sábado, 7 de diciembre de 2013

Anhelos y deseos. Mayo 1891, Paris.



                 Cuando la cortina de cuentas se abre con un sonido como de lluvia, es Marco quien entra a la cámara de la adivina, e Isobel retira inmediatamente el velo de su cara, la negra  seda imposiblemente delgada flota tras su cabeza como neblina.

           -¿Que haces aquí?- ella pregunta.

           - ¿Por que no me dijiste de esto? - ignorando su pregunta, sostiene una libreta abierta, en la titilante luz Isobel puede distinguir un árbol negro, no es como los arboles  que están escritos en tantos de sus cuadernos, este esta cubierto por blancas velas que se derriten, al rededor del árbol principal hay dibujos detallados de ramas que se tuercen , capturando varios ángulos.

             - Ese es el árbol de los deseos - dice Isobel- es nuevo.

             - Ya se que es nuevo, ¿Por que no me dijiste sobre el?

            - No he tenido tiempo de escribirte, y ni siquiera estaba segura de si era algo  que tu mismo habías hecho, parecía algo que tu podrías hacer, es adorable, la forma en que se le añaden los deseos, encendiendo velas con las que ya están encendidas y añadiéndolas a las ramas, nuevos deseos encendidos por  viejos deseos.

             - Es de ella.- Marco dice simplemente, quitando la libreta.

             - ¿Cómo puedes estar seguro?- Pregunta Isobel.

            Marco se detiene mirando al dibujo, molesto de no poder capturar propiamente la belleza de la cosa rápidamente plasmada en dibujos.

             - Puedo sentirlo, es como saber que una tormenta se aproxima, el aire cambia al rededor de eso, tan pronto como caminé en la carpa lo pude sentir,  y es mas fuerte cerca del árbol, no estoy seguro que sea perceptible para alguien que no esta acostumbrado a tal sensación.

              - Crees que ella puede sentir lo que tu haces del mismo modo?

              Marco no había considerado esto antes, aunque parece que podría ser cierto, encuentra la idea extrañamente agradable.

             - No lo se.- Es todo lo que dice a Isobel.

               Isobel jala el velo que ha caído en su cara otra vez y lo pone atrás .

             - Bueno, ahora  ya sabes de el , y puedes hacer lo que quieras  de el.

             - No funciona de esa manera, no puedo usar nada que ella haga para mis propios propósitos, las partes necesitan permanecer separadas. Si estuviéramos jugando una partida de ajedrez,  yo no  podría simplemente tomar sus piezas del tablero, mi única opción es confiar en mis propias piezas cuando ella mueva las suyas.


              -Pero así no es posible un fin del juego, entonces, - Isobel dice.- ¿ Como puedes dar jaque mate a un circo? No tiene sentido.

             - No es como el ajedrez,- dice Marco luchando  por explicar algo que el mismo  ha empezado a entender a penas, aunque no puede articularlo adecuadamente. El mira la mesa donde algunas cartas permanecen con la cara arriba, una en particular llama su atención.

              - Es como esto, - dice señalando a la mujer con  la balanza y la espada, La justice, esta escrito bajo sus pies.- Es una serie de balanzas, un lado es mío y el otro suyo.

               Un juego de balanzas plateadas aparece en la mesa entre las cartas, balanceándose precariamente,  cada lado  lleno de diamantes que brillan a la luz de las velas.

                - ¿Así que el propósito es que la balanza se incline a tu favor? - Pregunta Isobel.

               Marco asiente, volteando las paginas del cuaderno, continua regresando  a la pagina con el árbol.

               - Pero  si ustedes dos siguen aumentando sus lados de la balanza,  incrementando el peso cada vez, - dice Isobel mirando el gentil movimiento de la balanza, - ¿No se romperá?

                 - No creo que sea una comparación muy exacta, - dice Marco y las balanzas se desvanecen.

                Isobel frunce el seño al espacio vacío .

               -¿Por cuanto tiempo va a continuar esto?

               - No tengo idea, ¿Quieres irte?- añade mirándola, inseguro de que respuesta quiere a su pregunta.

                - No- Dice Isobel.- Yo... Yo no quiero irme, me gusta aquí, de verdad, pero también me gustaría entender, quizá si entendiera mejor, podría ser de más ayuda.

                - Si me ayudas, quizá la única ventaja que tengo es que ella no sabe quien soy, solo tiene al circo para reaccionar y yo te tengo a ti para observarla.

                -Pero no he visto ninguna reacción, ella se lo guarda para si misma, ella lee mas que nadie que haya conocido, los gemelos Murray la adoran. No ha sido nada sino amable conmigo, nunca la he visto hacer una sola cosa fuera de lo ordinario fuera de sus presentaciones, dices que ella esta haciendo todos esos movimientos y yo no he visto nada. ¿Cómo sabes que el árbol es obra suya?

               - El señor Barris crea impresionantes maquinas, pero esto no es su obra, aunque ella embelleció el carrusel, estoy seguro de eso, dudo que incluso un ingeniero con el talento del señor Barris pueda hacer que el grifo de madera pintada  respire. Ese árbol tiene raíces en el suelo, es un árbol viviente aunque no tenga hojas.- Marco torna su atención  de nuevo al dibujo, marcando las líneas del árbol con sus dedos.

                - ¿Pediste un deseo?- Isabel pregunta bajito.

              Marco cierra la libreta sin contestar la pregunta.

              - ¿Sigue presentándose en los cuartos de hora?, -pregunta, sacando un reloj de su bolsillo.

             - Si, pero... ¿Vas a ir ahí a sentarte para ver su espectáculo? A penas hay lugar para veinte personas en su carpa, ella te notará ¿No creerá que es extraño que estés ahí?

              - No me va a reconocer siquiera. - Dice marco, el reloj se esfuma de su mano,- Si aparece una nueva carpa me gustaría que me informaras. - Se da vuelta y se va , moviéndose tan rápido que las flamas de las velas se estremecen con el movimiento del aire.

               - Te extraño.- Isobel dice cuando el se va, pero el sentimiento es aplastado por el sonido de la cortina cerrándose tras él. Ella coloca de nuevo la neblina de su velo sobre su cara.


                                                                    *

               Cuando el ultimo de sus consultantes ha salido en las primeras horas de la mañana, Isobel  toma su juego de cartas de  Marsella de su bolsillo. Ella lo lleva consigo siempre, aunque tiene un juego a parte para las lecturas del circo, una versión hecha según las necesidades en blanco, negro y tonos grises.

               Del juego de Marsella saca una sola carta. Sabe cual será antes de darle la vuelta. El ángel blasonado  en el frente es la confirmación de lo que ya sospecha.

              No lo regresa a la baraja.

No hay comentarios: