Para aquel que roba, o pide prestado un libro y a su dueño no lo devuelve, que se le muden en sierpe la mano y lo desgarre. Que quede paralizado y condenados todos sus miembros. Que desfallezcan de dolor, suplicando a gritos misericordia,y que nada alivie sus sufrimientos hasta que perezca. Que los gusanos de los libros le roan las entrañas como lo hace el remordimiento que nunca cesa.Y cuando finalmente, descienda al castigo eterno, que las llamas del infierno lo consuman para siempre.
Inscripcion en la biblioteca de Sn Pedro, Barcelona, citada por Alberto Mnguel.
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