viernes, 18 de octubre de 2013

Circo Nocturno , Erin Morgenstern.



Una apuesta de caballeros
Octubre 1873,  Londres




     Esta noche es la actuación final de un muy limitado compromiso. Prospero el Hechicero, no ha agraciado los escenarios de Londres en algún tiempo y solo se ha agendado solo una semana de presentaciones, sin matiné .

        Aunque extraordinariamente caros, los boletos se venden rápidamente y el teatro esta tan lleno  que muchas mujeres mantienen sus abanicos a la mano para soplar sobre sus escotes, alejando así  el intenso calor que permea el aire a pesar del frio otoñal que hay afuera.

        En un punto de la velada cada uno de esos abanicos súbitamente se convierte en una pequeña ave, una parvada de ellos  vuelan en círculos  por el teatro  con el rugir de los aplausos. Cuando cada ave regresa , caen abanicos limpiamente doblados en los regazos de sus respectivas dueñas, el aplauso crece, aunque algunos están demasiado asombrados para aplaudir, convertidos los  abanicos  de plumas y encaje en sus manos ya no les importa mas el calor.

          El hombre de traje gris  del palco de la izquierda no aplaude, no por esto, no por ni uno solo de los trucos a lo largo de la velada. Mira al hombre en el escenario con mirada fija y escudriñando todo lo que dura la actuación. Ni una vez levanta la enguantadas manos para aplaudir, no mueve si quiera una ceja a las  hazañas que provocan aplausos o  jadeos o el eventual estremecimiento  de sorpresa del resto de la cautiva audiencia..


        Después de que la presentación ha terminado , el hombre de traje gris navega calmadamente la multitud de espectadores en el lobby del teatro. Se desliza pro una puerta cubierta por una cortina que lo lleva a los camerinos  tras el escenario sin ser visto. Utileros y vestuaristas no le dan ni una mirada siquiera. Toca en la puerta al final de pasillo con la plateada punta de su bastón. La puerta se abre por si misma revelando un desordenado vestidor rodeado  de espejos dando cada uno un reflejo diferente de Prospero. Su saco de cola ha sido dejada perezosamente  en una silla de terciopelo y su chaleco cuelga desabotonado sobre su camisa de filos de encaje. El sombrero  alto  tan distintivo en la actuación yace en un perchero cercano.

         El hombre parece mas joven en el escenario, su edad enterrada entre las luces  y capas de maquillaje. El rostro en el espejo esta arrugado , el cabello significativamente canoso pero hay algo juvenil en el gesto que se forma al ver al hombre que esta en el umbral.

       -"Lo odiaste, ¿verdad?"- le pregunta sin voltear del espejo, dirigiéndose al fantasmal reflejo gris. Se sacude un espeso residuo de polvo de la cara con un pañuelo que alguna vez fuera blanco.

        -"También es u placer verte Héctor"-dice el hombre del traje negro cerrando la puerta tras de si silenciosamente.

        -"Te desagrado cada minuto, lo se"-Héctor Bowen dice  riendo. -"Te estaba mirando, no trates de negarlo"- Se voltea y extiende una mano que el hombre del traje gris no acepta. En respuesta Héctor sacude y mueve los dedos dramáticamente en dirección al muro opuesto. La silla de terciopelo se desliza a una esquina llena de cofres y bufandas mientras el saco de cola flota alejándose de ahí como una sombra colgándose solo obedientemente en el armario.

        -"Sientate por favor" - dice Héctor - "  Me  temo que no  es tan cómoda como las de afuera ".


       -"No puedo decir que apruebo esa clase de exhibiciones"- el hombre del traje gris dice mientras se quita los guantes   y sacude la silla con ellos antes de sentarse. -"Pasar manipulaciones como trucos e ilusión, cobrar la admisión".


        Héctor avienta el pañuelo cubierto de polvo en una mesa llena de brochas y latas de maquillaje.

