domingo, 15 de diciembre de 2013
Atmosfera, Septiembre 1891, Londres.
El circo ha llegado a Londres, el tren arriba justo al anochecer sin llamar la atención. Los carros del tren se colapsan, puestas y vestíbulos se deslizan silenciosamente formando cadenas de cuartos sin habitaciones. Lonas a rayas se desenrollan al rededor, cuerdas se desenredan y se tensan y plataformas se ensamblan solas entre cortinas cuidadosamente dobladas.
(La compañía asume que hay un equipo que hace todo eso mientras descargan sus baúles, aunque algunos aspectos de la transición son claramente automáticos. Esto fue una vez así, pero ahora no hay equipo, no hay tramoyistas moviendo pedazos de escenario a sus lugares, ya no son necesarios.)
Las tiendas están en silencio y oscuras, pues el circo no estará abierto sino hasta la siguiente tarde. Mientras la mayoría de los actores pasan la noche en la ciudad visitando a viejos amigos y sus bares favoritos, Celia Bowen se sienta sola en su habitación tras bambalinas. Su habitación es modesta en comparación a otras escondidas tras las carpas del circo, pero esta llena de libros y muebles muy usados, dispares velas consumiéndose alegres en cada superficie disponible, iluminando a las durmientes palomas en sus jaulas colgadas entre cortinas ricas en color de tapicería, un santuario acogedor, cómodo y tranquilo.
Alguien toca a la puerta y es una sorpresa.
- ¿Así es como pretendes pasar tu noche entera?- Tsukiko pregunta, mirando el libro que Celia tiene en las manos.
- ¿Entiendo que me vas a proponer una alternativa?- Pregunta Celia. La contorsionista no la visita frecuentemente con el único propósito de visitarla.
- Tengo un compromiso social, y pensé que podrías acompañarme, pasas demasiado tiempo sola.
Celia intenta protestar, pero Tsukiko es insistente, tomando uno de los mejores vestidos de Celia, uno de los pocos con algo de color, uno de terciopelo de un azul profundo adornado con dorado pálido.
-¿A donde vamos?- Pregunta Celia pero Tsukiko se niega a contestar, es muy tarde en la noche para que su destino sea el teatro ballet.
Celia ríe cuando llegan a la mansión Lefêvre.
-Pudiste haberme dicho. - Le dice a Tsukiko.
- Entonces no hubiera sido una sorpresa.
Celia solo ha ido a un solo evento a la mansión Lefévre , y fue mas bien una recepción antes del estreno del circo que una cena de media noche propiamente, pero a pesar de visitar la casa un puñado de veces entre la audición y la apertura del circo, se da cuenta de que ya conoce a cada uno de los invitados.
Su llegada con Tsukiko es una sorpresa para el resto de ellos, pero es saludada cálidamente por Chandresh y llevada al recibidor con una copa de champagne en la mano antes de poder disculparse por su inesperada presencia.
-Ve que sea puesto un lugar adicional para la cena.- Chandresh le dice a Marco, antes de llevarla a dar una vuelta por el cuarto para asegurarse de que todos la conozcan , Celia encuentra extraño que al parecer el no recuerda.
Mme. Padva como siempre graciosa, en su vestido de un cálido color cobre como las hojas de otoño brillando a la luz de las velas, las hermanas Burgess y el señor Barris al parecer ya han apuntado al hecho de que los tres llevan tonos azules, un detalle no planeado, y el vestido de Celia es citado simplemente como prueba de que debe estar de moda.
Se menciona que hay otro invitado que podría o no asistir, pero Celia no escucha su nombre.
Se siente ligeramente fuera de lugar en esta reunión de gente que se conoce desde hace mucho, pero Tsukiko la incluye en la conversación, y el señor Barris presta tal atención cada vez que ella habla que Lainie empieza a molestarlo por eso. Aunque Celia conoce bien al señor Barris, encontrándose con el en numerosas ocasiones e intercambiando docenas de cartas, el hace un trabajo impresionante fingiendo ser solo conocidos.
- Debiste ser actor.- Le susurra cuando esta segura de que nadie puede oírla.
- Lo se, - contesta sonando verdaderamente triste,- es una lastima que no atendiera a mi verdadera vocación.
Celia nunca ha hablado con ninguna de las hermanas Burgess por mucho tiempo, Lainie es mas parlanchina que Tara,y hoy ella se entera en gran detalle los toques que ellas han dado al circo. Mientras que los disfraces de Mme. Padva y los aspectos de ingeniería son obvios, la marca de las Burgess es mas sutil, aunque permea casi en todos los aspectos del circo.
Los aromas, la música, la calidad de la luz, hasta el peso de las cortinas de terciopelo en la entrada. Ellas han arreglado cada elemento para que parezca casual.
- Nos gusta llegar a todos los sentidos.- Dice Lainie.
- Algunos mas que otros.- Tara añade.
