domingo, 27 de octubre de 2013
Falsas pretensiones . 1884 Julio - Noviembre.
Prospero el Hechicero no da una razón formal del porque se retira formalmente de los escenarios. Sus giras han sido tan esporádicos durante los últimos años que la falta de presentaciones pasa mayormente desapercibida; pero Héctor Bowen sigue de gira, por así decirlo, aún si Prospero el Hechicero no lo hace. Viaja de ciudad en ciudad empleando a su hija de diez y seis años como médium.
-¡Odio esto papá! - Celia se queja frecuentemente.
-Si puedes pensar en un mejor modo de pasar tu tiempo antes de que empiece el desafío, y no te atrevas a decir que leyendo, entonces eres bienvenida, hazlo, si hace tanto dinero como esto lo hace. Además, es bueno que practiques el actuar frente a una audiencia.
-¡Esta gente es insufrible!- Dice Celia , aunque no es exactamente a lo que se refiere; ellos la hacen sentirse incomoda, la forma en que la miran, las miradas suplicantes y los ojos llorosos, la ven como a una cosa, un puente a los seres queridos perdidos a los que tan desesperadamente se aferran.
Hablan de ella como si ni siquiera estuviera en la habitación, como si fuera tan insubstancial como sus amados espíritus, debe forzarse a si misma a no sentirse avergonzada cuando inevitablemente la abrazan agradeciéndole entre sollozos.
- Esta gente no significa nada.- Le dice su padre.- No pueden siquiera empezar a entender que es lo que ellos ven o escuchan, es mas fácil para ellos que crean que reciben milagrosas transmisiones de la otra vida . ¿ Por que no tomar ventaja de eso, especialmente cuando están tan dispuestos a separarse de su dinero por algo tan simple?
Celia sostiene que ninguna cantidad de dinero vale tan dolorosa experiencia, pero Héctor es insistente así continúan con los viajes, con mesas que levitan y haciendo fantasmales golpeteos en todo tipo de bien preparadas paredes.
Ella sigue desconcertada por la forma en que sus clientes ansían la comunicación, esa seguridad. Ni una vez ha querido tener contacto con su difunta madre y duda que su madre quisiera hablarle si pudiera, especialmente con métodos tan complicados. Todo esto es una mentira,
le gustaría decirles, los muertos no rondan al rededor para tocar con buenos modos tazas de té ni manteles , ni susurran a través de cortinas hinchadas.
Algunas veces rompe las reliquias culpando a espíritus inquietos.
Su padre le escoge diferentes nombres cada vez que cambian de local, pero usa Miranda frecuentemente, presumiblemente porque sabe que tanto le molesta. Después de meses de eso esta exhausta de viajar , la presión y el hecho de que su padre a penas la deja comer, porque asegura que luciendo como alguien sin techo la hace parecer mas convincente, mas cercana al otro lado.
Hasta que después de se desmaya verdaderamente durante una sesión, ejecutando mas que a la perfección su desvanecimiento coreografiado, su padre accede a un respiro en su casa de Nueva York. Una tarde en el té , entre miradas a la cantidad de mermelada y crema batida que unta a sus bollos, menciona que ha sido contratada para prestar sus servicios el fin de semana a una llorosa viuda al otro lado del pueblo, quien ha accedido a pagar el doble de su tarifa normal.
-Dije que podías tener un descanso.- Su pare dice cuando Celia se niega, sin siquiera levantar la mirada de la pila de papeles que tiene regados en la mesa.- Y has tenido tres días, eso debe bastar, te ves bien, vas a ser mas bella que tu madre algún día.
- Me sorprende que recuerdes como lucia mi madre.
-¿Ah si?- Su padre pregunta mirándola y ella solo frunce el ceño como respuesta- Puede que solo haya pasado algunas semanas en su compañía pero la recuerdo con mas claridad de lo que lo haces, y tu la tuviste por cinco años, el tiempo es algo particular, lo aprenderás eventualmente.- y regresa su atención a los papeles.
-¿Que hay de el reto para el que supuestamente me has estado entrenando?- le pregunta Celia.- ¿O es solo una forma mas que tienes para hacer dinero?
- Celia, querida, tienes grandes cosas por delante, pero cedimos el control de cuando empezarán , nuestro lado no tiene el primer movimiento, simplemente seremos notificados cuando sea el momento de ponerte en el tablero, si eso fuera.
-¿Entonces por que importa lo que haga mientras tanto?
- Necesitas practicar.
Celia inclina la cabeza mirándolo mientras pone sus manos en la mesa. Todos los papeles se doblándose por si mismos en formas elaboradas: pirámides, hélices y aves de papel con alas susurrantes. Su padre levanta la mirada molesto, toma un pesado pisapapeles de cristal y lo tira sobre la mano de Celia, lo suficientemente fuerte para romperle la muñeca con un agudo crujido. Los papeles de desdoblan y revolotean de regreso a la mesa.
-Necesitas practicar.- Le repite.- Te sigue faltando control.
Celia abandona el cuarto sin decir una palabra tragándose y tratando de contener las lagrimas.
- ¡Y por el amor de Dios, deja de llorar! - su padre le grita.
Le toma casi una hora acomodar y sanar los pedazos de hueso.
*
Isobel se sienta en una silla que raramente se usa en un rincón del piso de Marco un arcoíris de listón de sedase enreda en sus dedos mientras trata en vano de hacer una elaborada trenza.
