martes, 3 de diciembre de 2013

Reglas del juego, 1887 - 1889



            Hay pocas cenas el circo ahora que el circo mismo esta hecho y marchando apropiadamente, ganando autosuficiencia, como Chandresh lo dijera en una cena no mucho después de la noche del estreno. Los conspiradores originales siguen reuniéndose para cenar ocasionalmente, particularmente cuando el circo esta presentándose en las cercanías, pero se han vuelto mas y mas  poco frecuentes.

           El señor A. H. no aparece a pesar de estar permanentemente invitado.

           Y como estas reuniones eran la única oportunidad de Marco para ver a su instructor, su continua ausencia lo frustra. Después de un año sin dar señal, sin una palabra o vistazo del sombrero gris, Marco decide llamarlo. No sabe cual es la residencia actual de su instructor, asume, correctamente, que es probable que sea un lugar temporal y que para cuando localice la correcta ubicación de su instructor ya se habrá mudado a otra nueva, igualmente temporal.

          En su lugar, Marco talla una serie de símbolos en la escarcha del cristal de la ventana en su departamento que da a la calle, usando las columnas del museo como guía, la mayoría de los símbolos son indistinguibles a menos que la luz les de en precisos ángulos, pero colectivamente están arreglados en forma de una gran  letra " A"


              Al siguiente día alguien toca a la puerta.

             Como siempre, el hombre en el traje negro se niega a entrar al departamento. Se queda en el vestíbulo y ve a Marco con una mirada  fría y gris.

            -¿Que es lo que quieres?

            -  Me gustaría saber  si lo estoy haciendo bien.- Dice Marco.
     
            Su instructor lo mira por un momento, su expresión es inescrutable como siempre.

            -Tu trabajo ha sido el suficiente.

            - ¿ Es así como va a proceder el reto? ¿ Cada uno manipulando el circo, por cuanto tiempo seguirá?

             - Se te ha dado un lugar para trabajar, tu presentas tus habilidades lo mejor que puedas y tu oponente hace lo mismo, no interfieren en el trabajo del otro, seguirá de esta manera hasta que haya un ganador, no es tan complejo.

             - No estoy seguro de entender las reglas.

            - No necesitas entender las reglas, necesitas seguirlas, como dije, tu trabajo ha sido suficiente.- Empieza a irse pero entonces duda.

            - No vuelvas a hacerlo.- Dice señalando sobre el hombro de Marco a la ventana cubierta de escarcha. Entonces da la vuelta y se aleja. Los símbolos en la ventana se derriten en gotas sin significado.

                                                                *


            Es medio día y el circo duerme tranquilo, pero Celia Bowen esta frente al carrusel viendo como  creaturas blancas, negras y plateadas pasan en fila, suspendidas en listones  coordinados, sin jinete.

            -No me gusta esta cosa, - dice una voz tras de si.

            Héctor Bowen  no es mas que una aparición en la tienda medio iluminada, su traje negro  se desvanece en las sombras. La luz cambiante toma y suelta la brillantez de su camisa, el gris de su pelo, iluminando la mirada reprobatoria en su cara mientras mira el carrusel sobre el hombro de su hija.

             -¿Por que no?- Responde Celia sin voltear.- Es tremendamente popular, y requirió mucho trabajo, eso debería contar en algo, papá.

           Su gesto burlón  es solo un eco de lo que alguna vez fue, y Celia esta aliviada de que no puede ver su sonrisa a la leve del sonido.

             -No serias tan imprudente si no estuviera...-  su voz se esfuma con el movimiento de una mano transparente cerca de su brazo.

              -No te enojes conmigo por eso, te lo hiciste  a ti mismo, no es mi culpa que no puedas deshacerlo, y  difícilmente estoy siendo imprudente.

             - ¿Qué tanto le dijiste a ese arquitecto tuyo?- Le pregunta su padre.

             - Le dije tanto como creí que era necesario que supiera.- Dice Celia mientras el pasa de ella, moviéndose para inspeccionar el carrusel.- Le gusta presionar los limites, y le ofrecí presionarlas aun mas, ¿Es el señor Barris mi oponente? Eso seria muy insincero  de su parte, construirme un carrusel para no levantar sospechas.

              - El no es tu oponente.- Dice Héctor con un gesto de desprecio, el encaje de su manga flotando como una polilla.- Aunque algo así, bien podría ser considerado como hacer trampa.