       - "Ni una sola persona en la audiencia cree ni por un segundo que lo que yo hago es real."- dice , señalando en general al escenario. -"Es la belleza de esto.¿ Haz visto los artilugios que  esos magos crean para lograr  la mas mundana hazaña? Son un montón de peces cubiertos de plumas tratando de convencer al publico de que pueden volar y yo simplemente soy un ave entre ellos. La audiencia  no pude decir la diferencia mas allá de  saber que soy mejor  en ello."

         -"Eso no la hace una empresa menos frívola".

       - "Esa gente se forma  para ser intrigada,"- dice Héctor.- "Yo puedo intrigarlos mas fácilmente que muchos; parece una desperdicio dejar pasar la oportunidad. Paga mejor de lo que podrías pensar, también. ¿Te ofrezco  algo de beber? Hay botellas  escondidas por aquí en algún lugar, aunque no estoy seguro de tener vasos."- Trata de buscar entre los contenidos de la mesa, empujando al lado pilas de periódicos y jaulas sin aves.

         -"No, gracias."- dice el  hombre del traje gris ,  moviéndose en su silla y descansando las manos en  su bastón. -" Encuentro curiosa tu actuación y la reacción de tu audiencia era de algún modo perpleja. Te faltó precisión."

        -"No puede ser demasiado buena si quiero que crean  que soy tan falso como el resto de ellos "- dice Héctor con una risa.-"Te agradezco por venir y sufrir  durante mi show; estoy sorpendido de que aparecieras, empezaba a perder las esperanzas, he tenido reservado ese palco toda la semana."

        -" No rechazo invitaciones con frecuencia; tu carta decía que tenias una proposición para mi."

       -"¡La tengo ciertamente!" -dice Héctor, golpeando sus manos en un solo aplauso- "estaba deseando que estuvieras dispuesto para un juego. Ha sido demasiado tiempo desde que jugamos; aunque primero, debo presentarte a mi nuevo proyecto"

       -  "Creía que  había renunciado  a la enseñanza"
     

       -"Tenia que, pero esta era una oportunidad singular a la que no  pude resistirme".- Héctor camina por una puerta parcialmente escondida por un espejo -"Celia, querida".- llama a la habitación contigua antes de regresar a su silla.

          Un momento después aparece un aniña en el umbral, vestida demasiado bien para el caótico desorden que la rodean. Toda listones y encajes, perfecta como una muñeca recién comprada a excepción de algunos rizos marrones que escapan rebeldes de sus  trenzas.. Ella duda, oscilando en el umbral cuando ve que su padre no esta solo.

        -"Esta bien querida, adelante, adelante." -dice Héctor llamándola adelante con un movimiento de la  mano.-"Este es un socio mío, no seas tímida".

        Da unos cuantos pasos delante y ejecuta una perfecta reverencia , el filo de listones de su vestido rozando el suelo.

     -"Esta es mi hija, Celia,"- dice Héctor al hombre del traje gris, posando su mano en la cabeza de la niña.-"Celia , éste es Alexander."

     - "Encantada de conocerlo"- dice ella, su voz es apenas un susurro, mas grabe de lo esperado para una niña de su tamaño. El hombre de gris le da un educado saludo con la cabeza.

      -"Me gustaría que le enseñaras al caballero lo que puedes hacer " dice Héctor y saca un reloj de plata de su bolsillo con una larga cadena que esta en su chaleco y lo coloca en la mesa -"adelante". Los ojos de la niña se abren de par en par.¡
       -"!Dijiste que no podía hacerlo frente a nadie, me hiciste prometerlo!"

      -"Este caballero no es cualquiera"- responde Héctor riendo.

     -"Dijiste que sin excepciones" -protesta Celia.

     La sonrisa de su padre se borra, toma a la niña de los hombros mirándola fijamente a los ojos.