-Esto parece tan tonto.- ella señala, molesta por el listón enredado.
- Es un encanto sencillo.- Dice Marco desde su escritorio, donde se sienta rodeado de libros abiertos. - Un listón por cada elemento unido por nudos y un propósito . Es como con tus cartas, solo que influencias al objeto en vez de sólo adivinar su significado; pero no va a funcionar si no crees que lo hará, lo sabes.
-Quizá no estoy en el humor apropiado para creerlo.-Isobel dice, soltando los nudos y colocando el listón a un lado dejándolos colgar en el brazo de la silla. -Lo intentaré de nuevo mañana.
-Entonces ayúdame.- Levantando la vista de sus libros le dice Marco.- Piensa en algo, un objeto, un objeto significativo del que no pueda saber.
Isabel suspira pero obediente cierra los ojos y se concentra.
-Es un anillo.- Marco dice después de un momento, sacando la imagen de su mente , tan fácil como si ella le hubiera hecho un dibujo. - Un anillo con un zafiro con dos diamantes a los costados.
Isobel abre los ojos.
-¿Como supiste eso?
- ¿ Es un anillo de compromiso?- contesta con un gesto. Ella cubre su boca con la mano y dice que si con la cabeza.
-Lo vendiste.- Marco afirma tomando fragmentos de recuerdos relacionados al anillo mismo.- En Barcelona, escapaste de un matrimonio arreglado, por eso estas en Londres. ¿Por que no me lo dijiste?
- No es exactamente un tema de conversación apropiado, y difícilmente me dices cosas sobre ti, tu también pudiste haber escapado de un matrimonio arreglado.
Se quedaron mirando un momento. Marco trata de buscar una respuesta apropiada pero entonces Isobel ríe.
-Probablemente él busco mas al anillo que a mi.- Dice ella mirando su mano desnuda.- Era una cosa tan adorable, casi no me quería separar de el pero no tenia dinero, ni nada más que vender.
Marco empezaba a decir que había conseguido un muy buen precio por el anillo pero entonces alguien tocó la puerta del departamento.
-¿Es el casero?- Susurra Isobel, pero marco pone un dedo en sus labios y sacude la cabeza. Solo una persona toca esa puerta sin ser anunciada. Marco le señala a Isobel para que valla al estudio antes de que abra.
El hombre del traje gris no entra al departamento, nunca ha entrado a ese espacio desde que orquestó la transición empujando a su estudiante al mundo.
-Te presentaras para pedir un puesto de trabajo para este hombre.- Dice sin saludar sacando una tarjeta de presentación descolorida de su bolsillo.- Vas a necesitar un nombre.
- Ya tengo un nombre.
El hombre del traje gris no pregunta cuál podría ser.
- Tu entrevista esta programada para mañana en la tarde, he hecho varios negocios para Monsieur Lefevre últimamente y te he recomendado firmemente, pero deberás hacer lo que sea necesario para asegurar el puesto.
-¿Es el inicio del reto?
-Es una maniobra preliminar para ponerte en un lugar ventajoso.
-Entonces, ¿Cuándo empezará el reto?- Pregunta Marco, aunque ha hecho la misma pregunta docenas de veces antes y nunca ha recibido una respuesta.
-Eso se hará claro en su tiempo, cuando inicie, seria inteligente concentrar tu atención en la competencia misma,- sus ojos se mueven apuntando a la puerta cerrada del estudio,- sin ninguna distracción. - Le dice y sale por el pasillo dejando a Marco parado en la puerta leyendo y re leyendo el nombre y la dirección en la despintada tarjeta.
*
Héctor Bowen accede a la insistencia de su hija a quedarse en Nueva York, pero lo hace por sus propios propósitos. Mientras hace comentarios de que ella debería practicar más, en general la ignora, pasando su tiempo solo en el salón de arriba.
Celia esta bastante contenta con el arreglo y pasa mucho de su tiempo leyendo. Se escapa a librerías, sorprendida de que su padre no le pregunte de donde han venido las nuevas pilas de libros. Y practica, frecuentemente, rompiendo cualquier tipo de cosas solo para volverlas a armar, haciendo volar los libros a su alrededor como si fueran aves calculando que tan lejos pueden volar antes de tener que ajustar su técnica. Se vuelve muy hábil al manipular telas, alterando sus vestidos de manera tan experta como un sastre maestro para acomodar el peso que ha ganado, sintiendo su cuerpo suyo otra vez.
Tiene que recordarle a su padre que salga de su salón para comer, pero últimamente se niega a hacerlo con mas y mas frecuencia, casi nunca deja el salón en absoluto.
Hoy ni si quiera respondió a su insistente golpeteo. Irritada y sabiendo que ha hechizado la cerradura para que no pueda abrirla sin sus propias llaves, ella patea la puerta y para su sorpresa se abre.
Su padre esta junto a la ventana, mira atentamente su brazo mientras lo extiende frente a el, la luz del sol se filtran a través del vidrio congelado y cae en su manga. Su mano se desvanece completamente y de regreso, estira sus dedos frunciendo el ceño al escuchar el crujido de sus articulaciones.
-¿Que estas haciendo papá? Celia pregunta, peleando la curiosidad y el fastidio, no es algo que le haya visto hacer antes, ni en los escenarios , ni en la intimidad de sus lecciones.
-Nada que te incumba.- dice su padre poniendo el adornado puño de su camisa sobre su mano. La puerta se cierra en su cara.
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