- Cierto, - su hermana concuerda,- los aromas son frecuentemente subestimados, cuando pueden ser tan evocativos.
- Son brillantes con la atmosfera, - Chandresh señala a Celia al unirse a la conversación, cambiando su copa de champagne bacía por otra recién servida,- ambas son absolutamente brillantes.
- El truco es hacerlo parecer como si nada fuera a propósito,- susurra Lainie.- para hacer que lo artificial se sienta natural.
- Atar todos los elementos juntos. - Tara termina.
Celia cree que dan el mismo servicio dentro dela presente compañía, Celia duda que esta reuniones pudieran continuar por tanto tiempo después de que el circo empezara sin la risa burbujeante e infecciosa de las hermanas Burgess . Hacen las preguntas perfectas para mantener viva la conversación, alejando al aburrimiento. El señor Barris provee un contraste ideal, serio y atento, manteniendo la dinámica del grupo en balance.
Un movimiento en la sala llama la atención de Celia, y mientras nadie mas hubiera notado la cantidad de velas o espejos por el reflejo, ella sabe de inmediato la causa. Entra en la sala sin ser notada, deslizándose fuera de la vista a la biblioteca oscura pasando el aparador, esta iluminada solo por un panel de vidrio manchado alargándose en un brillante atardecer a lo largo del muro, mandando su calidez por closets, repisas y dejando el resto de la habitación en sombras.
-¿No puedo tener una tarde para disfrutar sola sin que tu me sigas?- Celia murmura a la oscuridad.
-No creo que compromisos sociales de este tipo sirvan para aprovechar tu tiempo, - su padre contesta, la luz del atardecer iluminando parte de su cara y el frente de su camisa en una distorsionada columna roja.
- Tu no vas a dictar como paso cada momento de mi tiempo papá.
- Estas perdiendo concentración.
- No puedo perder mi concentración, entre nuevas carpas y embellecimientos, controlo activamente una parte significativa del circo. El cual esta cerrado por el momento, por si no lo has notado. Y es mejor que conozca a esta gente para que pueda manipular mejor lo que ya han hecho, ellos lo crearon después de todo.
-Supongo que ese es un punto valido. - Dice Héctor, Celia sospecha que la regaña a pesar de admitirlo, aunque esta muy oscuro para estar segura, - Pero harías mejor en recordar que no tienes razón de confiar en nadie en esa habitación.
-Déjame en paz papá,- dice Celia y suspira.
-¿Señorita Bowen?- una voz tras de ella dice y se da la vuelta sorprendida de encontrar al asistente de Chandresh en el umbral de la puerta mirándola, - La cena esta por empezar, si fuera tan amable de acompañar al resto de los invitados en el comedor.
-Mil disculpas, - dice Celia, sus ojos se apresuran a las sombras pero su padre ha desaparecido, - me distrajo el tamaño de la biblioteca, no creo que nadie notara que no estaba.
- Estoy seguro de que lo notaron, aunque yo mismo me he visto distraído por la biblioteca muchas veces.
La encantadora sonrisa que acompaña esta afirmación toma a Celia fuera de guardia, cuando Celia rara vez ve algo que no sean varios grados de reservada atención o un ocasional nerviosismo contenido.
- Gracias por venir por mi. - Dice ella, esperando que los invitados a la cena estén hablando entre ellos pues la supuesta búsqueda de libros sin la ayuda de una luz apropiada no es una ocurrencia inusual en la mansión Lefèvre.
-Sospecharan de que desapareciste en el aire, - Marco responde al caminar por el pasillo, - pensé que quizá ese no era el caso.- Mantiene la puerta abierta y la acompaña al comedor. Celia esta entre Chandresh y Tsukiko.
Esto es preferible a pasar la noche sola, ¿O no?- Tsukiko pregunta, sonriendo cuando Celia admite que es verdad.
Mientras los platos pasan, cuando no esta distraída por la sobresaliente calidad de la comida, Celia hace un juego al desifrar las relaciones entre los invitados, lee la forma en que interactúan, intuye emociones ocultas en la conversación y risas, descubriendo miradas duraderas.
Chandresh mira a su guapo asistente y es mas obvio con cada vaso de vino, y Celia sospecha que el señor Alisdair esta bastante enterado de eso, aunque Marco permanece como una presencia callada en el fondo del salón.
Le toma tres platos determinar cual de las Burgess es la favorita del señor Barris, pero para el momento en que en los artísticamente arreglados platos, que al parecer tienen pichones sazonados con canela, aparecen, esta segura, aunque no puede decir si Lainie misma lo sabe.
Mme. Padva es llamada Tante por la compañía entera, aunque se siente mas como una matriarca que una tía. Cuando Celia la llama "Madame", todos voltean a verla sorprendidos.
- Tan propia para ser una chica del circo". Mme, Padva didce con un brillo en los ojos, - deberemos aflojar los lazos de ese corset si pretendemos mantenerte como compañía en estas intimas cenas.