     -"Este es un caso muy especial, por favor muéstrale a este hombre  lo que haces, justo como en las lecciones"-  la empuja hacia la mesa donde esta el reloj. La niña asiente seriamente y cambia su atención al reloj, sus manos entrelazadas en su espalda. Después de un momento el reloj empieza a girar lentamente, haciendo círculos en la superficie de la mesa formando un espiral con la cadena. Entonces el reloj se eleva de la mesa , flotando en el aire y oscilando como si estuviera dentro del agua. Héctor mira al hombre de gris esperando una reacción.

     -"Impresionante"- murmura. -" pero muy básico".

      Celia frunce el seño sobre sus ojos cafés y el reloj estalla , escupiendo tornillos en el aire.

    -"Celia".-Dice su padre.

     Ella se sonroja con la brusquedad  de su tono y murmura una disculpa. Las piezas flotan de regreso al reloj acomodándose en su lugar hasta que el reloj esta completo otra vez, las manecillas marcan los segundos como si nada hubiera pasado.

    - "Ahora, eso es mas impresionante"-admite el hombre del traje gris. -"Pero ella tiene carácter."

    -"Es joven"- dice Héctor, dando palmaditas a la cabeza de la niña ignorando su ceño fruncido.-" Esto es con menos de un año de estudio, para cuando haya crecido será incomparable."

    -"Podría tomar a cualquier chico de la calle y enseñarle lo mismo. Incomparable es algo que tu personal opinión y fácilmente refutable."

     -"¡Ha!"- exclama Héctor-, "entonces estas dispuesto a jugar."- El hombre de traje gris duda un segundo antes de asentir con la cabeza

      -"Algo un poco mas complejo que la ultima vez, y si, podría estar interesado"- dice-" posiblemente."

       -"¡Por supuesto que será mas complejo! Tengo un talento natural para jugar, no apuesto eso por nada simple."

        -"Talento natural, es un fenómeno cuestionable, inclinación, quizá,  pero habilidad innata es extremadamente rara."


         -" Es mi propia hija, por supuesto que tiene habilidad innata."

        - " Tu admites que ha tomado lecciones" -replica el hombre del traje gris.-"¿Como puedes estar tan seguro?"

       -"Celia, ¿Cuándo empezaste tus lecciones?- Le pregunta Héctor sin voltear a verla.

      -"Marzo"- dice ella.

       -"¿De que año, querida?" - Añade Héctor.

     -"De este año."- dice, como si esta fuera una pregunta particularmente estúpida.

     -"Ocho meses de lecciones"- aclara Héctor- " Con apenas seis años de edad si recuerdo correctamente,  a veces inicias a tus estudiantes un poco mas jóvenes que eso. Celia es claramente  mas avanzada de lo que estaría si no tuviera una habilidad natural. Ella pudo hacer levitar ese reloj desde el primer intento."

       El hombre de traje gris regresa su atención a Celia. -"Rompiste eso por accidente, ¿cierto?"-pregunta señalando con un gesto de la cabeza al reloj en la mesa. Celia  frunce el seño y asiente muy levemente. "Tiene un control sobresaliente para alguien  tan joven"- le remarca a Héctor.- "Pero un carácter como ese es siempre una infortunada variante; puede llevar a un comportamiento impulsivo".


       -"Lo superara o aprenderá a controlarlo, es un problema menor."

       El hombre de traje gris mantiene la mirada en la niña, pero se dirige a Héctor mientras habla. A los oídos de Celia el sonido no se traduce más en palabras, y se incomoda cuando lo mismo pasa a las borrosas palabras de su padre.

        -"¿Apuestas a tu propia hija?"

       -"No perderá, sugiero que  encuentres un estudiante que tolere las separaciones, si es que o tienes ya uno que te sobre".

       -"¿Asumo que su madre no tiene opinión en el asunto?"

      -"Asumes correctamente."

      El hombre de traje gris estudia a la niña por algún tiempo antes de hablar otra vez, y aun, ella no  entiende las palabras.