              -¿Como  es que utilizar un ingeniero  para ejecutar una idea  no funciona con el punto del reto, papá? Lo discutí con el,  me dio el diseño y la construcción, y yo... lo embellecí,¿ te gustaría montarlo? va un poco mas allá que solo dar vueltas y vueltas.

              - Obviamente, - dice Héctor mirando al oscurecido túnel  en el que la línea de creaturas desaparecen,- aun  no me gusta.

               Celia suspira, camina al borde del carrusel para acariciar la cabeza de un cuervo  engrandecido al pasar.

          - Y hay incontables elementos en este circo que son en colaboración, ¿Por que  no usar eso para mi ventaja? Tu sigues insistiendo en que debo  hacer mas que solo mis presentaciones, pero necesito  crear oportunidades para lograrlo. El señor Barris  ha sido de gran ayuda en  eso.


           - Trabajar con otros te puede hundir, esta gente no son tus amigos, no tienen consecuiencia, y uno de ellos es tu oponente, no lo olvides.

           - Tu sabes quien es , ¿ verdad?

          - Tengo mis sospechas.

          - Pero no me vas a decir cuales son .

         - La identidad de tu oponente no tiene importancia.

          - A mi me importa.

         Héctor frunce el ceño,  mirando como ella juega distraídamente con el anillo en su mano derecha.

         - No debería.

         -Pero mi  oponente sabe quien soy, ¿si?

         - En verdad, a menos que tu oponente sea profundamente estúpido, No es propio de Alexander, elegir a  un estudiante profundamente estúpido. Pero no importa, es mejor para ti  hacer tu propio trabajo sin influencia de tu oponente, y sin ninguna de estas "colaboraciones" como tu las llamas.

          Extiende un  brazo  al carrusel y los listones tiemblan, como si una suave briza  pasara por la carpa.

         - ¿Cómo es mejor? ¿Cómo  es algo mejor que cualquier otra cosa aquí? ¿ Como es una carpa comparable a otra? ¿Cómo puede ser  cualquier cosa juzgada?

         - Ese no debe preocuparte.

        -¿Como puedo ganar un juego  cuando te niegas a decirme las reglas?

        Las creaturas suspendidas giran sus cabezas en dirección al fantasma en su neblina, grifos y zorros y guivernos lo miran con negros ojos brillantes.


        - Acaba con eso, - Héctor reclama a su hija, las creaturas regresan  a ver al frente, pero uno de los lobos gruñe al regresar a su estado congelado, - No estas tomando esto con la seriedad que deberías.

          - Es un circo, es difícil tomárselo en serio.

        - El circo es solo un lugar.

        - Entonces no es un juego ni un reto, es una exhibición.

        - Es mas que eso.

        - ¿Como?- Pregunta Celia, pero su padre solo sacude la cabeza.

         - Te he dicho todas las reglas que necesitas saber, fuerzas los limites de tu habilidad usando este circo como lugar de exhibición, pruebas que eres mas fuerte, haces todo lo que puedas para brillar mas que tu oponente.

        -¿Y  cuando determinas cual de nosotros es mas brillante?

       - Yo no determino nada, deja hacer tantas preguntas, haz mas, y deja de colaborar.


          Antes de que pueda responder, se desvanece, dejándola sola en la centelleante luz del carrusel.



                                                              *

          Al inicio, las cartas que Marco recibe de Isobel llegan con frecuencia, pero conforme el circo viaja a ciudades lejanas y países, semanas y a veces meses se alargan sin palabras entre cada misiva. Cuando una carta nueva llega finalmente, ni si quiera se quita el abrigo antes de abrir el sobre. Se salta las paginas de apertura que están llenas con preguntas amables sobre sus días en Londres, señalando cuanto extraña la ciudad y lo extraña a el.


         Los acontecimientos en el circo son reportados obedientemente, pero con tal precisión practica, que no puede imaginarlo en el rico detalle que quisiera, pasa por alto  las cosas que considera mundanas, el viaje y el tren, aunque Marco esta seguro de que no pueden estar moviéndose solo por tren. La distancia del circo  se siente mas pronunciada a pesar del tenue contacto a través del papel y la tinta. Y ahí hay tan poco sobre ella, Isobel ni siquiera escribe su nombre en la paginas, se refiere a ella de pasada solo como la ilusionista, una precaución que el mismo sugiriera y que ahora lamentaba.