- Espero que el corset se desate después de la cena, -Celia dice tímidamente, levantando un coro de risas.
- Debemos mantener a la señorita Bowen como intima compañía a pesar del estado de su corset. - Dice Chandresh,-Anota eso. - Añade, sacudiendo una mano a Marco.
- El corset de la señorita Bowen esta debidamente anotado, señor. - Marco responde, y la risa estalla en la mesa otra vez.
Marco descubre la mirada de Celia con una pequeña sonrisa antes de que voltee, desvaneciéndose en el fondo otra vez casi tan fácilmente como su padre se desaparece en las sombras.
El siguiente plato llega y Celia vuelve a escuchar y observar, y entre eso trata de descubrir la carne disfrazada de pasta tan ligera como una pluma y la delicada salsa de vino es en realidad cordero o algo mas exótico.
Hay algo en el comportamiento de Tara que Celia encuentra preocupante, algo casi atormentado en su expresión que viene y va, un momento ella esta activamente conversando , su risa hace eco de la de su hermana y al siguiente parece distante, mirando a las velas derritiéndose.
Solo cuando su riza hace eco que suena casi como un lamento, por un momento Celia se da cuenta que Tara le cuerda a su madre.
El postre detiene la conversación por completo, globos de azúcar finamente soplada reposan en cada plato y debe romperse para poder tener acceso a las nubes de crema dentro.
Después de la cacofonía de azúcar quebrándose, no le toma mucho a los comensales darse cuenta de que, aunque los globos parecen idénticos, cada uno de ellos ha sido presentado con un sabor único.
Muchos comparten cucharadas, y mientras algunas son fácilmente reconocidas como jengibre con durazno o curry de coco, otros permanecen como deliciosos misterios. El de Celia es claramente de miel, pero con una mezcla de especias a demás del dulce que nadie es capaz de descubrir.
Después de la cena la conversación continua en el café y brandi en el salón, hasta que llega una hora en la que la mayoría de los invitados señala como tarde pero Tsukiko señala que es comparativamente temprano para las chicas del circo.
Cuando empiezan a despedirse, Celia es abrazada como a cualquier otro, y le hacen varias invitaciones para tomar el té mientras el circo permanezca en Londres.
-Gracias, - le dice a Tsukiko cuando se van,- lo disfrute mas de lo que esperaba.
-Los mejores placeres son siempre los inesperados.
*
Marco mira por la ventana a los invitados que se van, alcanza una ultima mirada de Celia antes de que desaparezca en la noche.
Hace una ronda entre el salón y el comedor y luego abajo a las cocinas para asegurarse de que todo esta en orden, el resto de los empleados ya se han ido. Apaga la ultima vela antes de subir varios pisos para revisar a Chandresh.
- Brillante cena la de esta noche, ¿No crees?- pregunta Chandresh cuando Marco llega a la habitación que ocupa todo el quinto piso, cada espacio iluminado por multitud de linternas marroquís que producen sombras fracturadas en los opulentos muebles.
- En verdad, señor.
- Nada en la agenda para mañana, me parece, o mas tarde hoy, sea cual sea la hora.
- Hay una reunión en la tarde sobre la agenda de la siguiente temporada de ballet
- Ah , lo había olvidado, ¿Podrías cancelar eso?
- Por supuesto señor, -dice Marco, tomando la libreta de su bolsillo y remarcando la petición.
- Ah, y ordena una docena de botellas del brandy que Ethan trajo, es maravilloso ese.
Marco asiente y lo añade a sus notas.
- No te vas a ir, ¿O si?- pregunta Chandresh.
- No señor, me parece que es demasiado tarde para ir a casa.
- "Casa", - Repite Chandresh, como si la palabra sonara extranjera, - Esta es tu casa, tanto como ese absurdo departamento que insistes en mantener, es mucho mas incluso.
- Deberé recordar eso señor.
- La señorita Bowen es una mujer adorable, ¿No lo crees?- Chandres señala de repente , volteando para ver la reacción a su pregunta.
Tomado por sorpresa, Marco solo consigue formar algo que el espera que parezca su imparcial conconrdancia de siempre.
- Debemos invitarla a cenar siempre que el circo este en la ciudad, así podríamos llegar a conocerla mejor.-Chandresh dice intencionalmente, enfatizando la afirmación con una sonrisa satisfecha.
- Si señor, - Marco dice, luchando por mantener su expresión impasible,- ¿Es eso todo por esta noche?
Chandresh ríe mientras lo despide con un gesto de la mano.
Antes de retirarse a su cuarto, la habitación tres veces del tamaño de su departamento, Marco regresa tranquilamente a la biblioteca. Se queda por algún tiempo en el lugar donde encontró a Celia horas antes, analizando las repisas tan familiares y el muro de cristal manchado. No puede adivinar que pudo estar haciendo. Y no nota los ojos que lo miran en las sombras.
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