     -"Entiendo tu confianza en sus habilidades, aunque te pediría que por lo menos consideraras la posibilidad de perderla si la competencia no juega a su favor. Encontraré a un jugador para retarla verdaderamente. De otra forma no hay razón para que acceda a participar. Su victoria no puede ser garantizada."

       -"Es un riesgo que estoy dispuesto a tomar"-dice Héctor si mirar a su hija.-"Si te parece hacerlo oficial desde este momento, adelante."- El hombre de gris mira otra vez a Celia y cuando habla , ella entiende otra vez.

      -"Muy bien"-dice asintiendo con la cabeza.

      -"Hizo que no pudiera escuchar bien".- Susurra Celia cuando su padre voltea a verla.

     -"Lo se querida, y no fue muy educado"- dice Héctor guiándola mas cerca de la silla donde el hombre la estudia con sus ojos que son de un gris casi tan claro como el de su traje.

       -"¿Siempre haz sido capaz de hacer esas cosas?"- le pregunta mirando otra vez al reloj.

      Ella afirma con la cabeza.

      -"Mi... mamá decía que yo era el hijo del diablo"- dice muy bajito.

     El hombre del traje gris se inclina al frente y le susurra algo al oído, muy bajo para que su papá no pueda oírlo. Una pequeña sonrisa ilumina su rostro. -"Extiende la mano."- le dice, mientras se recarga en el respaldo de la silla. Celia inmediatamente extiende la mano con la palma hacia arriba, sin saber que esperar; pero el hombre de gris no pone nada en su palma extendida. En su lugar, voltea su mano y se quita un anillo de plata de su dedo meñique, lo desliza en el dedo de la niña aunque es  muy grande para sus delgados dedos, mantiene la otra mano en la muñeca de ella.


      Ella abre la boca al mirar el obvio hecho de que el aniño, que es tan bonito, no le queda, entonces se da cuenta de que el anillo empieza a encogerse en su  mano. La momentánea alegría del ajuste es aplastada por el dolor que le sigue mientras el anillo continua encogiéndose en su dedo, el metal quema en su piel. Ella trata de quitárselo pero el hombre del traje negro mantiene firmemente su mano al rededor de su muñeca. El anillo se desvanece dejando solo una brillante cicatriz roja al rededor del dedo de Celia. El hombre del traje gris suelta su muñeca y da un pazo a tras, y ella se retira a una esquina  mirando su mano.


       -"Buena niña" - dice su padre."

      -"Tomará algún tiempo preparar un jugador para mi."

      -"Por supuesto, tomate todo el tiempo que necesites".- dice Héctor y toma una  anillo dorado  de su propia mano y la pone en la mesa.-"Para cuando encuentres el tuyo".

       -"¿No prefieres hacerlo tu mismo?"

       -"Confío en ti."

      El hombre del traje gris asiente  y saca un pañuelo de su abrigo tomando el anillo sin tocarlo y guardándolo en su bolsillo.

       -"Espero que no estés haciendo esto porque mi competidor gano nuestro ultimo reto."

       -"Por supuesto que no, estoy haciendo esto porque tengo un jugador que puede ganarle a cualquiera que tu elijas  y porque los tiempos han cambiado lo suficiente para hacerlo interesante. A de mas , me parece que después de todo el record se inclina a mi favor."

        El hombre de gris  no contradice su punto y solo mira a Celia con la misma mirada estudiándola. Ella intenta salir de su línea de visión pero la habitación es muy pequeña.

       -"¿Supongo que ya tienes un lugar en mente ?"

       -"No precisamente"- dice Héctor- "Pensé que quizá  seria mas divertido dejar algunas cosas flexibles en lo que se refiere al lugar, como elemento sorpresa, si tu quieres. Estoy familiarizado con  un productor teatral aquí en Londres quien podría estar buscando algo inusual. Podría soltar unas cuantas pistas cuando el momento llegue, estoy seguro que se le ocurrirá algo apropiado. Es mejor dejarlo en territorio neutral, pero tu podrías apreciar las cosas desde tu lado del estanque."