           El quiere saber todo de ella.

           Como pasa el tiempo cuando no esta en su acto.

          Como interactúa con su audiencia.

          Como toma su té.

         No puede llegar a preguntarle estas cosas a Isobel.
      
        Cuando le responde, le pide que escriba tan frecuentemente como le sea posible, hace énfasis en cuanto significan sus cartas para el. Toma las paginas escritas a mano por ella, descripciones de carpas a rayas y cielos llenos de estrellas y las dobla en forma de aves, dejándolas volar por el departamento vacío .



                                                                    *

             Es tan raro  que se tenga una nueva tienda que Celia considera  cancelar sus presentaciones por completo  para pasar la noche  investigándola. Pero decide esperar, ejecutando el numero estándar de presentaciones, terminando la ultima  a unas horas del amanecer, solo entonces navega su camino entre los caminos vacíos para encontrar la nueva adición al circo.


               El letrero proclama algo  llamado Jardín de Hielo, y Celia sonríe a la adenda  que esta abajo  que contiene  una disculpa por cualquier inconveniencia térmica. A pesar del nombre, no esta preparada por lo que le espera dentro de la carpa. Es exactamente lo que anuncia el letrero pero es mucho mas que eso.

                No hay rayas visibles en los muros, todo es brillante y blanco, no puede decir que tanto se alarga, el total de la carpa se ve oscurecido por sauces como cascadas y ramas torcidas. El aire mismo es mágico, fresco y dulce en sus pulmones al respirarlo, mandando un estremecimiento  desde sus pies que es causado mas por la anunciada baja temperatura.

              No hay visitantes en la carpa cuando la explora, dando vueltas sola  por los enrejados cubiertos por pálidas rosas y  una fuente tallada elaboradamente que burbujea suavemente. Y todo, a excepción  por los ocasionales  largos listones de seda que lo atraviesan, como guirnaldas, están hechos de hielo. Curiosa, Celia toma una peonia congelada de su rama, el tallo se rompe fácilmente. Pero las capas de pétalos se destrozan, cayendo de sus dedos al piso, desapareciendo en los tallos de pasto ébano  abajo. Cuando mira de nuevo a la rama, un retoño idéntico ha aparecido .


              Celia no puede imaginar que tanto poder  y habilidad debió tomar no solo construir una cosa así, sino mantenerlo también. Y desea saber como se le ocurrió a su oponente esa idea. Consiente de que cada arbusto, cada detalle desde las piedras que bordean los caminos como perlas, debieron ser planeados.

             Debió ser tan difícil manejar algo similar, se siente fatigada solo de pensarlo, Casi desea que su padre estuviera ahí, mientras empieza a entender por que siempre fue tan  categórico  sobre trabajar su fuerza y control. Aunque no esta segura por completo si desea agradecérselo .


            Y le gusta tener el espacio para ella, la quietud y la calma endulzada con el ligero perfume de las flores congeladas. Celia permanece en el jardín  de hielo mucho después de que el sol se eleva afuera y las puertas han cerrado por el día.


                                                                              *


                 El  circo llega cerca de Londres para la primera visita después de un tiempo, y la tarde anterior a que abra alguien toca a la puerta de Marco.  Abre la puerta solo parcialmente, manteniéndola así cuando descubre a Isobel en el pasillo.


            - Cambiaste las cerraduras.- Dice ella.

           - ¿Por que no me dijiste que venias?

          -  Creí que te gustaría una sorpresa.

         Marco se niega a dejarla entrar, pero la deja esperando en la sala solo un momento antes de regresar con el sombrero en mano. La tarde es fresca pero brillante   y la lleva a tomar el té.

         -¿Que es eso?- Pregunta Marco, mirando a las muñecas de Isobel mientras caminan.

        -Nada.- Dice ella, jalando el puño de su manga para obscurecer la vista del brazalete, una trenza cuidadosamente tejida de su cabello  entrelazada con los de el.


          El no pregunta mas. Aunque Isobel nunca se quita el brazalete, ya no lo tiene cuando regresa al circo esa tarde, desapareciendo  de su piel como si nunca hubiera estado ahí.
          


         


       




                                                               
                                                                 

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