para regresar a las preparaciones para su espectáculo.
-Pudiste haber sanado a la paloma.
-Pero entonces no hubieras aprendido nada, necesitas entender tus limitaciones para poder superarlas, tu quieres ganar ¿o no?
Celia asiente mirando a la muñeca, no hay evidencia de que haya sido alguna vez dañada, ni una sola grieta en la vacía cara sonriente. La tira bajo una silla y no la toma cuando dejan el teatro.
*
El hombre del traje gris lleva al niño por una semana a Francia, no precisamente de vacaciones. El viaje es inesperado, la pequeña maleta del niño es preparada sin su conocimiento. El niño asume que están ahí por algún tipo de lección, pero ningún área de estudio es especificada; después del primer día, se pregunta si estarán ahí solo por la comida, descubriendo el voluptuoso crujido de pan recién horneado en boulangeries y la extensa variedad de quesos.
Hay visitas fuera de horario a silenciosos museos donde el niño intenta caminar en las galerías tan silenciosamente como su maestro y falla, sobresaltándose con el eco de sus pasos; aunque pide un cuaderno de dibujo, su instructor insiste en que seria mejor para el guardar las imágenes en su memoria. Por las tardes el niño es enviado al teatro. El espera una función de teatro o quizá ver el ballet, pero el espectáculo es algo que encuentra inusual.
El hombre en el escenario , de cabello sedoso, un hombre barbado cuyos guantes se mueven como aves en contraste a lo negro de su traje, hace trucos simples y distracciones con prestidigitación. Aparecen aves del jaulas con fondos falsos, pañuelos se deslizan de bolsillos ocultos para ser escondidos de vuelta en puños. El chico mira al mago y a su modesta audiencia con curiosidad, los espectadores parecen impresionados por el engaño y frecuentemente aplauden educadamente.
Cuando cuestiona a su instructor después del evento, le es dicho que el asunto no será discutido hasta que regresen a Londres al final de la semana. La siguiente tarde el muchacho es llevado a un teatro mas grande y nuevamente dejado solo para ver la presentación. El gran tamaño de la multitud lo pone nervioso, nunca había estado entre tanta gente.
El hombre que esta en el escenario parece mas viejo que el mago de la noche anterior, usa un mejor traje y sus movimientos son mas precisos, cada exhibición no solo es inusual, es cautivante. El aplauso es mas que educado. Y este mago no esconde pañuelos en sus puños de encaje, las aves aparecen de todos lados, no hay jaulas. Esas son proezas que solo ha visto en sus lecciones. Manipulaciones e ilusiones que ha sido expresamente instruido una y otra vez para mantener secretas. El chico aplaude también cuando Prospero el hechicero hace su reverencia final. Nuevamente su instructor se niega a responder cualquiera de sus preguntas hasta que regresan a Londres.
Una vez de regreso en su casa de campo en Londres, regresando a lo que parece una rutina que nunca se perturbó, el hombre de traje gris le pide al chico que le diga la diferencia entre ambas presentaciones.
-El primer hombre usaba artilugios mecánicos y espejos, hacia que la audiencia mirara diferentes lugares cuando no quería que vieran algo, para crear una falsa impresión. El segundo hombre, que se hace llamar como el duque de "La tempestad", fingía hacer cosas similares pero no usaba espejos o trucos, el hacia cosas de la forma en la que usted las hace.
-Muy bien.
-¿Conoce a aquel hombre?- dice el muchacho.
- He conocido a ese hombre desde hace mucho tiempo.- Su instructor dice.
-¿ También enseña esas cosas, del modo que usted me enseña?
Su instructor asiente pero no da detalles.
-¿Como es que la gente que no puede ver las diferencias? - el chico pregunta. Para el es claro, aunque no puede articular apropiadamente lo que sus ojos vieron.
- La gente ve lo que quiere ver y en muchos casos, lo se les dice que deben ver.
No discuten mas el tema.
Mientras hay mas no precisamente vacaciones, aunque son escasas , el niño no es llevado a ver ningún otro mago.
*
El hombre del traje gris toma un pañuelo de su bolsillo y lo suelta en la mesa donde aterriza con un golpe sordo. Algo mas pesado que la seda esta escondido en los pliegues, jala una esquina del pañuelo dejando caer el contenido, un solo anillo de oro. Esta ligeramente deslustrado y grabado con algo que el niño cree que podría ser latín, pero la escritura es floreada y ondulante y no puede entenderla.
- Hoy vamos a aprender sobre lazos.
Cuando alcanzan el punto en la lección que incluye la demostración practica el niño es instruido a poner el anillo en su propia mano, él nunca toca al muchacho a pesar de las circunstancias. El niño trata de ver el anillo en su dedo mientras se disuelve en su piel.
-Los lazos son permanentes mi niño.- Dice el hombre del traje gris.
-¿A que estoy atado? -Pregunta el niño viendo la cicatriz donde un momento antes estaba el anillo.
-A una obligación que ya tenias y a una persona que no conocerás por algún tiempo los detalles no son importantes en este momento, esto es un simple tecnicismo necesario.
El niño solo asiente y no hace mas preguntas, pero esa noche, cuando esta solo y no puede dormir, pasa horas mirando a su mano a la luz de la luna, preguntándose quién podrá ser la persona a la que esta atado.
*
A cientos de millas de distancia, en un teatro abarrotado que truena de aplausos por el hombre en el escenario, escondida en las sombras formadas entre las piezas de escenografía tras el escenario, Celia Bowen llora hecha un ovillo.
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