      -"¿Cual es el nombre del caballero?"

     -"Lefèvre. Chndresh Chirstophe  Lefèvre.  Dicen que es el hijo ilegitimo de un príncipe indio  o algo así. Su madre era alguna bailarina tramposa . Tengo su lugar aquí en algún lado de este desastre. Te va a agradar,  es de un pensamiento muy avanzado, rico, excéntrico, un poco obsesivo, un tanto impredecible, pero supongo que eso es parte del paquete de tener un temperamento artístico"- El paquete de papeles del escritorio cercano se mueve y se revuelve hasta que una tarjeta de  presentación sale a la superficie y navega por la habitación. Héctor la toma en sus manos  y la lee antes de ofrecérsela al hombre del traje gris.- "Da fiestas maravillosas."

          El hombre del traje gris la pone en su bolsillo sin siquiera mirarla. -"No he escuchado de él" dice - " y no estoy muy  apegado a las apariciones en publico de tales maneras, lo tomare en consideración."

         -"¡Tonterías, tener publico es la mitad de la diversión! pone tantas restricciones, tantos parámetros desafiantes para trabajar."- El hombre del traje gris considera un momento esto y acepta moviendo la cabeza.

        -"¿Tenemos alguna clausula de revelación?  Seria justo tomando en cuenta mi entusiasmo por tu elección de jugador.

        -"No dejemos más clausulas que las básicas de interferencia y veamos que pasa" sugiere Héctor- "Quiero forzar los limites con esta, tampoco hay limite de tiempo, incluso te daré el primer movimiento."


        -"Muy bien, tenemos un acuerdo, estaré en contacto."- el hombre del traje gris se levanta sacudiendo polvo invisible de su manga. -"Fue un placer conocerla , señorita Celia."

     Celia le hace otra perfecta reverencia mirándolo todo el tiempo con ojos preocupados. El hombre del traje gris saluda a Prospero con el sombrero y sale por la puerta y luego fuera del teatro  moviéndose como una sombra en la ajetreada calle.

                                                                       *



     En su camerino, Héctor Bowen se rie para si mismo mientras su hija permanece quieta en una esquina mirando la cicatriz en su mano. El dolor se borra tan rápido como el anillo mismo, pero la marca roja permanece. Héctor toma el reloj de bolsillo de la mesa comparando la hora con el reloj del muro. Haciendo girar  el reloj lentamente mirando fijamente las manecillas  mientras se mueven en la caratula.


     -"Celia"-, dice mirando a la niña- ¿Por que giramos  nuestro reloj?"

      -"Porque todo requiere energía"- recita obedientemente con los ojos todavía fijos en su mano.-" Debemos poner esfuerzo y energía  en todo lo que deseamos cambiar."

     - "Muy bien"- sacude gentilmente el reloj y lo guarda en su bolsillo.

     -"¿Por que llamaste a ese hombre Alexander?- le pregunta Celia.

      -" Esa es una pregunta tonta."

     -"No es su nombre."

      -"¿Como, como podrías saber tu eso?- le pregunta Héctor a su hija levantándole la barbilla para ponderar la mirada de sus obscuros ojos con los suyos propios. Celia lo mira, sin saber como explicarse. Ella proyecta  en su mente  la imagen del hombre en su traje gris, con sus ojos pálidos y sus rasgos severos tratando de descubrir por que el nombre no le queda apropiadamente.


     -"No es su verdadero nombre, no es el que ha llevado siempre, es uno que lleva como un sombrero para quitárselo cuando quiera; como es Prospero para ti."

      -"Eres mas lista de lo que podría esperar" - le dice Héctor sin molestarse en negar o afirmar sus suposiciones de la nomenclatura de su colega. Toma el sombrero del perchero y  se lo pone en la cabeza de donde se desliza obscureciendo los inquisitivos ojos en una jaula de seda negra.

     
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